ACCESO A LA VIVIENDA PÚBLICA

Todos queremos que nos concedan un 'Pisito-Espinar'

María, Cintia, Diego y Darwin sueñan con tener una vivienda protegida en régimen de alquiler. Ni siquiera se plantean comprar una porque no tienen cómo pagarla.

Cintia y Diego, de 26 años, piensan en comprar una vivienda protegida, pero no creen que puedan pagarla.

Cintia y Diego, de 26 años, piensan en comprar una vivienda protegida, pero no creen que puedan pagarla.

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Entre las calles Sonrisa, Sueños y Magia, y a dos minutos de la avenida Pablo Iglesias, se encuentra el fantasma de Ramón Espinar: el piso en el que nunca vivió; la propiedad que ha puesto al senador en la cuerda floja; 60 metros cuadrados por los que ha tenido que dar explicaciones. El pasado arquitectónico de Alcobendas parece bromear con el presente político de Unidos Podemos, cuyo último lema de campaña fue "La sonrisa de un país".

Han pasado 57 años desde que Marco Ferreri llevara El pisito a la gran pantalla, película basada en una novela de Rafael Azcona. En la película, Petrita y Rodolfo buscan desesperadamente un lugar donde vivir. En un universo paralelo y no ficticio, la pareja habría estado encantada de adquirir una de estas viviendas protegidas, similar a la que compró Ramón Espinar en 2010.

Lo anecdótico del caso Espinar sirve para recuperar el debate sobre al acceso a la vivienda protegida: es "difícil y, por cómo se ha conformado el sistema, favorece a las clases medias", apunta Antonio Echaves, doctor en Sociología por la Universidad Complutense de Madrid y autor de la tesis Juventud, emancipación residencial y sistema de provisión de vivienda (2016).

Los hechos

En 2007, la cooperativa VITRA (de Comisiones Obreras) le adjudica a Ramón Espinar, con 21 años, una vivienda protegida en Alcobendas: 60 metros cuadrados y dos garajes en un módulo de 103 viviendas. La promotora del inmueble repartió mediante sorteo el 85% de las viviendas; el 15% restante lo distribuyó a dedo entre clientes que no superaban el máximo legal de ingresos.

En 2010, se escrituró la vivienda por 146.000 euros. Ramón Espinar abonó entonces una entrada de 52.000 euros gracias a un préstamo de su abuela, su madre y su padre. El resto del dinero lo abonaría gracias a la subrogación en una hipoteca del BBVA. Eso suponía pagar 580 euros al mes. Nueves meses después, en 2011, Ramón Espinar, vendió la vivienda protegida por 176.000 tras recibir la autorización de la Comunidad de Madrid. Con la venta —al precio máximo que fijaba la Comunidad, un 20,5% superior respecto a 2007—, obtuvo 19.000 euros netos que invirtió, según sus palabras, "en pagar un máster y un ordenador". Decidió venderla, según alega, porque se dio cuenta de que no podría hacer frente a la hipoteca.

Ramón Espinar, durante su comparecencia.

Ramón Espinar, durante su comparecencia.

Sobre la operación de compraventa de Ramón Espinar, Ignacio Gomá Lanzón, notario y editor de la fundación Hay Derecho, apunta lo siguiente: "Lo que me parece mal es que se abuse del sistema. Lo de la plusvalía no creo que sea lo más importante: si lo compras por 100 y luego vale 120, ¿por qué vas a venderlo por 100? No eres una oenegé. Me parece más importante la reserva del 15% porque no sabemos cómo se ha articulado eso. Al final no trasluce cuál es el método por el que se adjudican estos pisos, y en estos temas hay que ser muy rigurosos. Si es una vivienda de protección oficial se debe adjudicar por un sistema que favorezca a los ciudadanos de rentas más bajas"

El problema de la vivienda protegida

Antonio Echaves, experto en emancipación juvenil y acceso a la vivienda, señala que la clave para entender la dificultad para acceder a viviendas protegidas es que la mayoría de ellas son de promoción privada, no pública. "La promoción privada afectó a los precios, hizo que aumentaran. Se ha permitido hacer transacciones con una vivienda protegida sin ningún tipo de problema: es decir, comprarla y luego venderla".

