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Ni medicinas, ni alimentos: así se vive en Venezuela la crisis humanitaria

El dinero no alcanza para comprar pastillas ni comida, y cuando se tiene, ya no queda el producto.

Una farmacia en Caracas.

Una farmacia en Caracas. Reuters

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Isabel Silvera, de 69 años, es una de las tantas venezolanas que se negaban a hacer cola en los supermercados del Estado, donde venden alimentos a precio regulado, pero que no han tenido más opción. No la hace todos los miércoles (día que le corresponde comprar según el último número de su cédula de identidad), sino cuando ve que las personas salen del establecimiento con alimentos que ya no tiene en su casa.

Este miércoles, en particular, decidió hacer la fila porque había pollo, pasta, azúcar, leche en polvo y jabón en polvo para lavar la ropa. Pollo no compra desde hace un mes porque no lo consigue (está regulado en 65 bolívares pero en las carnicerías venden el kilo a más de 1.000). Mientras espera, conversa con otras personas de la fila y les comenta que está preocupada porque no consigue las medicinas para controlar la tensión arterial.

Consultada al respecto, Silvera dice que aproximadamente desde 2010 su cardiólogo le indicó felodipina. La estuvo tomando unos cuatro años pero en 2014 comenzó a escasear en las farmacias. Como no puede dejar de tomar medicamentos para la hipertensión arterial que la acompaña -y acompañará por siempre por ser una enfermedad crónica-, le cambiaron el medicamento.

“A la semana de estar tomándolo me dio un accidente cerebrovascular, un ACV transitorio. Estuve hospitalizada unos días, los médicos me dijeron que el cambio del medicamento me disparó la tensión y bueno, me lo cambiaron de nuevo”, relata.

Le indicaron entonces otro compuesto, amlodipina, pero no es el único que toma para la hipertensión: son tres en total. La lista la completan el Micardis Plus (telmisartan con diurético) y el Concor (Fumarato de bisoprolol).

“Desde octubre no consigo amlodipina y el Micardis Plus tiene más de seis meses desaparecido. Me quedan dos cajitas de cada uno y las sigo buscando. Tengo que ir al médico a ver qué hago con mi vida, si me las cambia, si sigo recorriendo farmacias todos los días, si sigo buscando gente que viaje al exterior para que me las traiga. Lo peor es que la consulta con el cardiólogo cuesta 8.000 bolívares y la pensión que uno recibe es de 9.000. Aquí o comes o vas al médico”, dice la señora Silvera mientras sigue en la fila, que casi no avanza.

Tiene más de 200 personas por delante, todas de la tercera edad, como ella, en pleno sol a las 10:00 de la mañana. Dice que tarda tres horas en entrar al supermercado y una vez adentro debe hacer una hora más de fila para pagar.

El martes, la mayoría de los diputados de la Asamblea Nacional de Venezuela aprobó un acuerdo para declarar la crisis humanitaria en el sector de la salud, y solicitó a la ministra de Salud y autoridades del Gobierno participar en mesas técnicas para buscar solución a la escasez de medicamentos e insumos médicos, algo que para Silvera está más que justificado porque mensualmente debe caminar de farmacia en farmacia para conseguir las medicinas.

Para varios especialistas, esta crisis humanitaria, además de estar sustentada, va más allá del sector salud y tiene varias dimensiones. “Lo que está pasando en Venezuela es una crisis humanitaria generalizada, de medicamentos y de alimentos”, afirma Marino González, médico, especialista en Políticas Públicas y profesor de la Universidad Simón Bolívar.

Explica que el término de crisis humanitaria tiene una perspectiva más amplia y suele asignarse a países donde ocurren grandes desastres naturales, guerras civiles o conflictos bélicos como el caso de Ruanda, o donde ocurren grandes sequías que causan hambrunas pronunciadas como ha pasado en países de África. Está asociado a aspectos económicos políticos, alimenticios, catástrofes donde los gobiernos se ven en la necesidad incluso de pedir ayuda internacional porque no pueden responder ellos solos.

