LA CELEBRACIÓN DE DOS TRIUNFOS

Agudeza visual: siete diferencias y una similitud entre dos balcones de la calle Génova

Como en los pasatiempos de los tebeos, el lector podrá detectar las siete diferencias y la única similitud incluso con menor agudeza visual y auditiva de la que habitualmente era necesaria.  

Las siete diferencias y la única similitud entre dos balcones de Génova

Las siete diferencias y la única similitud entre dos balcones de Génova

  1. Mariano Rajoy Brey
  2. PP Partido Popular
  3. José María Aznar
  4. Resultados electorales

La noche del 3 de marzo de 1996, José María Aznar ganó por 290.000 votos a Felipe González, pero los 156 escaños que conquistó el Partido Popular entonces fueron insuficientes para colmar las expectativas de su líder. Veinte años después, en las elecciones del 26 de junio de 2016, el Partido Popular amortiguaba el zarpazo de la izquierda y apenas retuvo en el Parlamento 137 diputados. Consiguieron un millón ochocientos mil votos menos que veinte años antes, pero por la imagen que se proyectó desde el mismo balcón, el de la calle Génova número 13, parecía que se celebraba el mayor triunfo electoral de un partido político.

La vestimenta, los acompañantes, los himnos, los militantes, las primeras damas... dos momentos únicos para dos etapas únicas. EL ESPAÑOL ha comparado el saludo de los líderes del PP ante sus militantes en sendas victorias electorales y ha encontrado siete diferencias y una única similitud que el lector podrá detectar con menor agudeza visual y auditiva de la que habitualmente es necesaria en los pasatiempos de los tebeos.

1. El discurso

Decepcionado por no haber conseguido la mayoría absoluta, José María Aznar ofreció un escueto discurso que sintácticamente era incomprensible porque el apoyo de los militantes a un partido ni se comprende ni se comparte. "El Partido Popular ha ganado las elecciones. Quiero deciros que comprendo, y no solamente comprendo, sino que comparto y agradezco vuestro apoyo, vuestro ayuda y vuestro entusiasmo", dijo textualmente.

Estas palabras sin sentido que entonó el entonces líder del PP desde el balcón a los cientos de simpatizantes que se agolpaban en los aledaños de Génova, muchísimos más que el 26J, choca frontalmente con el mensaje triunfalista que transmitió Mariano Rajoy desde el mismo balcón veinte años después con 19 escaños menos.

"Habéis ganado las elecciones porque habéis tenido fe en la victoria". De esta frase, escuchada en Génova casi a las doce de la noche del ya 27 de junio de 2016, el lector podría sacar la conclusión de que el PP va a poder gobernar sin necesidad de pactar con ningún otro partido. Un discurso que se aleja demasiado de la realidad, ya que si el PSOE no se abstiene en la sesión de investidura difícilmente Rajoy podrá continuar en la Moncloa. "Me dicen aquí que recuerde que hemos ganado las elecciones. Bien, oye, hemos ganado, oye, es verdad. Bueno, amigos y amigas, hemos ganado las elecciones, reclamamos el derecho a gobernar precisamente porque hemos ganado las elecciones" dijo ante su público, como queriéndose convencer a sí mismo de que efectivamente el Partido Popular había sido la lista más votada del 26J y el único líder con posibilidades para formar gobierno era él.

El propio Rajoy reconocía que era el "discurso más difícil" de su vida, quizá porque todas las encuestas previas le vaticinaban un retroceso electoral y descender hasta los 120 escaños. Las aspiraciones del actual líder del PP, que un pacto de izquierdas no le echen de la Moncloa, distaban mucho de la ambición de José María Aznar, que no se conformó con vencer por la mínima a Felipe González como lo hizo, sino que su triunfo hubiera sido ganar por mayoría absoluta. "Habéis ganado las elecciones", dijo entonces el líder del PP, convirtiendo su victoria en el triunfo de sus militantes.

2. El semblante de los líderes

El semblante de los dos líderes es otra de las diferencias más destacable de los dos balcones. Aznar, extremadamente serio, no aplaudió cuando el público le jaleaba ni dio alguna señal de satisfacción, por mínima que fuera. El 26J Rajoy apareció con una sonrisa perenne en la cara que mantenía mientras le escapaba alguna carcajada; abrazó a su equipo más cercano como símbolo de la victoria y aplaudió a rabiar hacia su público, a sus simpatizantes, a quien regaló algún que otro salto cuando le pedía a voces que botase. 

El actual presidente de Faes no se quitó la corbata ni la chaqueta para saludar a sus militantes. Era la imagen de alguien que aspiraba a convertirse en presidente del Gobierno esa noche. Veinte años después, Rajoy aparecía tras el cierre del escrutinio como un presidente que no se creía que podría volver a ser presidente: con la camisa remangada por los codos, más propio del estilo Pablo Iglesias que el de un jefe del Ejecutivo que confía en su victoria. Como si poner o no poner el balcón de Génova para saludar a sus fieles hubiera sido una decisión de última hora.

3. Los acompañantes en el balcón

El escuálido triunfo de Aznar se ejemplificó en los dirigentes que acompañaron a su líder en el saludo desde el balcón. El entonces presidente del PP apareció únicamente arropado por su esposa, Ana Botella, y sus tres fieles escuderos: Francisco Álvarez-Cascos, Rodrigo Rato y Mariano Rajoy, que se situó en una esquina y saludaba con la timidez que escondió en la celebración de su propia victoria veinte años después.

