Papeles de Panamá

Las promesas rotas de David Cameron para combatir la evasión fiscal

Ha anunciado medidas a raíz del escándalo, pero sus propuestas anteriores se quedaron en agua de borrajas.

Cameron ha prometido más control en sus territorios de ultramar.

Cameron ha prometido más control en sus territorios de ultramar. Reuters

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El premier británico, David Cameron, se puso el manto de caballero este lunes y compareció ante la Cámara de Comunes armado de una batería de medidas contra la evasión fiscal con el objetivo de recuperar la iniciativa política.

Y es que la oposición y cientos de personas en las calles le acusaban de ser hipócrita por no hacer nada contra este delito mientras que se había beneficiado de un fondo offshore creado por su difunto padre, como revelaron los papeles de Panamá.

Cameron dijo que esto no tenía nada que ver. Que se trataba de un fondo de inversión, que los intereses los declaró al fisco británico y que vendió su participación antes de convertirse en primer ministro en 2010 para evitar posibles conflictos de intereses. No porque hubiese hecho nada malo, aunque le tomara cuatro días reconocer todo esto.

Añadió frente a sus señorías que lo que importaba ahora era luchar contra la evasión fiscal y que en eso sí que va en serio. La pregunta que algunos se hacen es "¿por qué deberíamos de creerle?".

Después de todo, hace poco se supo que en 2013 intervino personalmente a través de una carta al entonces presidente del Consejo Europeo, Herman Van Rompuy, para que los fondos offshore (como el de su padre, Ian Cameron) no estuvieran automáticamente sujetos a los mismos requisitos de transparencia fiscal que las compañías.

En cuanto a las medidas que anunció el lunes contra la evasión fiscal, la gran novedad fue que a partir de septiembre los territorios británicos de ultramar como Bermuda o las islas Caimán -considerados muchos de ellos paraísos fiscales- deberán informar a las autoridades británicas sobre los dueños de las empresas registradas allá.

Sin embargo, hace dos años anunció a todo platillo que haría que estos mismos territorios crearan registros públicos de empresas para conocer sus verdaderos dueños. Y dos años después casi ninguno de ellos hizo nada y las islas Caimán, por ejemplo, hasta se negaron a considerarlo.

EN MANOS DE LOS GOBIERNOS

Según Toby Quantrill, principal asesor sobre temas financieros de la organización Christian Aid, el problema ahora radica que en que, al no forzar que esta información sea pública –tal como será el caso para empresas radicadas en el Reino Unido-, todo dependerá de cuán serio se tome el Gobierno este problema, ya que investigar las tramas que se esconden detrás de las empresas toma mucho tiempo y dinero.

“El gobierno ha ido reduciendo los recursos destinados a luchar contra la evasión fiscal. Habrá que ver ahora si revierten esta tendencia”, afirmó Quantrill a EL ESPAÑOL. “Por eso forzar a que la información fiscal de los territorios británicos fuera pública, y no sólo darla a conocer a las autoridades, era tan importante. Eso habría permitido realmente que la prensa y todo el mundo se asegurara que no hubiera nada raro, pero no lo hicieron”.

La diferencia entre palabras y hechos se reflejó también en 2014 al saberse que seis de las 10 multinacionales británicas más importantes –incluyendo Shell, British American Tobacco y el banco Lloyds- no pagaron impuestos de sociedades a pesar de facturar miles de millones de euros en el Reino Unido.

Meses después, el ministro de Economía, George Osborne, salió anunciando un gran acuerdo para que Google –otra de las multinacioneles en el ojo del huracán- abonara 130 millones de libras (172 millones de euros) en impuestos no declarados en la pasada década, calificándolo de “gran éxito”.

Esto resultó ser casi nada, peanuts como dirían los británicos, considerando que el gigante tecnológico sólo en 2013 generó unos ingresos de 3.800 millones de libras (5.000 millones de euros) por su actividad en Reino Unido. Pero únicamente pagó 20,5 millones de libras (27 millones de euros) en impuestos.

Los expertos sitúan entre el 25% y el 30% el margen que dejan la ventas a Google, con lo que la tributación efectiva por el impuesto de sociedades apenas habría superado ese año el 1%, cuando el tipo teórico del impuesto de sociedades en Reino Unido ronda el 20%.

De hecho, según afirma Quandrill, aún hoy se desconocen exacto los detalles del acuerdo con Google y cómo se llegó a la cifra de 130 millones en impuestos.

¿Por qué presentar un acuerdo como éxito cuando en realidad permite que una gran empresa evite pagar impuestos? Sólo el tiempo dirá si esta vez, por tanto, las palabras de Cameron van en serio.