A esto se une el hecho de que el destino final de las viviendas difiera del real. "Está el régimen especial: familias u hogares con 2,5 veces el Indicador Público de Renta de Efectos Múltiples (IPREM), que supone unos 17.500 euros anuales; y también el régimen general: familias y hogares con 4,5 veces el IPREM, que son unos 32.000 euros anuales. Aparte, hay un régimen tasado que es 6,5 veces el IPREM: unos 46.000 euros anuales. Al final, aunque te hablen de diferentes niveles de renta para clases más bajas, lo que ha primado es el régimen de viviendas tasadas. Si es vivienda protegida de promoción privada y encima de precio tasado [dos factores que elevan el precio], ¿quién accede al final a una vivienda de protección? Evidentemente, la clase media, la que se lo puede permitir", apunta Echaves.

¿Es eficiente el sistema de vivienda protegida? "En mi opinión, debería existir un verdadero parque de viviendas públicas. El primer fallo es que se deje su construcción en manos privadas", explica el doctor en Sociología. Según la Empresa Municipal de la Vivienda y Suelo de Madrid (EMVS), por cada 'lote' de 500 pisos protegidos que adjudican en régimen de alquiler, hay "10.000 solicitudes".

La pregunta que algunos formularon sobre el piso de Espinar era cómo se había aventurado a comprarlo si no tenía trabajo y la crisis ya era un hecho. Al respecto, Echaves señala que el periodo precrisis configuró una mentalidad en la que los jóvenes todavía confiaban en la propiedad frente al alquiler. "Había más créditos y las condiciones de crédito eran mucho mejores. En esos momentos se compraba más y se alquilaba mucho menos, también los jóvenes. Yo pregunto: ¿la propiedad es algo cultural o es el contexto el que configura la demanda? A partir de 2008 y 2009, aumentan los jóvenes que viven en alquiler y descienden los que viven en propiedad. Pero aumenta aún más en 2010 y 2011. La precariedad laboral, el debilitamiento de las políticas sociales y el tema de los desahucios influyen en los jóvenes y generan un ambiente de riesgo e incertidumbre que hace que ya no estén tan por la labor de meterse en una hipoteca por la imposibilidad de impago".

A continuación, reproducimos en primera persona los testimonios de jóvenes madrileños de entre 20 y 27 años que pretenden acceder a una vivienda de protección en régimen de alquiler. Ni siquiera se plantean la compra de una de estas propiedades. Algunos como María o Ramón han preferido que no aparezcan sus caras ni sus nombres reales por si ello pudiera perjudicarles.

Cintia y Diego, 26 años

"Somos novios desde los 16 y vivimos juntos desde hace 4 años. Pagamos 500 euros por un piso de 40 metros cuadrados, pero de momento no podemos permitirnos más. Hemos venido hoy a la EMVS para informarnos de qué tendríamos que hacer para comprar un piso de protección oficial. Mi chico trabaja desde los 15, ahora curra en un Lidl. Yo estudié atención sociosanitaria y trabajo en una residencia de ancianos. Nos gustaría comprar un piso pero no sabemos si tendremos trabajo fijo de aquí a unos años. Ahora somos indefinidos en nuestras empresas, pero sabemos que nos pueden echar en cualquier momento. Seguramente optemos por una vivienda protegida en régimen de alquiler. Si pagamos menos por una casa como la que tenemos ahora, podremos ahorrar para ver si el día de mañana podemos comprarnos un piso".

Cintia y Diego, de 26 años, piensan en comprar una vivienda protegida, pero no creen que puedan pagarla.

