La tribuna

Cataluña ante la cita del 20-D

Alfons Quintà
Cataluña ante la cita del 20-D

Ilustración

Las encuestas vienen acreditando un 40% de indecisos en Cataluña. Por lo tanto, puede haber alguna sorpresa el próximo domingo. Dentro de ese porcentaje hay mucho votante cabreado, por decirlo gráficamente. Incluye a los que se sienten timados por la falacia independentista. Es un fondo de votos que suele ser rupturista. Por lo tanto, en ese orden de cosas, hay mucha oferta en contra de Artur Mas.

También hay cuasi certezas. El independentismo retrocederá. De un 47,5% en las autonómicas del pasado 27 de septiembre, los datos prevén ahora que quede por debajo del 40%, o aún menos. Asimismo, el clan camaleónico de Mas -ahora de nombre Democracia y Libertad (DL)- probablemente quedará en cuarto lugar. Desde que llegó al poder, Mas sólo ha andado como los cangrejos, un movimiento que tiende a acelerarse. En cinco años ha habido tres elecciones y siempre ha marcado retrocesos. Por ello desaparece la etiqueta CDC después de haber desaparecido ya la de CiU.

Artur Mas tampoco cuenta con aliados potenciales. Ha logrado el destrozo incluso de la histórica Unió Democràtica, de ideario democristiano y miembro del Partido Popular Europeo. Así las cosas, es altamente probable que los dos grandes vencedores sean Catalunya en Comú (CC, franquicia de Podemos, unida a Iniciativa) y Ciudadanos. Probablemente la tercera fuerza será Esquerra Republicana (ERC), pese a presentar como cabeza de lista a un ignoto y nada atrayente personaje que ha acusado a los padres de la vigente Constitución de "fascistas". Lo de Mas (DL) sería la cuarta fuerza. Los socialistas no remontan y el PP puede caer aún más, mientras que los democristianos pueden desaparecer. La ultraizquierdista CUP no se presenta porque las elecciones son -dicen ellos y todo el secesionismo- "en el país vecino". Un vecino que, si no existiese, la Generalitat no paga ni sus sueldos.

TV3 es hoy peor que Cubavisión, el canal internacional de propaganda del régimen cubano

El que deba haber cambios no significa que los haya. Hoy Cataluña está deshilachada y desarticulada. El resultado más probable será una autonomía ingobernable. Lo que pueda pasar en el conjunto de España es mucho más importante, pero menos complicado. En Cataluña no se atisba ninguna mayoría de gobierno. Además, continuará existiendo un incomprensible magma secesionista muy autista. Hoy es menor que ayer y mayor que mañana, pero no hay que olvidar que superaron con creces el millón de personas.

Pese a la opresión mediática, espectacular, la perspectiva electoral catalana para el domingo es constitucionalista. Moralmente, Mas debería dimitir, pero no lo hará. Podrá continuar como presidente autonómico en funciones durante meses, o sea sin que haya ningún control parlamentario y con unos medios de comunicación en posición de firmes, en un grado que en el resto de España ni se puede imaginar.

Los medios públicos y los subvencionados constituyen una mayoría ideológica absoluta en sí mismos. Lo permite una inefable pasividad del circuito catalán de RTVE. La televisión de la Generalitat (TV3) impone la agenda informativa con una insolencia y unas manipulaciones que hacen caer de espaldas. Manifesté en su día a The Wall StreetJournal que TV3 era peor que Cubavisión, la cadena internacional de la televisión cubana, y me reafirmo.

El partido de Pujol puede desaparecer como lo hizo la Democracia Cristiana en la Italia de los 90

Mas dedicará parte de su tiempo como presidente en funciones a ver cómo actúa respecto a la corrupción que aún no ha sido descubierta o que está en los cauces procesales. Aunque sea Navidad, no parece que sea moco de pavo. La corrupción en Cataluña no es un tema sólo o eminentemente familiar. El pasado 5 de diciembre La Vanguardia publicó este titular: "El juez cree que los Pujol financiaron gastos políticos". El asunto sería poder sacar a la luz, en sede judicial, el delicado subsuelo político sobre el que se asienta la Generalitat.

