Paco Marciá, junto al retrato de sus padres y su hija.

Paco Marciá, junto al retrato de sus padres y su hija. Laurine Maurice

Gastronomía

Paco Maciá, empresario, reubica su mítico bar Guillermo tras 70 años viviendo la historia de Alicante

El nuevo local abrirá sus puertas en la esquina de la calle Poeta Quintana con Pablo Iglesias.

Más información: Paco abre nueva etapa en este mítico bar de Alicante, el Guillermo abandona su local: "No cerramos"

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Alicante
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En Alicante hay bares que no se explican solo por su carta, sino por todo lo que han visto pasar. El Guillermo es uno de ellos. Abierto en 1957 por la familia Maciá, este histórico local de la calle Pintor Velázquez ha sido durante décadas un punto de encuentro discreto pero constante en la ciudad.

Ahora, con casi 70 años de historia a sus espaldas, se prepara para una nueva etapa.

“Vi la opción de comprar el local y dar el paso”, explica Paco Maciá, actual propietario e hijo de los fundadores. La decisión implica mudanza, reforma y, sobre todo, adaptación a una hostelería muy distinta a la de sus orígenes. “El momento era ahora”, resume, con la vista puesta también en la continuidad familiar en el nuevo local en la esquina de la calle Poeta Quintana con Pablo Iglesias.

Porque si algo define al Guillermo es su vocación de casa abierta. Durante años, la cercanía con los antiguos estudios de Radio Alicante y las oficinas del Hércules convirtió el bar en refugio de periodistas, futbolistas, tertulias improvisadas y conversaciones de ciudad. “En un bar aprendes mucho. Escuchas, ves pasar la vida de Alicante”, recuerda Maciá.

Hoy el contexto ha cambiado. La oferta gastronómica se ha multiplicado y salir a comer o cenar rara vez baja de los 25 o 30 euros por persona. Frente a eso, el Guillermo mantiene una filosofía reconocible a base de precios ajustados, producto cercano y una carta sin artificios. “Trabajamos casi sin almacén, comprando poco cada día para asegurar producto fresco, en lo posible local”.

A esa lógica responde también el plato del día, una fórmula que remite a la cocina de siempre, casi de cantina, pensada para quien no quiere o no puede cocinar en casa. Un gesto sencillo que, en tiempos de sobreoferta, sigue teniendo sentido.

Cambio de clientela

El barrio, sin embargo, ya no es el mismo. Donde antes predominaba un público de toda la vida, hoy conviven residentes, visitantes y nuevos negocios. “Ha cambiado mucho en los últimos años”, admite el propietario. Aun así, el Guillermo resiste como uno de esos lugares donde el tiempo parece moverse a otro ritmo.

En la nueva ubicación "más amplia, renovada y con mejor distribución", la intención es mantener esa esencia. Sin fecha exacta de apertura todavía, el traslado avanza entre obras y ajustes. “No queremos precipitarnos, pero calculamos que para finales de septiembre abriremos”, dice Maciá.

Mientras tanto, hay constantes que no cambian. La ensaladilla y las croquetas siguen siendo unos de los platos más celebrados, junto a los salazones, guiño claro a la tradición alicantina. Y en las paredes, carteles antiguos que cuentan, sin necesidad de palabras, la historia del local.

El Guillermo encara así su siguiente capítulo entre lo que fue y lo que está por venir. En una ciudad que no deja de transformarse, algunos bares siguen funcionando como archivo vivo y este es uno de ellos.