Cintia y Diego, de 26 años, piensan en comprar una vivienda protegida, pero no creen que puedan pagarla.

María, 23 años

"Soy de Madrid y quiero independizarme con mi novio. Estudié Periodismo, pero solo he trabajado como becaria en un medio de comunicación y como freelance. La mayor parte de mis ingresos vienen de trabajar en hostelería. Hace unos meses me apunté en la EMVS para conseguir un piso protegido de alquiler. No podemos pagar un piso de dos de ninguna otra manera: cuestan unos 600 euros. Mi chico es mecánico y trabaja 8 horas al día por 1.000 euros netos. Yo trabajo en una cafetería de 6:30 de la mañana a 10:30. Al mes me pagan 422 euros netos con las pagas ya prorrateadas. También me saco unos 80 o 100 euros al mes con artículos que publico como freelance. Ahora quiero hacer un máster que cuesta 11.900 euros. Me han dado una beca que me cubre la mitad; para pagar el resto mi novio va a dejarme dinero de sus ahorros. Mis padres no pueden pagármelo porque somos familia numerosa, mi padre está en paro y mi madre, que cuida ancianos, gana 800 euros al mes. También por eso quiero independizarme, para no ser una carga para mi familia. No sé si nos darán el piso, porque tienen en cuenta lo que gané en 2015. Por aquel entonces trabajaba 5 horas de lunes a viernes en un medio de comunicación por 280 euros al mes; los fines de semana trabajaba 16 horas en un restaurante por 400 euros. En total, trabajaba 41 horas a la semana por 680 euros al mes. Ni siquiera me planteo comprarme un piso, aunque sea de protección, porque necesitaría ahorrar mucho, mis padres no pueden avalarme y además no sé si tendría trabajo hasta que acabase de pagar la hipoteca".

Darwin, 20 años

"Tengo 20 años y soy estudiante de Administración y Dirección de Empresas. Nací en Ecuador pero llegué a Madrid con apenas unos meses. Ahora mismo tengo una beca en un despacho de abogados. Vivo con mis padres porque no me planteo independizarme ahora mismo. Tampoco podría. Mis padres sí están intentando comprarse una vivienda de protección oficial; ahora vivimos en un piso que nos deja la comunidad, porque mi padre es portero en ese edificio. Yo también me lo he planteado, lo de comprar una casa, pero ahora mismo mi sueldo no me da para casi nada y no podría permitírmelo. En el futuro compraría, sí, alquiler no me gusta. Siempre he pensado que es como tirar el dinero, aunque realmente no es tirarlo pero lo siento así".

Darwin tiene 27 años, estudia ADE y se plantea comprar un piso en el futuro.

Darwin tiene 27 años, estudia ADE y se plantea comprar un piso en el futuro.

Ramón, 27 años

"Mi chico y yo vivimos en casa de mis padres. Tengo 27 años y soy auxiliar administrativo. Siento que vivimos con mucha incertidumbre: por un lado, no sé si el día de mañana tendré trabajo; por otro, estamos intentando acceder a una vivienda protegida en régimen de alquiler, pero como va por sorteo... ni siquiera sabemos si tenemos oportunidad o tendremos que esperar años hasta que nos adjudiquen una. Y si nos toca, puede que sea en Usera, por ejemplo. Que no nos importa vivir en la periferia, pero como no puedes elegir, igual tienes que vivir a una hora o más del trabajo. Hemos mirado en inmobiliarias, en internet... Pero te piden un mes de agencia, un mes en curso, hasta dos meses de fianza... Tendríamos que desembolsar muchísimo dinero a la vez para luego pagar un piso enano que igual te cuesta 600 euros. Cuando hemos ido a apuntarnos, le he dicho a la mujer: 'Por favor, nos vale con un piso con cama, baño y cocina, aunque sean 30 metros cuadrados'. Aunque sea pequeño, al menos es barato".