Puente y el presidente de Adif en una rueda de prensa.

Puente y el presidente de Adif en una rueda de prensa. Europa Press.

De puente en puente y dimito porque me lleva la corriente

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"El ferrocarril en España vive su mejor momento". Sólo puede decir algo así quien nunca ha esperado un Cercanías bajo un panel de retrasos infinitos. O quien observa las vías desde el asiento trasero de un coche oficial. La tragedia de Adamuz y el ya crónico mal funcionamiento de Cercanías y larga distancia vuelven a evidenciar una realidad incómoda: el Ministerio de Transportes peca de dejadez política.

No voy a imitar a cierta derecha que, cronómetro en mano, busca rédito antes incluso de que se apague el eco de una tragedia. Porque sí: con Rajoy los trenes también llegaban tarde. Pero eso no exime de responsabilidad a quien hoy dirige el ministerio. Óscar Puente no puede afirmar que el estado de las vías no es asunto suyo cuando las portadas anuncian suspensiones de servicio y reducciones de velocidad por razones de seguridad. No deberíamos necesitar desgracias para que se destapen negligencias, ni permitir que después todo quede en papel mojado.

Si una administración falla y ese fallo desemboca en tragedia, el máximo responsable debe asumir consecuencias. Pero en España ya conocemos la partitura: el presidente jugará a salvar al soldado Puente mientras se nos pide "no politizar el dolor". Curioso mantra, cuando algunos utilizan pancartas, sedes y eslóganes según convenga al viento del momento.

Y para cerrar el círculo, queda el recuerdo de aquellos tuits del propio Puente durante los incendios de este verano, bromeando con que "en el norte la cosa estaba calentita". Hoy, el que arde es su ministerio, aunque intenten vendernos que todo va sobre raíles.

Porque al final, en este país, siempre acabamos igual: de puente en puente… y que la corriente decida si llegamos a la otra orilla.