San Fermín

Talavante roza la puerta grande

El matador extremeño corta una oreja y cuaja una buena faena al quinto, el mejor jandilla dentro de una corrida rajada y deslucida, marrada con la espada después. El público entregó otro trofeo a López Simón.

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Los tres únicos toreros que no despidieron a Víctor Barrio en Sepúlveda por la mañana hacían el paseíllo en Pamplona. Urdiales, Talavante y López Simón salieron al ruedo reivindicando la figura del segoviano de la mejor forma: vestidos de luces. Torear es morir un poco para vivir siempre.

La terna brindó al cielo en sus primeros toros. Las peñas atronaban. 20.000 personas contra la irracionalidad. El auténtico animalismo está en las plazas de toros. Todo volvía de manera abrupta a la normalidad. Faltó el calor del sol. Quizá mañana.

Talavante, durante la faena enSan Fermín.

Talavante, durante la faena enSan Fermín. Efe

Desplegó Talavante y sonaba 'El rey'. México para el más mexicano de los españoles. "Con dinero y sin dinero hago siempre lo que quiero": Talavante conjugó delantales, un atisbo de verónica, como todo el escalafón en esta temporada de espaldinas, y tafalleras. La sombra aplaudió. 'Levítico' dio una vuelta de campana en el quite de López Simón de chicuelinas y una cordobina. Ay. Se rajó después.

Se encontraron ambos en los medios con una arrucina de rodillas. Muy relajado con la derecha, Talavante se elevó por encima de 'Levítico' nada más comenzar. Tomó la izquierda con el toro buscando los chiqueros que conoció temprano. Un molinete y un pase de pecho entusiasmaron. Brilló un natural a pies juntos. La tanda que lo siguió fue la mejor. Desde los medios el toro se tiró a por el estribo del '7', cálido, juvenil y desenfadado aquí.

Quiso torear de rodillas Talavante en redondo pero el jandilla salía del revés, evitando cualquier atisbo de continuidad. Aun así la plaza vibró. Por encima siempre el torero. Del mismo modo las manoletinas. La estocada, a la primera, se enterró trasera. Un descabello despenó a este segundo. Talavante paseó entonces la oreja.

Sí toreó con cadencia a la verónica después al quinto, que fue mejor. No se lo pensó Talavante. La mano izquierda corrió abandonada, tocando el matador a la altura de la cintura, esperando. El palillo levantado embarcaba una embestida a la que le costaba acudir detrás del tercer muletazo. Protestaba el toro, que apenas fue picado.

Sacó cierto fondo. Alguna arrancada con calidad. Hubo más profundidad en la derecha, encajado el torero, ajustado el embroque. Y con la izquierda después resuelta la distancia. Los remates cambiaron en cada serie: faroles, cambios de mano y desprecios. El pase de pecho. Un farol invertido abrió una tanda. Estaba toreando Talavante muy bien pero pinchó. En el aire estaba el trofeo que recibió López Simón antes con un fallo. A la segunda no metió la mano del todo y el descabello esfumó el triunfo. La vuelta al ruedo fue importante.

El tercero hizo lo mismo en la muleta que en banderillas. Se agarró a la segunda raya. En la distancia corta iba. Ahí es fuerte López Simón. En una andanada del '5' le cantaban como si fuera un futbolista. Hubo derechazos muy despacio, sobre todo en la tercera serie. Al natural libró una arrancada recta al fajín. De uno en uno, se cruzaba. Acudía desfondado el toro. Imposible la entrega. Circulares y rodillazos pusieron fin a la función. Julián Guerra se desgañitaba en la barrera. En desbandada el toro se sucedieron las manoletinas arrodillado el torero. Disposición toda de López Simón. Se confundió al intentar matar recibiendo a una distancia superior de la que había toreado. Pinchó, claro. Después, la estocada fue algo trasera y tardó en caer su oponente. La oreja cayó como una pluma, leve.

Desde lejos se fue el sexto al encuentro del madrileño. Lo esperaba de rodillas. La gente respondió a esa primera tanda. La faena osciló después por la condición irregular del toro. Una embestida decente, otra por dentro. Un gañafón, una arreón en el de pecho. No hubo apenas acople. Los molinetes también de rodillas lo intentaron sobre la bocina. Sin lucimiento. Se alejaba la puerta grande cuando falló con la espada. Cierta esperanza deslumbró con una petición sorprendente a la que el presidente hizo caso omiso.

El crespón negro caía de la manga derecha de Urdiales. López Simón lo tenía en la contraria. Sujetó al toro con el capote, avanto en las primeras embestidas. Qué puntas las de este jandilla. Muy finas, afiladas. Dos cuchillas.

Tomó la primera tanda como queriendo quitarse la muleta. No apretaba. Es más, después del pitonazo se desentendía. Una vez se fue por dentro. La faena se dividió en dos, cuatro tandas por el lado del lazo negro y dos por el izquierdo. Ahí sí que nada. Un molinete, un kikirikí y a por la espada. Diego Urdiales tuvo voluntad. Se deshizo de él con una estocada fea delantera y los muchachos festivos atronaron. Silencio, el oxímoron de Iruña.

El crujido del papel albal acompañó la salida del cuarto. Qué manera de comer y empapar. Confirmó el peor lote, desde luego, para Urdiales. Y el más serio. Deslucido, sin humillar y sin poder. Alternó los dos pitones el riojano en una expedición por un páramo. Antes de irse a por la espada, atacó con la derecha, ganando la acción con rabia. Nada. Al menos la estocada fue arriba.

JANDILLA / Diego Urdiales, Alejandro Talavante y López Simón.

Plaza de toros de Pamplona. Lunes, 11 de julio de 2016. Séptima de feria. Casi lleno. Toros de Jandilla, 1º mansurrón y sin clase, rajado el 2º, también rajado un 3º agarrado, sin poder ni humillación el 4º, se dejó el 5º, embistió por dentro el 6º.

Diego Urdiales, de rioja y oro. Estocada caída y delantera (silencio). En el cuarto, espadazo arriba perpendicular (saludos).

Alejandro Talavante, de grosella y oro. Trasera y atravesada y un descabello. En el quinto, pinchazo, medio espadazo trasero y dos descabellos (vuelta al ruedo).

López Simón, de rosa palo y oro. Pinchazo feo en la suerte de recibir y estocada trasera (oreja). En el sexto, media estocada y espadazo caido (saludos).