Francia

La confesión de Nicolas Sarkozy: todos sus arrepentimientos

Las memorias del expresidente buscan suavizar su imagen y presentan un posible programa electoral.

El ex presidente francés Nicolas Sarkozy firma ejemplares de su libro

El ex presidente francés Nicolas Sarkozy firma ejemplares de su libro

La victoria no enseña nada. Su recuerdo se escurre rápidamente como la arena entre los dedos. Al día siguiente sólo queda “un gusto un poco amargo, como si nunca pudiera ser bastante completa, bastante total”. En cambio, la derrota es “rica en lecciones”. Y el expresidente francés, Nicolás Sarkozy, asegura en sus nuevas memorias que las ha aprendido todas. Que su fracaso en la segunda vuelta de las presidenciales de 2012 frente a François Hollande, le ha “enseñado mucho”, le ha hecho ver sus errores y cambiar.

Con el título de Francia de por vida, el nuevo libro de Sarkozy, publicado este 25 de enero, se presenta como un intento de analizar, de forma “casi quirúrgica”, lo que hizo mal durante sus cinco años de presidencia y durante la campaña de 2012. El expresidente francés entona su mea culpa. “Fue un error”, es la frase que más se repite en sus páginas. Aunque Sarkozy asegura que no está lanzando su candidatura para las elecciones de 2017, sus memorias funcionan como un intento de suavizar su polémica imagen arrogante y agresiva y también como un programa político para los próximos años.

El expresidente proclama que ha vuelto porque Francia está sufriendo a causa de las políticas socialistas, que han supuesto un aumento de impuestos de 48.000 millones de euros desde 2012; porque la influencia del ultraderechista Frente Nacional no ha parado de crecer “hasta límites inimaginables”; y porque su partido, refundado con el nombre de Los Republicanos, se desangraba por las luchas internas. Pero también confiesa que le encanta el contacto directo con la gente, la energía de las masas, la política y el poder.

“Cuando iba a aplaudir a mi mujer (la modelo y cantante Carla Bruni) en todos sus conciertos, estaba feliz por ella, orgulloso de que se realizara como artista, pero la sinceridad me obliga a reconocer que no era insensible a que su público me mostraba una simpatía calurosa” a la cual no podía ser indiferente, explica Sarkozy. “No he podido. No he querido. He vuelto”, admite. Lo que le seduce de la política es que se trata de “la quintaesencia de la vida”. “La política es la vida bajo una lupa de aumento. Son las emociones de todos los días vividas diez veces más intensamente (...) El poder no es otra cosa que la vida acelerada”, señala.

Sarkozy asegura que los periodos de calma son “complejos” para él y que lo que realmente le estimula es la dificultad, así que se vende como alguien “útil en los tiempos de crisis” como las que “se perfilan en el horizonte” de Francia y de la UE. Estas son las principales cosas de las que Sarkozy se arrepiente durante su mandato (y que da a entender que no repetirá si vuelve al poder).

Ser demasiado arrogante

“El fracaso me ha enseñado mucho (...) Me ha convencido también de adoptar una actitud más modesta, en todo caso menos arrogante que la que tenía demasiado a menudo antes”, escribe Sarkozy. El líder de los conservadores franceses se arrepiente especialmente de haberle dicho “lárgate, pobre imbécil” a un ciudadano que no quiso saludarle durante un acto público en 2008. “Aunque fuera humana, mi reacción fue inapropiada. He aprendido a mi pesar que tener carácter no autoriza a todo”, se justifica. “Me hizo falta más tiempo del razonable para domar mi temperamento y aclimatarlo a las exigencias de la presidencia”, insiste.

El expresidente francés intenta también desmontar la imagen de persona “brutal” que según él han construido sus detractores. Alega que a menudo sus interlocutores han confundido su “franqueza” a la hora de expresar sus opiniones con agresividad. “Brutal nunca lo he sido. Autoritario, sí, es cierto. Pero en un país que conoce tal déficit de autoridad, si además le falta también al presidente, ¿dónde vamos?. “La edad me aporta algo que me ha faltado durante mucho tiempo y ahora me resulta precioso, la serenidad”, afirma.

Haber dado la imagen de nuevo rico

Sarkozy fue bautizado despectivamente como el presidente bling bling por su ostentación de nuevo rico. Aunque en su libro asegura que se siente a gusto entre empresarios y que no entiende cómo el presidente Hollande dice que no le gustan los ricos, admite que cometió dos errores al principio de su mandato que marcaron su imagen. En primer lugar, se arrepiente de haber celebrado su victoria en las elecciones de 2007 en el restaurante de lujo Le Fouquet’s. Alega que hay otros sitios más caros y prestigiosos en París, que lo eligió porque estaba cerca del lugar en el que daría su primer discurso como presidente y que apenas estuvo allí. “No medí el alcance simbólico de ese lugar y no me expliqué a tiempo”, reconoce.

También lamenta haber pasado cinco días en el yate del empresario Vicent Bolloré. Asegura que su objetivo era tratar de salvar a su familia, ya que su exmujer, Cecilia, le acababa de pedir el divorcio. Bolloré era un amigo desde hace 30 años sin contratos con la administración pública, sostiene. “Fue un error de juicio incontestable. Todavía hoy me pregunto cómo pude cometerlo”, confiesa.

