Imagen de archivo del Senado.
El éxito de un payaso consiste en que te haga reír. Por unos instantes maravillosos, te embarga la felicidad y borra tus preocupaciones con sus disparatadas cabriolas. Es la antítesis del político, dedicado éste a solventar nuestras pesadumbres y dificultades de la vida diaria con sensatez. Para ello, extrañamente, clasificamos a nuestros políticos en categorías de "izquierda" o de "derecha", en vez de hacerlo según si, para cumplir sus funciones, interfieren indebidamente o no en nuestras vidas. ¿No podría funcionar mejor una sociedad con algo menos de "política", es decir, sin tantas intervenciones y regulaciones?
Y es que nos gusta depositar en los políticos expectativas tan altas para resolver problemas como en los payasos para despertar carcajadas. Son exigencias tan elevadas que, en esencia, los políticos solo pueden fracasar. El payaso lo tiene más fácil. Cuando el político decepciona, claro, nos sentimos defraudados y esperamos que nos prometa otro "menú político" para aplacar nuestro malhumor. Es más llevadero que te cuente un chascarrillo, un chiste o una trola. El político listo, con alma de payaso, lo sabe. Así es como hemos ido cediendo inconsciente e innecesariamente a los políticos y sus mañas esferas de influencia de difícil recuperación.
Sin embargo, eso es precisamente lo que tenemos que hacer, recuperar un espacio que es nuestro. Porque los políticos no son más que empleados de los ciudadanos. No son príncipes ni señores feudales que, en su inconmensurable sabiduría y misericordia nos otorguen o nos quiten condescendientemente derechos a placer. Es exactamente lo contrario. Nosotros, los individuos independientes, y no ningún payaso en el Senado o en el Congreso, somos los soberanos del país que habitamos.
Por eso, confundir el Senado con un circo es confundir al político con un payaso. No se trata de reirles las bufonadas, pues en la sede de la soberanía nacional sus payasadas circenses carecen de gracia. Ahí se transforman en desprecio, escarnio y estafa. Si quieren practicar la mofa, el recochineo y la chufa, ¡a hacer de payasos al circo!