El pujolismo independentista ha perdido en todos sus infinitos frentes, sin que haya una alternativa al acecho. Tras el 20-D todo será mucho más complicado que en el resto de España, porque en Cataluña sólo se vislumbra un salto en el vacío. El partido de Pujol puede desaparecer por la corrupción como lo hicieron en Italia la Democracia Cristiana y el Partido Socialista en el marco de los procedimientos penales llamados  Tangentopoli y Mani Pulite (1992).

Convendría que en Cataluña no hubiese un cierre en falso, como ahora se piensa que lo hubo en el caso de Banca Catalana. Pero podría volver a suceder. La clase política catalana y en general la sociedad aún están demasiado resignadas. Tendrían que asumir que votar es un excelente principio. Pero, por ser Mas como es, y por tratarse de derribar un sistema de poder, queda mucho e imprescindible camino delicado por hacer. Quizás habrá que atender más a procedimientos judiciales que a los parlamentarios, hasta hoy de una gran timidez.

Mas insiste en prolongar la negociación con el comunismo libertario para que apoye su candidatura

Previsiones aparte, numerosos temores rodean a Mas, que ahora prolonga cómicamente unas negociaciones con la ultraizquierda independentista (la CUP) con el deseo hasta ahora fallido de que sus miembros, inscribibles en el comunismo libertario, apoyen su candidatura a la Generalitat. En realidad, ni los propios protagonistas creen en un final feliz. Sería lograr mezclar agua y aceite. De hecho, están estudiándose mutuamente a la espera del fracaso formal para, enseguida, acusarse recíprocamente del desastre.

Ninguna fuerza secesionista desea otras elecciones anticipadas porque las volverían a perder. Por ello es probable que sean convocadas por imperativo legal, estatutario, a inicios de enero y para marzo. Luego habrá que ver si se elige un parlamento con una mayoría capaz de escoger a un nuevo presidente. Mientras, Mas dispondrá de meses para ocuparse de los muchos flecos pendientes de la corrupción y, en particular, de la correspondiente a la destrucción de la sanidad pública catalana, de una gravedad sin parangón en el resto de España.

Los que esperaban enriquecerse exponencialmente con la privatización sanitaria son "el sector de negocios sanitarios de CDC". Tiene una fuerza y unos medios infinitos para presionar a Mas, así como para probar hechos delicados. La financiación política -aludida en la información citada- aporta beneficios, pero también genera gastos. El momento es muy delicado respecto a realidades cruciales pero soterradas.

Hoy Cataluña está mucho peor que el resto de España: basta entrar en una librería para verlo

Un brillante periodista, Rafal Jorba, arrinconado durante años, acaba de escribir que para volver a la situación previa a Mas, en el orden político, se requerirán como mínimo un par de legislaturas. Y que para recuperar la situación social y cultural anteriores serán necesarios -si cae esa breva- una generación, o sea 25 años. Pero tanto él como yo creemos que aún puede ser peor.

Hoy Cataluña está mucho peor que el resto de España. Basta con entrar en una librería de Barcelona. Serenamente, se puede hablar de una destrucción cultural deliberada. Pero la primera línea de la primera página del libro de las soluciones -en plural, como debe ser en las sociedades modernas- pasa por, recurriendo a su propia terminología, la "evicción" de Artur Mas de la vida pública. Luego surgirán, finalmente, problemas dignos de nuestro tiempo.

Se acabó la ambición de una especie de monarquía absoluta catalana, como intentó Pujol con su hijo Oriol y como denuncié, por vez primera, en el lejano 1993. La época de reyezuelos absolutos o de los caudillos debe concluir, pero evitando el caos. Será una dura labor, no sólo electoral, en Cataluña.

*** Alfons Quintà es periodista y fue el primer director de TV3.

*** Ilustración: Lola Gómez Redondo.