Manuel Olcina, este jueves en la sala dedicada a Roma en el Marq.

Manuel Olcina, este jueves en la sala dedicada a Roma en el Marq. M. H.

Exposiciones

De un pasillo a un museo de 9.000 m²: Manuel Olcina revive el salto de la arqueología en Alicante en 35 años

El director del Marq repasa una carrera en la que acaba de cumplir dos décadas al frente del centro que ha colaborado con el British, Louvre, Xi'an y ahora el Museo del Oro en Colombia.

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La historia de la arqueología en la provincia de Alicante ha vivido un salto extraordinario en las últimas décadas. Y Manuel Olcina, que cumple esta semana 20 años al frente del Marq, ha visto esa transformación en una carrera de 35 años en la que el Marq ha ha colaborado con el British, Louvre, Xi'an y ahora el Museo del Oro en Colombia.

Sentado en la cafetería, Olcina recuerda para EL ESPAÑOL cómo se incorporó al museo en febrero de 1991. En aquel entonces su trabajo estaba en los bajos del Palacio de la Diputación, en la avenida de la Estación.

"Teníamos una sala de exposiciones de 200 metros cuadrados", recuerda Olcina, describiendo las precarias condiciones de la época: un taller de restauración, una oficina compartida por el entonces director Enrique Llobregat y dos funcionarios (a la que luego se sumó Rafael Azuar), y una biblioteca que no era más que un pasillo.

El propio Olcina tuvo su primer espacio de trabajo en otro pasillo habilitado junto al conservador Jorge Soler, actual director del Mubag, donde para acceder a la mesa del fondo apenas tenían un estrecho espacio para moverse..

El germen del actual Marq comenzó a fraguarse gracias a la iniciativa de Enrique Llobregat de incorporar perfiles técnicos como conservadores, un impulso clave sobre el cual se construyó el proyecto futuro.

Tras barajar inicialmente un proyecto en un edificio nuevo colindante en el que Olcina llegó a trabajar, finalmente se decidió trasladar el museo a unas antiguas instalaciones sanitarias. Este cambio coincidió con la segregación del museo, que originalmente unía Bellas Artes y Arqueología, dando paso al museo arqueológico independiente.

Entre los años 1994 y 2004/2006, Alicante vivió lo que Olcina define como "diez años gloriosos" de inversión cultural, los más fuertes en la ciudad desde la construcción del Teatro Principal en la década de 1840.

Durante esta etapa se inauguró el Tossal de Manises (1998), el nuevo museo (dos años después) y el yacimiento de La Illeta (cuatro años más tarde). Este esfuerzo conjunto del equipo técnico, en el que también destaca a profesionales como Rafael Pérez, se vio coronado en 2004 con la obtención del prestigioso premio EMYA (Museo Europeo del Año).

El éxito del criterio técnico

La clave del éxito y de la singularidad del Marq, reflexiona, radica en que el equipo técnico y los conservadores siempre han liderado y controlado el discurso museológico y museográfico, por encima de las empresas de diseño.

"El rigor es básico", afirma, aludiendo a una frase de un colega de Barcelona: "el rigor no quiere decir rigor mortis". Bajo esta premisa, el museo ha logrado transmitir el conocimiento científico de forma atractiva y creíble para la sociedad, sin caer en meras "exposiciones espectáculo".

Olcina destaca la concepción del Marq como una red de colaboración con otros municipios de la provincia, rechazando cualquier posición de superioridad jerárquica o jurídica. A través de este servicio a los municipios, el Marq colabora en excavaciones, restaura piezas y organiza exposiciones donde el comisario es el propio arqueólogo del pueblo o museo local.

Esta solidez científica y técnica es la que ha permitido al Marq situarse al nivel de grandes instituciones internacionales como el Museo Británico, el Louvre, el Hermitage o museos de China e Irán.

Olcina recuerda con especial orgullo la exposición de Grecia, cuyo espectacular diseño a cargo de Rafa Pérez cautivó incluso a los prestadores británicos, marcando un hito que abrió las puertas a futuras colaboraciones de gran envergadura, como las recientes muestras sobre China o la del oro.

El momento del relevo

Tras una intensa trayectoria marcada por jornadas de trabajo de hasta 14 horas diarias en los momentos de mayor actividad, Olcina se muestra convencido de que es el momento de dar paso a la juventud. "Cada persona tiene su tiempo", señala, elogiando la excelente preparación de las nuevas generaciones, que cuentan con herramientas tecnológicas e inteligencia artificial que en 1991 eran impensables.

A nivel personal, y tras haber superado un importante susto de salud, Olcina desea disponer de más tranquilidad y tiempo libre para disfrutar de su gran vocación: la investigación. A lo largo de su carrera ha publicado más de 100 artículos, varios libros y ponencias, y ha participado en hitos como el descubrimiento de la mano romana o la determinación de que el yacimiento actual es una fundación de Amílcar Barca.

"El museo ha aportado conocimiento, no solo ha sido un espacio de exposiciones", concluye Olcina, mostrándose profundamente satisfecho y agradecido con el equipo humano que ha hecho posible pasar de aquellos 250 metros cuadrados iniciales a los 9.000 metros cuadrados de excelencia arqueológica con los que cuenta el Marq hoy en día.