“¿Qué pasa en Venezuela? Aquí se está dando una cosa bastante preocupante, hay un proceso agudo de empobrecimiento y eso se ha hecho más evidente entre 2014 y 2015, y  tiene que ver con la caída en picada del crecimiento de la economía. La economía tiene casi nueve trimestres de caída. En 2014 cayó 4 puntos. En 2015 las estimaciones de organismos internacionales y expertos hablan de más o menos 10% y el FMI ha dicho que Venezuela puede caer otra vez 8%. Si sumas todo eso te da una caída de casi 25% en tres años. Ahora en 2016 tenemos 25% menos recursos, menos producción y menos actividad económica en comparación con 2014”, detalla González, quien ha sido asesor de varios proyectos de la OMS y OPS.

El especialista en políticas públicas aclara que esas caídas se ven reflejadas en los ingresos de las familias, que también han bajado. Cita el resultado de una encuesta de condiciones de vida, efectuada por académicos de tres universidades reconocidas del país -Universidad Central de Venezuela, Universidad Simón Bolívar y Universidad Católica Andrés Bello-, que para 2014 hablaba de que 25% de los hogares estaban en pobreza extrema por sus escasos ingresos (no tienen el dinero para comprar los alimentos que se requieren) y que en 2015 subió a 50%.

A eso se suman los hogares en pobreza no extrema, que son los que tienen ingresos para comprar alimentos pero no para otras necesidades, y entre ambas sumaron 76% en agosto de 2015.

“El problema de la pobreza extrema y no extrema se agrava con la escasez de alimentos y con la de medicamentos. En ese contexto, la crisis humanitaria es un término que sí se ajusta a lo que está pasando.”, afirma González.

Recorrer ocho farmacias y no encontrar nada

El presidente de la Federación Farmacéutica Venezolana (Fefarven), Freddy Ceballos, ha informado que la escasez de medicinas llegó a 80% en este mes de enero y que el año comenzó con un inventario de 7 millones de unidades de medicamentos en las droguerías, cuando se necesita un mínimo de 45 millones de unidades para surtir a todo el país. Por ello estima que la existencia de productos en esos establecimientos alcanza para 15 días.

Aunque la ministra de Salud actual, Luisana Melo, designada el 6 de enero, declarara la semana pasada que los venezolanos son los que consumen “en el mundo el mayor número de medicamentos per cápita”, y que eso habla de un "uso no racional del medicamento", en las calles la opinión de los venezolanos es otra.

“¿Cómo va a decir que usamos irracionalmente las medicinas, si aquí te venden una sola cajita de 14 pastillas del medicamento de la tensión? Eso me dura 14 días, las farmacias te dicen que regreses a la semana y cuando vas, ya no hay. Te metes en la página web de las farmacias, ahí dice que hay en tal lugar y cuando llegas tampoco hay, te dicen que esa información está desactualizada”, dice Silvera.

Tulio García, de 74 años, se saca del bolsillo cuatro cartones pequeños. Son las pestañas de las cajas de los medicamentos que usa, que desprendió para enseñarlas en todas las farmacias a las que va. “No consigo Aldactone, Losartán, Clopid ni Carvedril”, dice mientras lee los cartones a la salida de una droguería donde le volvieron a decir “no hay”.

“Vengo de cuatro farmacias, esta es la quinta y no hay nada. Ya tengo varios días así, voy a varias zonas. Esta mañana fui a El Valle, a las Fuerzas Armadas, a San Martín. Menos mal que tengo un carrito y me muevo por la ciudad, buscando. Esto nunca había pasado en este país, no hay medicinas ni comida”.

En una farmacia ubicada en el centro de Caracas, Maritza Sánchez relata que en los 30 años que lleva atendiendo ese establecimiento, no había visto lo que ocurre ahora. “Mi día a día es decir no casi siempre”, dice la farmacéutica.

Asegura que hay medicinas escasas y otras desaparecidas, como los antibióticos, anticonvulsivantes y antihipertensivos. Las droguerías le mandan mercancía cada vez en menor cantidad y cada vez con menos regularidad.

“A veces nos llegan diez cajas, cinco cajas y hasta una caja. Esto es horrible. Mandan muy poco y la demanda es muy alta. Ya no nos distribuyen como antes ni la gente compra como antes, porque cuando te quedan tres cajitas te desesperas”, dice Sánchez.

