Pedro Sánchez, Pilar Alegría, Jorge Azcón y Alberto Núñez Feijóo.
A la porra con las elecciones en Aragón
Antes de que alguien se lleve las manos a la cabeza, conviene aclararlo desde el principio. Cuando digo a la porra con las elecciones en Aragón no estoy mandando al traste ni a la democracia ni a los votantes. No es por desprecio ni apatía cívica. Es, simple y llanamente, por la porra electoral, ese pasatiempo tan nuestro de proyectar resultados mientras fingimos que las encuestas no nos influyen… aunque luego estemos pegados a la pantalla la noche electoral como si nos fuera la vida en ello.
Aragón vota el día 7 y las encuestas, como en Extremadura, hablan con bastante claridad. El Partido Popular ganará las elecciones, pero no arrasará. Nada de mayorías absolutas ni noches triunfales sin calculadora. La horquilla más sensata sitúa al PP entre 29 y 30 escaños, una victoria sólida, suficiente para liderar el gobierno, pero no para gobernar solo. Mi porra se queda ahí: 30 diputados para el PP, primera fuerza sin discusión, pero con la obligación de pactar.
El PSOE, en cambio, atraviesa uno de sus momentos más bajos en Aragón. Las encuestas lo colocan entre 17 y 18 escaños, y no hay indicios de remontada. Yo le doy 17 y espero quedarme largo. El desgaste es evidente y no exclusivamente autonómico.
Pesa la gestión, pesa la sensación de fin de ciclo y pesa, sobre todo, el arrastre de la política nacional: los casos de corrupción que afectan al entorno de Pedro Sánchez, que erosionan la confianza incluso entre votantes fieles, y episodios mal gestionados como la declaración de Paco Salazar en el Senado, asegurando que Pilar Alegría no le recriminó nada en la comida que mantuvieron pese al supuesto caso de acoso sexual que acabó con su dimisión. Yo sí te creo, hermano, le debió decir Pilar, a raíz de las declaraciones del susodicho, amigo del autócrata.
En política no todo es legalidad; mucho es percepción, y aquí la percepción ha sido demoledora. No hace falta ser un lince ni pasarse la noche mirando sondeos para intuir que muchos votantes socialistas no se irán a otro partido: simplemente no irán. Y esa abstención selectiva suele decidir más elecciones que los grandes discursos.
Vox, mientras tanto, sigue creciendo sin aspavientos. Todo indica que se moverá entre 13 y 14 escaños, y mi porra se queda en 14. No gana, pero condiciona. Será, otra vez, la llave del gobierno y el socio incómodo pero inevitable del PP.
El resto del Parlamento se reparte con cuentagotas. Podemos desaparece (vaya, Pablenín), y no es un detalle menor. Un partido que nació prometiendo regeneración y acabó instalando el odio en la vida pública, dividiendo a la sociedad entre buenos y malos y normalizando el señalamiento del discrepante, entra en vías claras de extinción. Su salida del Parlamento aragonés es también el cierre simbólico de una etapa que dejó más ruido que soluciones. Y para la cordialidad política, una buena noticia.
En su lugar, Sumar (¿sumó?) logrará 2 escaños, Chunta Aragonesista resiste a por los 3, Teruel Existe aguanta con otros 1, y el PAR, muy debilitado, desaparece.
Y aquí viene lo relevante. Porque Aragón nunca es solo Aragón. Desde hace años se la considera una especie de "Ohio español", un territorio que no siempre decide gobiernos, pero que anticipa tendencias. Si aquí el PP gana con claridad, el PSOE se hunde y Vox consolida su papel decisivo, el mensaje para unas futuras elecciones generales es difícil de ignorar.
Proyectado al ámbito nacional, este resultado apunta a un PP en ventaja real para gobernar, a un PSOE en retroceso profundo, lastrado por la corrupción, el desgaste del poder y sus propios errores, y a una derecha que avanza más coordinada que la izquierda. No es una profecía, pero sí una señal. Y las señales que llegan desde Aragón rara vez se quedan en Aragón.
Luego vendrán los pactos, las explicaciones y las excusas, como siempre.
Una vez expresada mi porra, lo más probable es que sea yo el que me vaya a ella, porque en este clima de polarización y agitación constante, las porras electorales resultan cada vez más complicada de ganarlas.
Suerte al pueblo de Aragón, anticipo, deseo, de lo que después suceda.