Recreación de la salida de la primera edición de The Ocean Race en 1973 desde Portsmouth.

Recreación de la salida de la primera edición de The Ocean Race en 1973 desde Portsmouth. Bob Fisher

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De la cerveza a la comida liofilizada

The Ocean Race cumplirá 54 años desde la celebración de su primera edición, la Whitbread Round The World Race, en 1973.

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J. Meseguer
Alicante
Publicada

La esencia no ha cambiado: alta mar, aventura transoceánica y competición por saber quién es el más rápido en dar la vuelta al mundo. Pero todo lo demás es realmente distinto desde la primera edición, la llamada Whitbread Round The World Race, celebrada entre 1973 y 1974, que tuvo como puerto de salida y llegada el de Portsmouth, en el sudeste de Inglaterra.

Una prueba inédita hasta la fecha que tenía mucho de aventura y un poco de competición, con tripulantes bohemios que se embarcaban en una ‘locura’, con embarcaciones punteras para la época pero reliquias comparadas con las de la actualidad, con pocas normas y eso sí, la misma motivación de completar la vuelta al mundo a vela con tripulación a pesar de los innumerables peligros que acarrea estar en alta mar tantos días seguidos.

El propio patrocinador principal de la regata, Whitbread, una marca de cerveza, las guitarras a bordo, juegos de cartas y otros pasatiempos ya daban una idea inicial de la esencia de esta primera edición. Las imágenes de tripulantes melenudos, con una cita en la cabeza y ataviados únicamente con un bañador de algodón, en etapas calurosas, nos transportan a una época en el que el movimiento ‘hippie’ llegaba a todos los rincones del planeta. Y aún más a una prueba deportiva con raíces de pura aventura.

En esta primera edición, la de 1973, en la que venció el velero mexicano Saluya II, capitaneado por Ramón Carlin, partieron 17 veleros desde Portsmouth y tardaron en dar la vuelta al mundo 152 días (133 en tiempo compensado). Fueron 27.000 millas náuticas de navegación divididas en cuatro etapas (Portsmouth- Ciudad del Cabo- Sidney-Río de Janeiro-Portsmouth). En lo que se refiere a la distancia tampoco fue mucho menor que en las ediciones más contemporáneas. Por ejemplo, en The Ocean Race 2023 las naves recorrieron 31. 361 millas náuticas.

The First Whitbread. Tripulante en la primera edición de la prueba.

The First Whitbread. Tripulante en la primera edición de la prueba.

A partir de ahí, todo ha evolucionado tanto que cualquier parecido es pura coincidencia. En cuanto a los barcos, por ejemplo, no había una reglamentación estricta. Cada uno era un modelo distinto y estaban fabricados con materiales diversos. Desde aluminio con la quilla de uranio, como la embarcación francesa; pasando por la fibra de vidrio, con mástiles de acero, como la nave inglesa; hasta los veleros de madera, más habituales en la época. Todos competían en la misma categoría. En la edición de 2027, todos los barcos son IMOCA y prácticamente idénticos, fabricados con fibra de carbono de alto módulo.

En cuanto a la tripulación, en 1973 había libertad absoluta en cuanto a número, según el tipo de embarcación. En 2027, la tripulación consta de cinco miembros (uno de ellos solo puede hacer labores logísticas y de comunicación) y es obligatorio que al menos uno de ellos sea una mujer. Como curiosidad, en la primera edición solo había siete mujeres a bordo. Hoy en día, los cuatro navegantes están especializados y superprofesionalizados y son capaces prácticamente de hacer de todo, incluso a nivel médico. En 1973, según la película oficial de la prueba, se valoraba especialmente que “los tripulantes supieran resolver problemas que surgieran en alta mar y que tuvieran talante y empatía de cara a la larga convivencia” que suponía estar tantos días sin tocar tierra.

La comida es otra de las situaciones que más ha cambiado. En 1973, la cerveza no faltaba. El patrocinador principal surtía en cada puerto. “Es uno de los pocos lugares en los que se permite beber y conducir”, comenta uno de los participantes en la película oficial mientras echa un trago a una botella de vino. En cuanto a la comida en sí, llenaban el estómago con legumbres hervidas y latas de conserva principalmente.

Patrón embarcación años 80. Patrón de una embarcación de The Ocean Race con la tecnología de la época en los años 80.

Patrón embarcación años 80. Patrón de una embarcación de The Ocean Race con la tecnología de la época en los años 80. Gatorade Racing Team

El contraste con la actualidad es enorme. La comida liofilizada (sin hidratar) llena sus despensas ya que los productos frescos duran solo los primeros días desde que parten del puerto. Los chefs en tierra, además, les preparan una dieta rica en proteínas y nutrientes de cara a reponer las calorías que gastan por su metabolismo y por el esfuerzo realizado encima del barco.

La estrategia a la hora de trazar el rumbo es otra de las situaciones que son totalmente distintas. Hoy en día, se preparan durante meses, con meteorólogos e ingenieros, y todo tipo de aparatos tecnológicos de última generación que finalmente deciden con el patrón la ruta a seguir. En 1973, todavía se utilizaban los mapas de navegación, con lápiz y papel, prismáticos y radio-balizas. Eso sí, ya en la primera edición los patrones estaban obligados a comunicar por radio su posición a la organización.

La comunicación de la carrera también ha dado un vuelco, sobre todo en la última década. De las primeras imágenes, filmadas en Super 8, y tratadas y montadas durante meses hasta la publicación de una película oficial, se ha pasado a llevar un tripulante a bordo que graba y capta imágenes que se pueden subir a redes sociales casi a tiempo real. Esta persona no puede participar en ningún tipo de maniobra en el barco, no entra en turnos, aunque sí puede ayudar en tareas de intendencia.

El equipo en tierra es también fundamental. En la edición de 2023, equipos como el Malizia, tenían hasta 40 personas en tierra, realizando todo tipo de trabajo (comercial, publicitario, parte técnica…) para cuando las embarcaciones llegan a los puertos. Los equipos tienen varios especialistas en los puertos para reparar los cascos de fibra de carbono, los mástiles, los cabos o la parte electrónica y de sistemas entre otros. En 1973, los propios tripulantes cosían a mano las velas en los puertos donde finalizaban las etapas.