1 de cada 10 alumnos cree que en su clase hay compañeros víctimas de esta violencia
Queremos compartir la historia de nuestro hijo, Marc, no por dolor, sino para que otros entiendan lo que vivió y lo que como familia sufrimos. A los 23 años, Marc sufrió un brote psicótico. Antes de eso, estaba en un momento ilusionante: se sacaba el permiso de conducir de moto. Pero también sufría en silencio: un compañero le hacía bullying exigiéndole dinero.
Esa presión, unida a su fragilidad, desencadenó una crisis que lo llevó a ingresar 11 meses en un hospital de Girona. Al salir, la medicación le estabilizó. Durante 13 años fuimos cada mes a revisión al hospital de Girona. Todo iba bien hasta que una médica decidió reducirle la dosis. A las semanas, otra crisis. Volvimos a la dosis anterior y se estabilizó de nuevo.
Pero la misma médica insistió en una nueva reducción. Otra vez, semanas después, vino otra crisis. Fue un fin de semana. La médica nos dijo que lo lleváramos al hospital de Girona, pero ella no esperó: salía a las 15:00, y Marc entró a las 15:30. Le atendió una médica de guardia, sin ser especialista MIR. Pasadas unas horas, Marc falleció.
Nos lo comunicaron por teléfono. Esa médica dijo: "Ha sido un caso muy desagradable. Se le administró un medicamento que yo no le habría puesto".
A partir de ahí empezó otra pesadilla. La doctora que nos atendió nos aconsejó buscar un abogado. Lo hicimos. Pero más de dos años después, un amigo nos descubrió la verdad: el bufete de ese abogado trabajaba para el hospital donde murió Marc.
Pedimos informes. No llegaban. Reclamamos por escrito. Nos dijeron que "ese mismo día salían para los juzgados". Cuando por fin nos los dieron, estaban incompletos. Una perito del juzgado dijo a los padres que "la parte que falta se hace en Girona, en Barcelona no". Esa misma perito quiso que firmáramos un documento sin dejarnos leerlo. Nos negamos. Semanas después, la jueza archivó el caso.
La Administración no admite responsabilidades. Hasta la procuradora nos puso trabas para enviar los informes por correo electrónico.
Esta no es solo la historia de Marc. Es la historia de cómo un sistema médico, judicial y administrativo puede fallar a una familia que sólo pedía verdad y justicia. Por eso la contamos: para que se sepa, para que sirva de advertencia y para que el dolor de Marc no quede en el silencio.