Una trabajadora de Sat Olé en San Bartolomé.

Una trabajadora de Sat Olé en San Bartolomé. Ivan Villalejo

Economía

Olé, mayor exportador de alcachofas de España, sobre el futuro de los cultivos: "Me niego a producir en Marruecos"

En su día la empresa llegó a exportar 20.000 toneladas de hortalizas anuales y aunque sigue siendo el líder español, apenas ronda las 6.000 en la actualidad debido a varios factores económicos y sociales.

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Alicante
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En el corazón de la Vega Baja alicantina, en San Bartolomé, existe una historia que nace de la amistad, la ambición y la terquedad de un puñado de gente que decidió hacer las cosas de otra manera.

Corrían los años setenta cuando un padre y su hermano, junto a amigos que eran desde agricultores hasta profesores universitarios, incluso un médico del pueblo, pusieron sus recursos en común y tuvieron una idea que parecía loca: exportar alcachofas al extranjero cuando casi nadie lo hacía.

Casi 50 años después, esa Sociedad Agraria de Transformación, SAT Olé, se ha convertido en el mayor exportador de alcachofas de España. No en producción bruta, sino en lo que realmente importa, en lo que llega a las mesas europeas.

Y aunque hoy la gestiona Pepe Ortuño Gumbau, que es la segunda generación de esta historia familiar, el ADN sigue siendo la obsesión por la calidad y la convicción de que las cosas deben hacerse bien, aunque cuesten más.

"Yo entré en la empresa cuando tenía 18 años," cuenta Pepe desde su despacho en San Bartolomé, "y ahora tengo 42. Mi padre y mi tío lo empezaron en una cooperativa que había aquí. Mi padre hizo contactos en Francia y le propuso a mi tío empezar esta aventura."

Los contactos franceses siguen siendo, hoy en 2026, el principal cliente de la empresa. No ha cambiado en casi medio siglo.

Momento perfecto

Para entender por qué una empresa alicantina se empeñó en vender alcachofas a Francia, hay que remontarse a los años setenta.

En ese momento, la peseta estaba tan devaluada que simplemente recibir un cheque en francos franceses era un acto de magia financiera. "Los bancos se peleaban por tu dinero," recuerda Pepe. No es un detalle menor. En aquella España de transiciones y cambios, ser exportador era sinónimo de inteligencia económica.

Pero SAT Olé no nació solo por aprovechar un arbitraje de divisas. Sus fundadores vieron algo que otros no, que España tenía un producto de calidad excepcional que Europa necesitaba, especialmente en invierno. Mientras Italia tenía sus propias alcachofas de verano, la Vega Baja podía ofrecer calibres perfectos cuando el frío llegaba. Era su ventaja competitiva natural.

Esa comprensión del mercado y esa persistencia en mantener la calidad son las que han permitido que, décadas después, Pepe siga siendo proveedor de los mismos clientes que su padre conquistó. "Son relaciones ya familiares", dice con una sonrisa.

Hoy, Francia sigue siendo el principal destino de las alcachofas de SAT Olé, junto con Alemania, Italia y Holanda. Son mercados que han aprendido a valorar ese calibre pequeño, compacto, perfecto para las recetas mediterráneas que cada vez están más de moda en el norte de Europa.

De 20.000 a 6.000 toneladas

Aquí es donde la historia se complica, cuando Pepe se echa hacia atrás en su silla y suspira, porque es donde tiene que explicar por qué un exitazo empresarial se ve obligado a reinventarse constantemente.

SAT Olé llegó a exportar 20.000 toneladas de alcachofas anuales. Hoy, en lo que sigue siendo el liderato español, apenas ronda las 6.000. ¿Qué ha pasado? No es que la empresa tenga problemas. Es que el mundo ha cambiado de una forma que poco tiene que ver con la economía agraria convencional.

"La alcachofa es un producto que requiere trabajo en la cocina," explica Pepe. "No es un pimiento, no es un calabacín. Necesitas saber pelarla, prepararla, cocinarla. Y eso se aprende en casa, con alguien que te enseñe."

Ese "alguien" muchas veces son las abuelas. Con sus recetas y sus guisos, las que sabían qué hacer con una alcachofa.

A medida que el tiempo pasa y las generaciones avanzan, pocos son los que preservan las tradiciones culinarias de antes, priorizando lo rápido y funcional en la cocina.

"Cuando la mujer entra en el mercado laboral, el panorama empieza a cambiar y poco a poco se vendían menos alcachofas" dice Pepe. "Ahora, la gente prefiere algo que se prepare rápido porque tienen una hora para comer o comen a las 4:30 porque hacen una jornada intensiva."

