Congreso de los Diputados

Congreso de los Diputados Patricia López

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Escoria no elimina escoria

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El problema actual de España es que todo crece excepto el bienestar. Crece la polarización, la división , el enfrentamiento diario que se inicia en la Cortes y acaba en las redes sociales. Crece el malestar, crecen los precios de la vivienda, de los alquileres, de la diaria cesta de la compra ; y como consecuencia decrece el poder adquisitivo, las pensiones no se nivelan con el aumento de los gastos básicos ni con la crecida impositiva. Todo ello debe tener concordancia, los economistas lo deben saber explicar, con el espectacular aumento de la deuda pública que se sitúa en un billón setecientos mil millones de euros.

Cuando la moción de censura le dio boleto a Rajoy esa cifra era redondamente un billón. Y en esa profunda desazón que nos asola el panorama de lo público se interpone como alimentador de la desgracia en lugar de como freno, que debería ser, si la lógica impusiera su hermosa definición, su principal quehacer. O sea, apaleados y tremendamente burros además de aborregados indolentes practicando un conformismo desesperante. Han matado a la sociedad civil y hemos de buscar los culpables y hacerles pagar su fechoría.

Porque lo lamentable es que estamos cayendo en el juego macabro que nos imponen. Los denuestos de las Cortes entre Sánchez y Feijóo y sus respectivos adláteres se han trasladado a los simpatizantes y defensores de ambos aprendices de hombres de Estado. En las redes los cargos intermedios, los forofos, los agradecidos, los simples simpatizantes se han mimetizado con sus líderes y se atizan en lenguaje llano los argumentarios que exhiben sus señorías en foros públicos o en medios afines. Ninguno es capaz de poner sosiego ni respeto por el interlocutor. Ninguno piensa, en fin, que la escoria acumulada de unos no exime ni disminuye la escoria asimismo acumulada de los otros.

El muro, que Sánchez no tuvo pudor en edificar, ha llegado a una altura tal que derribarlo parece tarea imposible. Y aun así, quiero creer, haciendo un cálculo aproximado , que en España, alrededor de tres millones de votantes, estamos en una posición equidistante, que no es ni mucho menos cómoda, y que a la postre somos los que decidimos en las urnas que el viento sople unas veces de babor y otras de estribor. Es impensable que esa masa de ciudadanos no tenga un partido de centro/centro que los represente desde el ángulo liberal, socialdemócrata e impulsor de mejoras sociales para todos como existen en la mayoría de las democracias de nuestro entorno.

¿Por qué siempre terminaron fracasando UPyD, Ciudadanos y otros de menor entidad? Uno de esos partidos respaldado por esos tres millones de compatriotas sería el factor de nivelación que impediría seguramente que Sánchez esté genuflexo ante independentistas, radicales y bilduetarras y Feijóo nunca tendría que apoyarse en Abascal para un hipotético futuro gobierno.

Creerán algunos que adoptar esta posición es una actitud pusilánime o acomodaticia o, acaso, más proclive a contentar a todos situándose en una especie de limbo político. Nada más lejos de la realidad. Se sufre, y no poco, viendo los casos de mayor actualidad que afectan a miembros o familiares del partido mayoritario en el Gobierno y recordando de otro lado las anteriores corruptelas de los que hoy son oposición. Desde esa óptica imparcial se tiene derecho a decir sin rubor que los dos grandes partidos, en los que debería asentarse la pureza de la democracia española, han conseguido provocar el desencanto de la población que asiste desolada a esta ciénaga en la que la escoria de unos nunca podrá eximir la de los contrarios.