Un profesor imparte clase en un instituto.

Un profesor imparte clase en un instituto. Archivo

Educación

Luis Juan, profesor de instituto: "Tenemos a alumnos de 14 años gritando '¡Viva Franco!' en los pasillos, es preocupante"

El profesor relata que también ha tenido que intervenir ante casos de alumnos radicalizados vinculados tanto al islamismo como a la extrema derecha.

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Alicante
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La radicalización política y religiosa también empieza a hacerse visible en las aulas.

Así lo advierte Luis Juan, profesor de Filosofía en el Bachillerato de Artes del IES 8 de Marzo de Alicante, quien asegura haber detectado entre el alumnado comportamientos y discursos cada vez más extremos.

"Tengo alumnos de primero gritando ‘¡Viva Franco!’ en los pasillos", afirma el docente durante una conversación con EL ESPAÑOL en la que analiza la situación de los centros educativos y el efecto de las redes sociales sobre los adolescentes.

A su juicio, no se trata únicamente de opiniones políticas propias de la edad, sino de una polarización que, en algunos casos, dificulta el diálogo y la capacidad de contrastar informaciones.

El profesor relata que también ha tenido que intervenir ante casos de alumnos radicalizados vinculados tanto al islamismo como a la extrema derecha. Según explica, en alguna ocasión llegó a intervenir la unidad antiterrorista.

"No era uno ni dos", señala. En uno de los casos que recuerda, un estudiante fue identificado como posible riesgo terrorista después de que una persona de su entorno alertara sobre su evolución.

Las redes sociales

Para Luis Juan, los teléfonos móviles y las redes sociales desempeñan un papel fundamental en la difusión de mensajes extremistas. TikTok y otras plataformas permiten que los adolescentes reciban contenidos de forma constante, a menudo sin herramientas suficientes para evaluar su veracidad o su intención.

"Hay mucha desinformación", sostiene. El problema, añade, se agrava cuando el alumnado deja de confiar en las explicaciones de los docentes y se cierra ante los argumentos históricos o sociales que podrían ayudarle a contextualizar determinados discursos.

El profesor describe una situación especialmente compleja. Algunos estudiantes llegan al aula con ideas previamente asumidas y muestran rechazo a cualquier información que contradiga lo que han visto en internet. "Se ponen una pared y no creen nada de lo que les dices", explica.

La relación entre redes sociales y procesos de radicalización preocupa especialmente en el caso de los menores. Distintos análisis han señalado que las plataformas digitales pueden actuar como espacios de difusión de propaganda y captación, especialmente entre adolescentes vulnerables o con una exposición muy intensa a las pantallas.

Educar frente a los discursos extremos

Ante esta realidad, Luis Juan defiende el papel de la educación como herramienta para ofrecer contexto y fomentar el pensamiento crítico. En sus clases de Filosofía, explica que no puede eludir determinados contenidos por el hecho de que puedan generar controversia.

"Yo tengo que explicar el fascismo", afirma. No hacerlo, añade, supondría incumplir el currículo y la legislación educativa. Para el docente, abordar la Guerra Civil, el franquismo o cualquier otro movimiento político no significa hacer proselitismo, sino explicar los hechos históricos, sus causas y sus consecuencias.

"Es explicar un movimiento histórico", resume. La labor del profesor, en su opinión, consiste en presentar el contexto, las diferentes posiciones y las consecuencias de la violencia y de las dictaduras, sin inventar ni ocultar información.

También considera que el respeto a los derechos fundamentales forma parte de esa tarea educativa. En su aula, explica, no permite insultos racistas, homófobos o dirigidos contra cualquier colectivo. "No permito que a nadie le llamen ‘facha’, ‘maricón’ o ‘moro’, ni nada por el estilo", señala, al tiempo que defiende que promover el respeto a la diversidad no puede confundirse automáticamente con adoctrinamiento ideológico.

El miedo a no poder intervenir

El debate sobre la supuesta neutralidad ideológica de los centros educativos propulsado por Vox ha añadido, según el profesor, una presión más al trabajo docente.

La reforma aprobada en la Comunitat Valenciana incorpora entre las funciones de la Inspección Educativa la supervisión de la neutralidad ideológica en las actividades docentes, los materiales curriculares y los actos escolares, con el objetivo de evitar el adoctrinamiento. La norma también prevé canales para que la comunidad educativa comunique posibles vulneraciones.

Luis Juan considera que esta medida puede alimentar la desconfianza hacia el profesorado y generar temor a que cualquier explicación histórica, social o relacionada con los derechos humanos sea interpretada como una toma de posición política.

Dudas sobre las inspecciones

"Te llega un alumno y te dice que estás hablando a favor de los migrantes", plantea. En ese contexto, teme que una queja pueda convertirse en un mecanismo de presión, aunque no exista una actuación irregular por parte del docente.

El profesor recuerda que la Inspección ya interviene cuando se producen problemas graves en los centros. Sin embargo, duda de que disponga de tiempo y personal suficiente para asumir nuevas funciones. "Los inspectores ya tienen tanto trabajo burocrático que no les va a dar tiempo a esto", afirma.

En su opinión, los recursos deberían dirigirse prioritariamente a problemas que afectan de forma directa a la comunidad educativa, como el acoso escolar, la salud mental, la violencia digital o la prevención de la radicalización. "Poner una solución para un problema que no existe" puede dejar sin respuesta otras situaciones que sí se producen diariamente, advierte.

"No podemos limitarlo todo a la opinión"

El docente subraya que los profesores tienen opiniones personales, pero que la existencia de esas opiniones no implica que utilicen el aula para hacer campaña política. La frontera, explica, se encuentra en el respeto a la ley, al currículo y a la libertad de conciencia del alumnado.

"Cada profesor tiene su opinión", reconoce. Pero esa opinión no puede traducirse en la defensa de un partido ni en la vulneración de los derechos de los estudiantes. Al mismo tiempo, añade, enseñar Historia, Filosofía o Educación en Valores exige abordar cuestiones como la igualdad, la discriminación, la migración, la dictadura o la diversidad.

Para Luis Juan, silenciar estos debates no reduce la radicalización. Al contrario, puede dejar a los adolescentes más expuestos a los mensajes simplificados que circulan por las redes sociales. Frente a los discursos extremistas, defiende una educación capaz de proporcionar información, contexto y herramientas para pensar.

La cuestión, concluye, no es impedir que los jóvenes tengan opiniones políticas, sino evitar que estas se construyan exclusivamente a partir de la desinformación, el odio o la propaganda. "Se nos está complicando", resume.