"Mira alrededor de cualquier supermercado español y verás cómo a los jóvenes con sueldos precarios, trabajos a media jornada, no les atrae una alcachofa que cuesta 5 euros y de la que solo puedes usar el 30%", apunta.

Una trabajadora de Sat Olé en San Bartolomé.

Una trabajadora de Sat Olé en San Bartolomé. Ivan Villalejo

"Pero es injusto que un producto tan bueno, tan saludable, tan mediterráneo, sea percibido como algo complicado y caro por los jóvenes españoles", sigue.

En este sentido, la alcachofa se ha convertido en una víctima silenciosa de la modernidad. No por culpa de los productores. Sino por culpa de que hemos perdido algo que no se puede fabricar en una máquina como es la transmisión de conocimiento culinario entre generaciones.

La alcachofa está de moda

Sin embargo, existe una paradoja interesante en todo esto: "La alcachofa está de moda".

Si bien se encuentra menos presente en los hogares, en los restaurantes de toda Europa, en las cartas de alta cocina, en las recetas de Instagram, la alcachofa aparece cada vez más. Chefs suecos, noruegos, alemanes descubren recetas con alcachofas. "Cuando alguien prueba una, repite", asegura Pepe.

El consumo en Europa ha crecido. España es el país donde más se come alcachofa fuera de casa. El 35% de los españoles consume alcachofas al menos una vez a la semana. Algo está pasando. En las ciudades, entre ciertos públicos, la alcachofa recupera presencia. Pero en el consumo doméstico tradicional de España, la tendencia sigue siendo a la baja.

Pepe tiene una teoría que el tiempo ha ido confirmando. "La alcachofa es un producto delicioso, buenísimo, maravilloso," dice. "Pero la gente joven con salarios precarios, con trabajos a media jornada, les resulta caro, alguien que crece sin ver a su madre o su abuela preparar alcachofas no sabe ni por dónde empezar".

Made in Vega Baja

Hace unos 14 años, Pepe y su equipo estaban enfrentándose a un problema real: los suelos de la Vega Baja estaban fatigándose. La tradicional alcachofa de Tudela, esa que se reproducía por esqueje, año tras año, brotando constantemente, empezaba a dar frutos cada vez más pequeños. Los virus proliferaban con el cambio climático. Los hongos se reproducían en suelos debilitados.

En esa variante, se cogía parte de la planta y la raíz, se sacaba de la tierra y se plantaba para el año siguiente. Y volvía a brotar una nueva planta y así se iba repitiendo." Esa planta te daba cinco meses de producción de manera constante.

Pero llegó un momento en que los suelos se fatigaron y empezaron a haber más virus de la cuenta.

Entonces conocieron a una multinacional de semillas dedicada al cultivo intensivo. "Empezamos a probar variedades diferentes," cuenta Pepe, "con proyecciones genéticas, trabajando con campos experimentales." Durante años, nada funcionaba. Pero entonces encontraron una que, en los campos de prueba de SAT Olé, empezó a brillar.

La llamaron Silvia durante los primeros cinco años. Era una alcachofa híbrida, de semilla, que producía plantas uniformes, vigorosas, capaces de dar frutos de gran calibre.

En aquel entonces, tenían un acuerdo con la casa de semillas: mientras SAT Olé pudiera absorber toda la semilla que producían, tendrían la exclusiva. Pero llegó un momento en que la semillera decidió abrirla al mercado. Lo que antes era exclusiva de SAT Olé se convirtió en la variedad que hoy ves en prácticamente el 90% de los supermercados europeos.

Se llama Green Queen. Nació aquí. Y aunque Pepe perdió la exclusiva, tiene razón al sentirse partícipe de algo histórico. Esa alcachofa que se ve en los lineales de Alemania, Francia, Holanda, en los mercados estadounidenses... fue probada aquí, en la Vega Baja, en unos campos experimentales de San Bartolomé.

La variedad Green Queen tiene una ventaja clave, hace una planta muy vigorosa y da una alcachofa de gran calibre. Pero a diferencia de la variedad tradicional que brotaba durante cinco meses, esta nueva variedad tiene un ciclo concentrado. "Tú plantas esta alcachofa, cuando te viene durante un mes y medio recolectas lo que hay y has terminado. Le cortas 13, 15 piezas por planta y has terminado. Labras y terminas."

La mecanización que no daña

Hace un año y medio, SAT Olé hizo algo aparentemente arriesgado, invertir en tecnología sin saber si el resultado lo merecería.

