Operación Pompeya II

Escuchas de la UDEF: "Envía fotos de morenitas para ir al Villamagna con un político muy importante"

Las escuchas revelan que el político pertenecía al equipo de Ana Botella: "Así que a tratarle bien, que igual que nos beneficia nos puede perjudicar".

Operación policial en el marco de la Operación Pompeya.

Operación policial en el marco de la Operación Pompeya.

El 'caso Pompeya' ha destapado la mayor trama de blanqueo de dinero y fraude fiscal nunca antes investigada en España en torno a cinco organizaciones que controlan una veintena de los principales prostíbulos distribuidos por todo el país. Más de 60 personas fueron detenidas. La Policía investiga, además, presuntos delitos contra los trabajadores, como explotación sexual y prostitución.

Del sumario se desprenden las relaciones que mantenían los responsables de los clubes investigados con diversas personalidades, como futbolistas, funcionarios o políticos.

El juez de la Audiencia Nacional que instruye la causa, Fernando Andreu, ha recibido los informes de los investigadores. En ellos figura la conversación que mantuvieron dos personas de máxima confianza del propietario del club Vive Madrid -Ángel Crispín Gilaranz- que trabajan en el establecimiento.

Todos ellos fueron detenidos en junio de 2015 y puestos en libertad poco después, aunque siguen siendo investigados. "Envía unas fotos de chicas morenitas, negras, para ir a trabajar al Villa Magna (hotel) -comentan en la conversación-, que es para un político muy importante, que le mande un par de ellas para que elija y las lleven". Este es el extracto de una conversación fechada la madrugada del 27 de marzo de 2015 entre Francisco José Donate y Miguel Ángel Bonache, socios en alguna de las sociedades gestoras del Vive Madrid.

Según la Unidad de Delincuencia Económica y Fiscal de la Policía (UDEF), su función dentro de la organización es la de relaciones públicas, "tal y como ha quedado patente a lo largo de las observaciones telefónicas". Ambos se encuentran un escalón inferior a Crispín Gilaranz en la organización.

Francisco José Donate llama a otro encargado del club y le pregunta "cuál le parece que tiene más clase de las que le ha mandado". Pedro L. B. le dice que la segunda. "Entonces que esté en el Villa Magna a la una y cuarenta y cinco, que vaya en taxi o que le lleve un portero -especifica Donate-. Son 600 euros, pero ella no tiene que cobrarlo. Ya lo cobro yo".

"A tratarle bien"

Donate da un paso más allá y confiesa a su interlocutor quién es el político que requiere los servicios de la chica: un alto cargo de la “Alcaldía de Madrid de Ana Botella”. “Así que a tratarle bien, que igual que nos beneficia nos puede perjudicar”, le advirtió en esa última llamada a la 1:30 de la madrugada del 27 de marzo de 2015. En esa conversación explican que la chica es de confianza y “apta para todo”.

En este caso, la prostituta no cobró el servicio porque fue uno de los responsables del club quien prefirió encargarse en primera persona de resolver con el político la parte económica.

Según explica la UDEF en un informe, esta conversación muestra el régimen de subordinación y acuartelamiento existente entre el empresario y la prostituta, supuestos necesarios para que se pueda producir un delito relacionado con la prostitución.

"El funcionamiento de los clubes de alterne de media-alta gama (macro prostíbulos en el caso del Vive) se ha convertido en los últimos años en el modelo más sofisticado de explotación sexual ajena, con una disminución de efectos colaterales para quienes los explotan, habida cuenta de la evolución de la lucha contra estas actividades", sostienen los investigadores.

Desde hace años, la Policía observa que por parte de las personas u organizaciones criminales que explotan clubes de alterne ha habido un cambio de procedimientos: “Se tiende a una 'actividad' si se quiere más dulcificada, pues se ha pasado de obtener el beneficio de forma 'torpe' a través del porcentaje directo sobre el 'servicio sexual' de la mujer alojada a cobrar por el número de veces que ésta hace el pase o servicio, percibiendo el ingreso directo del uso de la habitación”.

Además, la mujer debe pagar por diferentes conceptos como hospedarse, salidas, taquillas o luz, generando así una deuda entre las mujeres y el establecimiento. Por parte del club, se busca que la mujer haga el mayor número de pases -cada vez que la mujer ocupa una habitación- diarios: "Esa es parte de la ganancia de los explotadores del local".

Además se les cobra el "kit higiénico", que cambia el precio dependiendo de si el pase es de media hora o de una hora: "Esto implica que se trata realmente de un encubrimiento del lucro porcentual que obtiene la organización criminal de la prostitución de las mujeres en su club", recoge uno de los informes aportados a la causa.

"Hay que chuparla sin preservativo"

Además de la subordinación entre las chicas y el empresario, los investigadores hacen hincapié en las instrucciones impartidas por parte de la organización sobre cómo las mujeres deben desarrollar su actividad sexual en el local -en este caso, el Vive Madrid-. Se les impone que realicen variantes en sus actos sexuales, "posiblemente contrarios a su voluntad".

Esta conclusión la obtienen los agentes de varias conversaciones. En una en concreto, un trabajador informa a Gilaranz de una charla mantenida con las chicas del club: "Ya les hemos dicho que hay que chuparla también sin preservativo -explica-. De eso sí se han enterado. Por lo demás, normal todo".

"Es evidente que la organización obtiene un beneficio económico directo de la explotación de la prostitución de las mujeres habida cuenta del interés de los somos por el número de pases realizados por las mismas, así como por otros conceptos", explica la UDEF.

Las conversaciones reflejan, además, el número de pases realizados por las mujeres: "Paco informa a Gilaranz que lleva 82 (en referencia a pases o servicios sexuales) y que una de las habitaciones es buena porque lleva 3 botellas de champán", recogen los agentes.