En la fotografía del balcón de junio de 2016 no cabía nadie más. Por salir, salieron todos los que apenas unas horas antes reconocían en privado que Pablo Iglesias podía ser presidente del Gobierno. De izquierda a derecha: Pío García Escudero (presidente del Senado); los vicesecretarios Andrea Levy, Javier Arenas, Fernando Martínez-Maillo; la vicepresidenta Soraya Sáenz de SAntamaría; su esposa, Elvira Fernández; la secretaria general, María Dolores de Cospedal; la presidenta de la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes; los vicesecretarios Javier Maroto y Pablo Casado y el portavoz del PP en el Parlamento Europeo, Esteban González Pons. También estuvieron, aunque la fotografía no los recoge, el jefe de campaña, Jorge Moragas; y el ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, protagonista del último escándalo que hizo enmudecer al partido solo unos días antes de los comicios.

4. Las primeras damas

No faltaron las primeras damas en los balcones. Aznar contagió a su esposa el malestar por unos resultados todavía insuficientes para un aspirante a presidente de Gobierno. Botella lucía un traje de chaqueta azul propio de una señora de Estado y el semblante serio, muy serio. Mientras su esposo agradecía en ese escueto mensaje que nadie supo entender la confianza de sus militantes, Botella se atusaba el pelo y se colocaba la chaqueta, como si por los nervios de la noche y la extraña victoria no supiera qué hacer. Ni saludó ni sonrió. Solo levantó la mano derecha cuando su esposo se la cogió, junto con la de Álvarez Cascos, apenas unos segundos, como símbolo del triunfo. 

Viri, como conocen en la intimidad a la esposa de Rajoy, tampoco podía contener la sonrisa en el balcón y dio muestras de cariño a la vicepresidenta Sáenz de Santamaría, que la tenía justamente a su derecha. La esposa del actual líder del PP aplaudía y aplaudía hasta que su marido le propinó un beso solo comparado al beso que Iker Casillas le dio a Sara Carbonero cuando España ganó el Mundial en Sudáfrica. Tampoco después pudo contenerse y saludó a los simpatizantes, haciendo suya la victoria del partido. 

5. El himno y los militantes

Pese a que Aznar no consiguió vencer por mayoría absoluta, la calle Génova se abarrotó de simpatizantes que la madrugada del 3 de marzo quisieron celebrar el triunfo del Partido Popular y la salida de Felipe González del Ejecutivo. Cientos de personas con enormes banderas de España y del partido esperaron durante horas al recuento y al posterior saludo de su líder. A las nueve de la noche del 26 de junio, en los aledaños de la sede del PP no había reunidas ni una veintena de personas.

Fue pasadas las diez y media de la noche, cuando el escrutinio dio como vencedor a Mariano Rajoy, cuando los simpatizantes comenzaron a llegar. A las doce de la noche, cuando hizo su aparición estelar Mariano Rajoy, se congregaban centenares de personas, pero muchas menos de las que seguían de cerca la primera aparición pública de José María Aznar tras vencer por primera vez en la historia a los socialistas. De fondo, en las dos ocasiones sonaba el himno del partido. Entonces, el himno puro y duro; ahora, su versión merengue con un DJ que amenizó la espera.

6. Los carteles

El faldón del balcón de Génova de hace veinte años recogía un mensaje muy claro: Aznar 96. A menos de dos metros, en la primera farola de la calle, un cartel con el rostro del líder del partido. Para el 26J, Mariano Rajoy renunció a empapelar las calles de Madrid con su rostro y en el balcón nada hacía presagiar que la victoria era suya. Un simple "gracias" para agradecer lo que parecía imposible esa noche: ganar catorce escaños más que en las elecciones de seis meses antes.

7. El papel de Rato y Fernández Díaz

En cada uno de los balcones aparece una persona crucial en el devenir de la historia del Partido Popular cuyos destinos se han cruzado en más de una ocasión. En el año 96, Aznar celebraba su victoria con uno de sus hombres fuertes, Rodrigo Rato, que aparecía en los carteles electorales haciendo tándem con su jefe y ya se le conocía como el sucesor natural del propio Aznar en la Presidencia del partido.

Quién le iba a decir entonces a Rato, cuando levantaba el puño en alto desde el balcón de Génova saboreando las mieles del éxito, que casi veinte años después, atrapado por los escándalos de corrupción, tendría que pedir consuelo en un encuentro privado al ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz.

En la imagen del 26J no se ve, pero Jorge Fernández Díaz también paseó por el balcón en un discreto segundo plano aunque no se asomó a saludar. Solo cuatro días antes de celebrarse las elecciones, se hicieron públicas unas grabaciones del ministro del Interior para intentar relacionar a determinados dirigentes independentistas con algunos escándalos. 

... y una similitud: de Rajoy a Rajoy

La única estampa que se repite en uno y otro balcón es una imagen, la de Mariano Rajoy. En 1996, el entonces vicesecretario aparecía en una esquina del balcón, con una poblada barba morena, escuálido, tímido. Ni siquiera él podía imaginarse que veinte años después sería él, Mariano Rajoy, quien volvería a levantar los puños en alto desde el centro del balcón para celebrar otra amarga victoria, la suya propia, la de un hombre que no quiere pasar a la historia como el primer presidente del Gobierno que no revalida su cargo y que hoy está más cerca que ayer de conseguir su objetivo.