Buscaban mecanización desde hace más de 15 años. Encontraban máquinas hechas para manzanas, calabacines, todo tipo de hortalizas. Pero la alcachofa "es particular". Es algo que se daña con un roce, con un golpe. "La alcachofa es un producto muy sensible a la piel," explica Pepe. "Cualquier roce, cualquier cosa que se tiene, se daña."

"Cuando encontramos al fin unas máquinas personalizadas para nosotros, entonces empezó la magia", explica. "Ha sido caro, pero hemos conseguido un proceso donde no tenemos roces, no tenemos golpes, no tenemos nada."

Las alcachofas son tratadas con cuidado gracias a decenas de trabajadores, la mayoría mujeres.

Las alcachofas son tratadas con cuidado gracias a decenas de trabajadores, la mayoría mujeres. Ivan Villalejo

El nuevo sistema sigue siendo prácticamente artesanal en su filosofía. Las alcachofas se recogen en el campo, se transportan en cajas sin roce. Luego se vuelcan en una balsa de agua, se impulsan con agua hacia una zona de subida tipo playa, pasan por un circuito que calibra.

Cuando Pepe abre las puertas de las instalaciones, lo que sorprende es que siguen viéndose mujeres cogiendo alcachofas. Ahí están las máquinas nuevas y el circuito de agua que transporta sin golpear. Pero también hay manos.

Agua y cambio climático

Pero SAT Olé enfrenta un problema que no puede resolver con mecanización ni con mejores variedades. Es un problema que tiene nombre de ley política, no de ciclo de cosechas.

La Vega Baja siempre ha tenido una ventaja: el invierno. Mientras Italia cosecha en verano, la Vega Baja cosecha cuando hace frío, cuando la calidad es máxima. "Somos la despensa de Europa, tanto aquí como Campo de Cartagena, Lorca, Almería," explica Pepe. Esa siempre ha sido su ventana competitiva. Pero el cambio climático está acortando esta última.

"Cada año hace calor un poquito más de tiempo. Cada año tenemos menos frío. Y cada año empieza el calor un poquito antes. Esto lo que hace es limitarnos la ventana de producción que tenemos", asegura.

¿Cuál es la consecuencia? Que la ventana de producción de calidad se está cerrando. Si normalmente el invierno era la ventaja competitiva, ahora ese invierno es más corto, más cálido, menos predecible.

Ante esto, la estrategia de SAT Olé ha sido deslocalizarse. Tienen producción en Granada y en Albacete. "Con eso lo que hacemos es que estiramos más allí y tenemos producto de calidad al empezar y al terminar, mientras desarrollamos el centro de la campaña en la Vega Baja."

Pero todo ello requiere inversión. Requiere tener agricultores socios en otros lugares. Requiere infraestructura.

Y lo que más requiere, en realidad, es agua. El trasvase Tajo-Segura, que durante décadas ha permitido regar esta zona, lleva años sufriendo recortes.

En 2023, los recortes del trasvase redujeron en 12.000 toneladas la producción de hortalizas en la cuenca del Segura. Para 2026, la Confederación del Segura mantiene restricciones hídricas.

Pepe Ortuño Gumbau, director de Sat Olé.

Pepe Ortuño Gumbau, director de Sat Olé. Ivan Villalejo

"Hace seis o siete años empezamos a tener problemas con el agua y el tema del trasvase," recuerda Pepe. "Ahí nos vimos en la tesitura de: ¿a qué dedicamos el agua? ¿La dedicamos a productos menores o la centramos en lo que necesitamos?"

Durante años, SAT Olé cultivaba de todo. Coliflores, coles, lechugas, hinojo. "Hace 30 años, se hacía un poco de todo", asegura.

Pero cuando empezaron los problemas con el agua, la decisión fue clara: "¿qué hacemos con el agua que tenemos?"

"Nos centramos finalmente en la alcachofa, que es nuestro producto estrella y después en el brócoli, porque es un producto que acompaña la alcachofa en las ventas y que tiene ese producto sin techo, es un producto que está en el top 5 de la cesta de la compra y eso sigue creciendo."

Conciencia social

Pepe viajó a Francia siendo joven. Trabajó allí. Vio algo que lo marcó. En los supermercados franceses, especialmente en el norte, veía alcachofas locales de gran tamaño. Y costaban lo mismo, a veces más, que las alcachofas de mejor calidad que llegaban desde España.

Una estancia que le permitió observar una diferencia cultural brutal. "En Francia, cuando se termina la campaña con una calidad cuestionable, nosotros les ofrecemos una calidad brutal. Pero mi producto vale mucho menos que el producto de la Bretaña, siendo una calidad extraordinaria. Pero los franceses eligen aún así el producto francés".

¿Por qué? "Porque hay una concienciación social y la gente elige producto de su tierra".