Hercilia Garnica lleva dos semanas recorriendo ocho y nueve farmacias diarias, sin encontrar ninguno de los fármacos de su mamá, Nely Meza, de 80 años. Ella es hipertensa, toma medicamentos para la arritmia, ácido fólico, un ansiolítico y un inductor del sueño. “Estamos seguros de que la situación del país y la emigración de sus nietos le produjeron angustian, ansiedad e insomnio”, relata Garnica.

Visita las farmacias en las mañanas, antes de entrar al trabajo, luego en la hora de almuerzo y al salir de su oficina, al final de la tarde. Cuenta que en una ocasión le pidió a una amiga que vivía en España que le comprara en antihipertensivo y se lo enviara con un conocido. Su hermano, que vive fuera del país, hizo la transferencia en euros al contacto en España.

Aunque son previsoras y no esperan que se acaben las pastillas, Garnica asegura que en los últimos dos meses la situación ha empeorado y ahora en las farmacias no le dan esperanzas de cuándo les pueden llegar los medicamentos. Por ello también ha recurrido a Facebook y Twitter para ver si por esa vía alguien se las consigue.

“No hay nada de psicotrópicos ni antihipertensivos. El martes llamé y fui a varias farmacias, ocho en total, y nada. Por redes sociales un par de personas me han donado algunos pero me faltan los más importantes. Hace poco me contactó una persona desde Miami, que sabe de una  farmacia latina que vende medicamentos sin receta médica, y que se encarga del envío puerta a puerta, no sé el costo porque la transferencia es en dólares”.

Iniciativas de venezolanos en el exterior, para el envío de medicinas al país, han surgido en los últimos meses. La Coalición de Organizaciones por el Derecho a la Salud y la Vida (Codevida), recibió el 12 de enero un donativo de la Asociación Civil Venezolanos en España, de 16 bultos con medicamentos de todo tipo, esenciales, para distribuirlos en el país.

Francisco Valencia, presidente de la organización, explicó que las están entregando en calidad de donaciones a través de otras ONG aliadas y casos de emergencia que les han llegado. Esperan recibir cuatro toneladas más en las próximas semanas, de otras asociaciones del exterior, donde además de analgésicos, antihistamínicos, antipiréticos, antialérgicos y pañales para adultos habrá medicamentos de alto costo e insumos médicos.

Desde enero de 2014 un grupo de exministros de Salud y especialistas, así como la Sociedad Venezolana de Salud Pública y la Red Defendamos la Epidemiología estaban alertando sobre la existencia de una crisis humanitaria en salud.

José Félix Oletta, uno de ellos, sostiene que esta declaratoria es pertinente pero debió ocurrir antes. “Esto se ha podido prevenir y tomar decisiones adecuadas. Nuestra declaratoria de hace dos años sigue vigente porque los problemas se han agravado. Hablar de crisis humanitaria no es exagerado”.

Con él coincide Marianella Herrera, directora del Observatorio Venezolano de Salud y médico nutriólogo. Aclara que esta crisis no comenzó hace un mes ni dos, y que no solo está comprometiendo la salud de las personas sino la vida.  

“Un alimento tan importante como las caraotas (judías) dejó de consumirse hace años no por la escasez actual sino por el costo de la bombona de gas. La gente dejó de comerlas porque gastaba mucho gas en su preparación. Ahora es porque no hay y si hay son muy costosas. Un plato típico del desayuno de los venezolanos era una arepa con caraotas y queso. Ahora el desayuno clásico es arepa con margarina o con mayonesa. Si dejas de consumir hierro, ácido fólico y los flavonoides de las caraotas ya no estás viviendo, estás sobreviviendo, estás consumiendo calorías para mantenerte vivo”, sostiene la especialista.

Por ello asegura que el país está en una crisis humanitaria “porque las necesidades básicas de los venezolanos han mermado”. No se consiguen los alimentos para comer balanceado y evitar la diabetes y si tienes la enfermedad, tampoco puedes conseguir los medicamentos para controlarla, detalla la directora del Observatorio Venezolano de Salud.