una mujer mayor con la mano en la rodilla.
Médicos de Alicante trabajan en detectar la osteoporosis antes del dolor: “Una fractura puede ser un punto de no retorno”
La mejora en el diagnóstico y la prevención permite identificar antes a los pacientes de riesgo y evitar pérdida de autonomía y complicaciones mayores.
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A lo largo de los años, el cuerpo humano empieza a cambiar y a dar señales de esa transformación. Un proceso que, sin bien se caracteriza por su completa naturalidad, puede traer complicaciones de salud, existiendo la posibilidad de prevenir algunas de ellas años antes.
Este es el caso de la osteoroposis. Una enfermedad que si bien no avisa, no duele ni se manifiesta por síntomas claros, puede cambiar la vida de una persona de forma radical.
Esa es una de las principales conclusiones que deja la I Jornada Formativa de Osteoporosis para Medicina Familiar y Comunitaria del Departamento de Salud de Orihuela.
Raquel Gambín, ponente en las jornadas, médica de familia y coordinadora del Centro de Salud de Callosa de Segura, charla con EL ESPAÑOL acerca de la importancia del diagnóstico precoz para evitar sus consecuencias más graves como pueden ser las fracturas por fragilidad.
Lejos de ser una enfermedad exclusivamente femenina, la especialista recuerda que también afecta a hombres, especialmente a partir de los 55 años. “Es verdad que la prevalencia es mayor en mujeres, pero ambos géneros la padecen, y aumenta con la edad”, explica. El problema, añade, es que durante años ha sido una patología menos visible en consulta frente a otras como la diabetes o la hipertensión.
Fracturas que limitan la vida
Uno de los aspectos clave que subraya Gambín es que la osteoporosis no debe asociarse al dolor óseo, sino al riesgo de fractura. “No es que te duelan los huesos, es que una caída leve, incluso desde una silla, puede provocar una fractura de cadera o de vértebra”, señala.
Estas fracturas marcan un antes y un después, especialmente en personas mayores. Más allá del dolor, implican pérdida de autonomía, dependencia y, en muchos casos, un deterioro progresivo de la salud. “Una fractura de cadera en una persona de 80 años es muchas veces un punto de no retorno. Aunque se opere, la movilidad no se recupera igual”, advierte.
Detectarla antes de que aparezca
La buena noticia es que la osteoporosis puede detectarse antes de que se manifieste. En atención primaria, herramientas como la densitometría ósea permiten medir la calidad del hueso de forma sencilla, rápida e indolora.
A esto se suman analíticas y radiografías que ayudan a identificar signos tempranos o incluso fracturas que han pasado desapercibidas. “Muchas veces vemos pacientes que consultan por dolor de espalda y descubrimos que ya hay una vértebra fracturada sin que lo supieran”, explica la médica.
El acceso a estas pruebas ha mejorado en los últimos años, lo que también ha incrementado el número de diagnósticos. “Ahora detectamos más porque tenemos más herramientas”, apunta.
Factores de riesgo y prevención
El envejecimiento, los cambios hormonales, especialmente tras la menopausia, o el uso prolongado de corticoides son algunos de los principales factores de riesgo. Sin embargo, el estilo de vida también juega un papel fundamental.
La especialista insiste en dos pilares básicos: ejercicio físico y alimentación. “La actividad física hace que el hueso se mantenga activo. Caminar varias veces por semana ya es beneficioso”, señala. En cuanto a la dieta, destaca la importancia del calcio y la vitamina D.
En este punto, llama la atención sobre una paradoja frecuente en la provincia como es el déficit de vitamina D pese a las horas de sol. “Vivimos en una zona muy soleada, pero la falta de exposición real al sol y nuestros hábitos hacen que muchas personas tengan niveles bajos”, explica.
El peligro de banalizar la enfermedad
Uno de los retos actuales, según Gambín, es dar visibilidad a una enfermedad que sigue infradiagnosticada y, en ocasiones, infravalorada. “El objetivo es evitar la fractura, porque ahí es donde empieza todo: dolor, pérdida de movilidad, dependencia y complicaciones que pueden acabar incluso en fallecimiento”, resume.
En este sentido, el papel de la atención primaria resulta fundamental, no solo en la detección, sino también en la educación sanitaria. Identificar a tiempo a los pacientes de riesgo permite actuar antes de que aparezcan las complicaciones.
Una estrategia que a su juicio, además de mejorar la calidad de vida, también reduce el impacto en el sistema sanitario. “Invertir en prevención evita cirugías, ingresos hospitalarios y tratamientos complejos”, concluye.