"Me da muchísima envidia y tengo que decirlo, la gran concienciación social que tienen los franceses a la hora de consumir":

"Un francés busca primero su producto," explica Pepe. "Eso debería de reproducirse con lo que entra de África aquí, pero no se hace. Necesitamos tener más conciencia social en España. Aquí eso no miramos de dónde vienen las cosas. Aquí miramos salvar un poquito la cesta de la compra, que se quede barata", lamenta.

Mercosur y África

Aunque ahora en el aire, el acuerdo de la UE con Mercosur genera controversia en el sector. Para SAT Olé y las alcachofas, el impacto directo es menor. Las alcachofas son un producto perecedero. No pueden viajar un mes en barco. Así que Perú o Paraguay no son, de momento, competencia real.

Pero hay algo que sí preocupa mucho a Pepe, y no son los acuerdos comerciales lejanos. Sino lo que pasa en la puerta de al lado.

"Sí que nos afectan los otros acuerdos y los permisos que hay con Marruecos y con países de África," dice. "Todo ese canal para arriba se abre. De hecho ya está abierto a nivel de tomates sobre todo y a nivel de otros productos. Eso sí que afecta porque los requisitos no son los mismos que tenemos nosotros".

"Nosotros estamos legislados por una normativa bastante estricta en cuanto a fitosanitarios," explica. "Y me parece estupendo, en lo que debe de ser. Pero tenemos que tener la misma regla del juego. Son productos que al final llegan aquí y se venden porque hay una competencia."

Así, asegura que en países como Marruecos y Egipto se están empezando a producir alcachofas, brócoli y otros productos. Pero "no bajo los mismos estándares que España". La legislación fitosanitaria europea es estricta. La de Marruecos no es la misma. Las certificaciones de calidad que SAT Olé cumple religiosamente como GlobalGAP, certificaciones hasta del agua de riego, no son requisito en Egipto.

Las alcachofas de Sat Olé en san Bartolomé.

Las alcachofas de Sat Olé en san Bartolomé. Ivan Villalejo

"De momento no hay una gran competencia desde Egipto y Marruecos, pero llegará", asegura. "Egipto ya produce brócoli, por ejemplo, en cantidades ingentes que se queda en zona de África. Pero el brócoli de una calidad bastante floja", sigue.

Pepe viajó a Marruecos hace años para intentar producir allá. "Yo personalmente me niego a irme a producir a África," dice con contundencia. "Ya lo hemos intentado. No salió bien. Hemos intentado hacer alcachofas en Marruecos. Se hizo una plantación con un socio de Almería que tuvimos. No salió bien porque ahí no hay las mismas condiciones".

"Queremos pensar que en algún momento el hecho de cumplir con las normativas europeas, se pondrá en valor. No todo vale y no todos los acuerdos políticos tienen que valer. Hay cosas que no pueden ser", asegura.

"Cuando tú facilitas la entrada de otros productos pero no pones en valor el tuyo, estás jodido".

Desde la Asociación Agraria de Jóvenes Agricultores de Alicante (ASAJA), sobre el acuerdo de la UE con Mercosur, su presidente, José Vicente Andreu, enfoca el problema no solo en el intercambio, sino en la desigualdad de las reglas del juego.

"En Europa están prohibidas las hormonas para el engorde del ganado desde hace más de 20 años, pero en Latinoamérica se siguen usando sin control", denuncia.

"Si permitimos la entrada de carnes producidas con estos métodos, no sólo castigamos a nuestros ganaderos, sino que ponemos en riesgo la salud de los ciudadanos europeos"

Andreu también critica que Bruselas admita hasta "tres productos químicos no autorizados" en las frutas y verduras importadas. Concretamente, el 30% de los pesticidas utilizados en America latina están prohibidos en Europa, según Greenpeace.

Retos

Los retos ahora son reales. El agua cada vez más escasa debido a los recortes del trasvase Tajo-Segura. Un consumo doméstico español que sigue en declive por razones culturales más que económicas. Una conciencia social de consumo local que funciona perfectamente en Francia pero que en España apenas empieza.

Pero hay también razones para la esperanza. La alcachofa está de moda en restaurantes y en alta cocina. Europa sigue valorando la calidad. Las nuevas variedades como Green Queen, que nacieron aquí en la Vega Baja, abren posibilidades. Y SAT Olé, que nació de la amistad y de la terquedad de gente que creía que las cosas podían hacerse bien, sigue ahí.

"Hacemos cositas, probamos cositas, nos asociamos con gente para probar cosas nuevas," dice Pepe. "Pero aún no hemos volcado el trabajo para hacer preparados. Nosotros seguimos siendo trabajadores de alcachofas en fresco."