Biar.

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Este es uno de los pueblos más bonitos de España según una conocida revista: "Una fortaleza impresionante en Alicante"

El castillo del siglo XII, encaramado sobre el cerro, es la primera imagen que te saluda mucho antes de entrar al pueblo.

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Alicante
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Hay localidades que, por su encanto, muchas revistas famosas siempre acaban incluyéndolas en sus listas de "pueblos más bonitos de España".

Es el caso de Guadalest y Altea, pero también de Biar, la cual destaca por su fortaleza impresionante.

Concretamente, ha sido elegida entre otras localidades por la revista Condé Nast Traveler como pueblo más bonito.

El castillo del siglo XII, encaramado sobre el cerro, es la primera imagen que te saluda mucho antes de entrar al pueblo.

Declarado Bien de Interés Cultural y Monumento histórico‑artístico desde 1931, ha vigilado durante siglos el corredor natural del Alto Vinalopó, ese paso que comunicaba la costa con el interior y que explica buena parte de la historia de la provincia.

Desde arriba, Biar sorprende con tejados rojizos, un casco antiguo apretado contra la ladera y, alrededor, un anfiteatro de montes que justifica cualquier titular sobre “belleza interior”.

Entre sus muros se leen todavía las capas de frontera. Aquí resistió la medina islámica antes de que, en 1244‑1245, Jaime I sitiara la plaza durante meses, hasta forzar su rendición e incorporarla al recién nacido Reino de Valencia.

A pocos kilómetros, en el Camp de Mirra, se firmaría el Tratado de Almizra, que dibujó sobre el mapa la delgada línea entre las coronas de Aragón y Castilla, con Biar como uno de sus enclaves estratégicos.

Calles que se suben

Abajo, el pueblo se deja recorrer hacia arriba, siempre hacia el castillo. El casco histórico, apiñado a sus pies, mantiene esa trama de callejuelas estrechas, casas encaladas y portales que funcionan como pequeñas puertas en el tiempo.

Biar no es un decorado perfecto, sino un lugar vivido que madruga entre campanas y que todavía huele a leña en invierno.

Pólvora, devoción y un castillo en disputa

Si hay un mes en el que Biar confirma todos los tópicos es mayo. Del 9 al 13, las Fiestas de Moros y Cristianos en honor a la Mare de Déu de Gràcia convierten la villa en un escenario de historia viva con trajes bordados, bandas de música, pólvora y una comunidad que se reconoce en cada acto.

Más allá de las grandes fechas, Biar se aferra a tradiciones que podrían haber desaparecido y que hoy explican parte de su carácter.

Una de ellas son “Els Balls de Jesús”, una festividad documentada al menos desde el siglo XVIII, recuperada en 2017 y que poco a poco vuelve a ganar espacio en el calendario local. Es un ejemplo de cómo el pueblo decide qué memoria quiere mantener viva, y cómo la cultura popular se convierte en una forma de resistencia frente al olvido.

A estas celebraciones se suman otras citas que van jalonando el año —Sant Antoni, San Vicente, la Semana Santa, el Medio Año Festero— y que dibujan un mapa emocional que no sale en los rankings, pero sí en las conversaciones de bar.

Quien visita Biar un fin de semana cualquiera puede encontrarse con una procesión cruzando la plaza o con una colla de dolçaina y tabal ensayando un pasacalle que resonará, tarde o temprano, en las fiestas grandes.

Miras hacia dentro

Que una revista viaje y decida colocar Biar entre los pueblos más bonitos no descubre nada nuevo a quienes lo habitan, pero sí aporta algo de foco en una provincia habitualmente asociada solo a playa y chiringuito.

Biar responde con una fortaleza que se ve desde la carretera, sí, pero también una red de senderos, una historia de frontera y una vida cotidiana que ocurre entre murallas y montes.