El retraso en las reformas

Sarkozy sostiene que, pese a la crisis financiera que estalló en 2008 y a la resistencia de los sindicatos, puso en marcha durante su mandato reformas importantes como la de las universidades, la judicial, la de las pensiones, o la que instauró los servicios mínimos durante las huelgas de transportes. “En cinco años, Francia nunca nadó a contracorriente en Europa”, alega en un ataque nada velado a las políticas de Hollande, en particular el aumento del número de funcionarios y la subida de los impuestos a las empresas.

“Hoy lamento haber retrasado reformas que tendrían que haber sido emprendidas desde los primeros días de mi quinquenato”. El expresidente cita en concreto entre las prioridades que no llevó a cabo la abolición de las 35 horas semanales, la rebaja de las cotizaciones sociales o la reducción de la burocracia para los empresarios.

Así, frente a los que han criticado por ser un ‘hiperpresidente’, Sarkozy dice que se limitó a asumir sus responsabilidades. “La democracia tiene necesidad de liderazgo, ningún sistema o colectividad humana puede funcionar sin un jefe”, argumenta. “Si hoy, con la distancia, tengo que hacerme algún reproche o lamentar algo, no es haberme metido en el detalle de la acción de los ministros sino al contrario, no haber hecho bastante, descuidando demasiados dominios donde las reformas tendrían que haberse llevado a cabo con más energía”.

No haber mostrado su amor por la cultura

El expresidente reconoce que sus enemigos han tenido éxito a la hora de hacerle pasar por un hombre “brutal e inculto”. Pero dice que la culpa es suya. “Mi error es no haber evocado nunca en público la verdadera pasión que experimento desde hace mucho tiempo por todo lo que se refiere al arte en general y al cine, la literatura y la pintura en particular. Es tan importante a mis ojos que durante mucho tiempo consideré que hablar de ello sería una forma de impudor”, se explica.

Haberse resistido al matrimonio gay

Sarkozy había prometido derogar la ley de matrimonio homosexual aprobada por François Hollande, al que sigue acusando de dividir a la sociedad francesa sobre esta cuestión, pero en su libro dice que no lo hará. “Es un punto sobre el que, lo asumo, he evolucionado”, alega. Lamenta no haber cumplido su compromiso de poner en marcha la unión civil para los gais durante su mandato y se declara “muy impresionado” por el referéndum irlandés sobre el matrimonio homosexual.

En el libro relata la conversación que mantuvo sobre este tema con el papa Benedicto XVI. Le dijo que si la homosexualidad era un pecado, la heterosexualidad debería ser considerada como una gracia o una buena acción. Y eso sería injusto, según Sarkozy, porque por ejemplo en su caso no tenía ningún mérito particular, ya que desde siempre ha preferido a las mujeres. El papa emérito le contestó que por eso pedía a la Iglesia “mucha comprensión e indulgencia” ya que estas cuestiones provocan “mucho sufrimiento”.

No haber sido agresivo en el último debate

La campaña presidencial de 2012 fue muy dura y Sarkozy se sintió solo, ya que muchos de sus colaboradores perdieron la fe en la victoria por las malas encuestas, según relata en su libro. La puntilla la puso su mala actuación en el debate con Hollande entre las dos vueltas. El expresidente Valéry Giscard D’Estaing le llamó para aconsejarle que no respondiera a los ataques personales ni a las provocaciones y que mostrara su “humanidad” y él siguió su consejo.

“Fue un error porque desestabilizó a muchos de mis partidarios. Me esperaban como el candidato combativo, nuevo y enérgico y en su lugar yo intentaba parecer presidencial, tranquilo, calmado”, afirma. Aunque en varios pasajes de sus memorias resalta que su vuelta a la política no responde a un deseo de venganza o revancha, Sarkozy no pierde ninguna oportunidad de arremeter contra Hollande, no sólo por sus políticas sino también por su personalidad. “Conozco su habilidad para manipular y preparar trampas. Sé cómo sabe disimular, enmascarar, a veces incluso travestir la verdad. Pero no siento ninguna enemistad hacia él”, dice.

Buscar a los votantes del Frente Nacional no es un error

Sarkozy defiende en su libro su política de desplazar su partido hacia la derecha en cuestiones como la inmigración o la seguridad, especialmente tras los atentados de París, con el fin de recuperar a los votantes del Frente Nacional. “La gran mayoría de votantes del Frente Nacional son personas que sufren en su vida cotidiana o por ver en qué se ha convertido Francia. No se responde al sufrimiento con el desprecio, la exclusión o las lecciones de moral”, alega.

Por eso, en su libro el expresidente francés rechaza cualquier tipo de gran coalición en Francia para detener al partido de Marine Le Pen. “Esta mezcla de géneros sólo puede conducir a compromisos frágiles sin ningún resultado tangible. Además, esta actitud abriría un bulevar al Frente Nacional, que se convertiría en el único que encarnaría una auténtica alternancia”, señala. A su juicio, la gran coalición que dirige Angela Merkel en Alemania, por la necesidad de consenso, “ha eludido decisiones necesarias pero que generan división”. Las grandes reformas que han convertido a Berlín en una gran potencia, sostiene Sarkozy, se llevaron a cabo durante el gobierno monocolor socialdemócrata de Gerhard Schröder.