Un puesto con lámparas antiguas.

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El mercadillo de antigüedades de Alicante poco conocido e ideal para encontrar tesoros vintage: "Aparecen joyitas"

El sitio abre los domingos por la mañana, con actividad desde primera hora hasta primeras horas de la tarde, así que conviene madrugar si quieres tener más opciones de encontrar las mejores piezas.

Más información: Este pueblo de Alicante tiene el mejor mercadillo de antigüedades: "Encuentras de todo"

Alicante
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Llega el domingo y el plan fácil es repetir ruta de siempre, sofá, centro comercial o paseo por el paseo marítimo.

Pero a pocos kilómetros, en la Vega Baja, hay una alternativa distinta para quienes disfrutan rebuscando historias entre objetos, un mercadillo de antigüedades que sigue siendo discreto, sin grandes aglomeraciones, y que muchos coleccionistas conocen como uno de los mejores lugares para encontrar tesoros vintage en la provincia.

Se trata del mercadillo de antigüedades El Fogón, en Guardamar del Segura, un rastro que se celebra todos los domingos por la mañana junto al estadio Las Rabosas. Desde primera hora, los puestos van tomando forma como mesas plegables, mantas sobre el suelo y maleteros abiertos cargados de cajas.

La escena se repite semana tras semana, pero nunca con los mismos objetos. Esa es precisamente la gracia, que lo que hoy está, mañana desaparece, y lo que aparece de repente puede ser la pieza que llevabas meses buscando.

"Siempre sale alguna joyita", comentan muchos de los habituales mientras se agachan a revisar una caja de vinilos o un montón de herramientas antiguas.

Entre los artículos que suelen encontrarse hay piezas de vajilla clásica, muebles pequeños con encanto, lámparas de otra época, cámaras analógicas, juguetes de hojalata, libros viejos, bisutería y joyas vintage, ropa con aire retro o pequeños objetos decorativos que encajarían sin esfuerzo en cualquier casa ‘instagrameable’.

Una de las cosas que más engancha a quienes repiten domingo tras domingo es la sensación de búsqueda constante. Requiere paciencia y una mirada entrenada, pero también suerte y algo de intuición.

Lo que para alguien puede ser un trasto sin valor, para otro es un hallazgo perfecto. Una cafetera italiana como la de la abuela, una silla que solo necesita un lijado y barniz, un cartel antiguo para coronar la estantería del salón.

Muchos de los vendedores son vecinos de la zona que vacían trasteros o herencias y prefieren dar salida a esos objetos antes de que se queden acumulando polvo para siempre.

Otros son aficionados que llevan años recorriendo rastros y mercadillos de la provincia en busca de piezas especiales, que aquí ofrecen a precios más asequibles que en tiendas de antigüedades al uso.

Las conversaciones con ellos forman parte de la experiencia, pues te cuentan de dónde viene un espejo, de qué casa salió un baúl o cómo llegó a sus manos una radio que todavía funciona.

Más allá de la compra, el paseo por el mercadillo es todo un ritual de domingo. Hay quien va solo, en modo cazatesoros, quien acude en pareja o en familia para "echar la mañana", y quien aprovecha para combinarlo con una visita al pueblo o un aperitivo cerca.

La atmósfera es relajada, sin prisas, con gente parándose a cada pocos metros para curiosear o regatear ligeramente el precio de una pieza que les ha hecho detenerse.

Para quienes se inician en el mundo de las antigüedades, El Fogón es un buen lugar para aprender a mirar. La recomendación de los veteranos es revisar bien el estado de cada objeto, preguntar sin miedo al vendedor, comparar precios entre puestos y, sobre todo, dejarse llevar por lo que realmente te guste, más allá de modas o tendencias. Al final, el valor de muchos objetos está tanto en la historia que llevan encima como en la nueva vida que les vas a dar.

El mercadillo abre los domingos por la mañana, con actividad desde primera hora hasta primeras horas de la tarde, así que conviene madrugar si quieres tener más opciones de encontrar las mejores piezas.

A medida que avanza el día, algunos vendedores recogen antes si ya han vendido lo que querían, mientras otros aguantan hasta el final confiando en ese comprador de última hora que siempre aparece.