Feria de San Isidro

Victorino: homenaje sin guinda

Vigesimonovena de Feria. Sólo dos toros, tercero y quinto, se salvan de una corrida que no terminó de romper, sin humillar y sin fondo. Tampoco apostaron los toreros. El Cid saludó una ovación.

El diestro Uceda Leal durante la lidia con su primero.

El diestro Uceda Leal durante la lidia con su primero. EFE

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Poniendo el punto de mira en la distancia, 'Bolsico' pasó de los capotes. Desentendido, con paso grácil, como si no fuera con él la cosa, salió de los chiqueros y se estrelló contra el burladero. No lo vio o no quiso verlo. Los puyazos traseros acentuaron esa condición, ahormando el espinazo, qué cosa. Fue lo único en lo que empujó. Los pitones en el estribo y el peto como desahogo. Distraído, ausente y andarín, nadie lo pudo encarrilar. Un toro a su bola, de Hermano mayor: Uceda cogió la muleta porque no quedaba otra. Se dobló con él y una colada abrió el encuentro; después los pitones se dirigieron al pecho, zurrando la chaquetilla. Se desató la bronca cuando se fue a por la espada, 24.000 gargantas rotas de furia cuando se tambaleaba el toro. El grito colectivo contrastó con el minuto de silencio que contuvo el paseíllo momentos antes. El Pana en la memoria.

Victorino Martín descubrió su azulejo por la mañana. Homenaje al mejor ganadero del siglo XX, inmortalizado junto a 'Baratero' y 'Belador' para siempre en la Puerta Grande, por donde salió por primera vez en el 75. Por la tarde la corrida no fue gran cosa. Sólo quinto y tercero se salvaron.

Le brindó El Cid la muerte de ése. 'Garrochista' fue el que más pesó de una corrida fina, seria por delante. El brindis no rompió la ovación al viejo Victorino, puesto en pie para recoger la montera. Un 'No hay billetes más' a su bolsillo. Quedó a medias el reconocimiento en la plaza, como el resto de tarde. No hubo un último empujón a su día. Tampoco lo dieron sus toros. Los delantales de El Cid se cerraron con una media envuelto el matador en el recorte. La revolera voló sin demasiada prestancia. El intento de quite de Uceda vició de nuevo los ánimos, enredado toro y torero.

La primera tanda de derechazos discurrió con cierta profundidad en 'Garrochista' y sin terminar de apostar El Cid. El muletazo desembocaba con la cabeza puesta en la retirada. Enseñó el victorino una veta de profundidad sin explorar. La ventolera obligó a volver a empezar. Otra serie por el mismo pitón tuvo idéntico resultado al inicio, algo más compacta, sin hurgar en el empuje de 'Garrochista'. La gente jaleaba más por lo que podía ser que por lo que era. Al natural se apagó el toro y dudaron ambos en la última tanda. Saludó una ovación. La espada cayó en los bajos.

Con el sexto hizo un esfuerzo el sevillano. Brindó al público y se echó la muleta a la izquierda. Había que esperar. Voló el natural, tocaba en el momento justo a media distancia, y al tercero bajaba una marcha el victorino. Un tornillazo encontró seda a la altura de la barriga, vendido Cid a la punta que finalmente no lo perforó.

Salió despedido del brete, refugiado en la ayuda montada. Por ahí no pasaba el toro, que soseaba sabiendo lo que se dejaba atrás. Se acostó en dos o tres arrancadas. Tuvo peligro. Un pitonazo alcanzó la barbilla del Cid cuando la espada entró, caída, envenenada. Duró en pie un suspiro.

Se cantaron las verónicas de Miguel Abellán para dar en las narices a Uceda, a cubierto por fin del aluvión. Luego los doblones avanzaron con la embestida del segundo. El tercio como parapeto. La zancadilla de los cuartos traseros desequilibró al torero, una banderilla golpeó la cara. Medía y reponía por los dos pitones, cada vez quedándose más. Terminó rajándose buscando los medios. Abellán tuvo más suerte después.

'Alevín' era fino de cabo a rabo. 504 kilos de aleación de fibra y piel, desde la misma cepa perfilada. La muleta en la izquierda palpó las primeras embestidas. Los pases de pecho los tomaba mejor. El derecho por tanto. Los toques bruscos lo descomponían, exigía suavidad. Los derechazos se sucedieron despacio, el toro iba hasta donde lo dejara la muleta. Trazo y recorrido en la misma proporción. Había que tragar. Exigía entrega. Un desarme descubrió de nuevo el natural. A pies juntos citó Abellán, una vez con la muleta calma, otra sacudiendo un oleaje en la bamba. Algún subalterno aconsejó algo y él mandó callar. El índice a los labios. Empujó la embestida a su altura. En el derecho había más profundidad. Algún natural suelto resaltó la falta de continuidad del conjunto.

A Uceda el cuarto no le dejó resarcirse, sin humillar, deslucido. La espada aterrizó en los bajos, engatillado el mejor matador. Alguna almohadilla sobrevoló su cabeza cuando abandonaba el ruedo.

VICTORINO MARTÍN/ Uceda Leal, Miguel Abellán y El Cid

Monumental de las Ventas. Viernes, 3 de junio de 2016. Vigesimonovena de feria. No hay billetes. Toros de Victorino Martín, 1º orientado, midió sin pasar el 2º, de buen pitón derecho un 3º sin fondo, deslucido el 4º, 5º exigente, el peligroso 6º no se entregó.

Uceda Leal, de verde botella y oro. Pinchazo y espadazo algo caído y tendido (bronca). En el cuarto, espadazo bajo y varios descabellos (silencio).

Miguel Abellán, de blanco y plata. Pinchazo arriba, pinchazo, estocada trasera y un descabello (silencio). En el quinto, pinchazo hondo bajo, pinchazo, pinchazo trasero y un descabello (silencio).

El Cid, de verde hoja y oro. Bajonazo (ovación). En el sexto, espadazo casi entero algo caído (silencio).