MUERE FIDEL CASTRO

El pueblo de su padre se olvida de Fidel: solo 30 vecinos en su adiós

Unos 30 vecinos de Láncara acuden al homenaje al mandatario cubano en la casa de su padre. La prima de Castro, de 104 años, colocó una corona de flores en la puerta.

Manuela Argiz acudió al homenaje a su primo celebrado en la casa familiar de la localidad lucense.

Manuela Argiz acudió al homenaje a su primo celebrado en la casa familiar de la localidad lucense.

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El último adiós a Fidel Castro en Láncara (Lugo), la aldea natal de su padre, fue un sentido homenaje en el que participaron alrededor de una treintena de personas del municipio. Sumando periodistas, un total de cien personas acudieron a los restos de la casa que Ángel Castro Ardiz habitó a finales del siglo XIX. Una corona de flores apoyada en la puerta de los vestigios de la vivienda valieron para despedir al Comandante.

En un día señalado, en el que el mundo gira sus ojos hacia Cuba, algunos focos apuntaban hacia esta pequeña aldea de Galicia, de la cual Fidel se llevó algo más que recuerdos, como apuntó el alcalde de aquel entonces Eladio Capón, quien recibió al tercero de los hermanos Castro en su visita del año 1992.

Los asistentes han dejado una corona de flores ante la casa familiar.

Los asistentes han dejado una corona de flores ante la casa familiar.

“Le di un saquito de tierra de la zona”, recuerda. Capón presentó sus respetos ante los restos de la vivienda familiar de los padres del revolucionario cubano, recordando el momento en el que el hasta ahora mandatario cubano entró en la vivienda. “Se emocionó mucho al entrar en la casa. Él siempre me decía que se sentía como si fuera de esta tierra”, relató.

La presencia de la prima 

A sus 103 años, Manuela Argiz no es solo una de las más longevas de los 2.700 habitantes que residen en Láncara. Es además una de las dos primas vivas que le quedaban a Fidel Castro en Galicia. Arropada por Darío Piñeiro, el alcalde socialista de la localidad, y del exregidor Eladio Capón, la anciana mujer acudió al homenaje a su primo al exterior de la casa familiar de la pequeña localidad lucense. Llegó en la silla de ruedas que le lleva a todos lados desde hace ya tiempo, cuando ingresó en el geriátrico del pueblo. Pelo blanco, largo y recogido, ojos rasgados, bien abrigada con anorak y manta, Manuela fue la encargada de posar el ramo en la puerta de la casa de su tío Ángel. Todas las cámaras se dirigían a ella. “Nunca estuve tan arropada ni con tanta gente haciendo fotos”, destacó la mujer. 

En el homenaje a Castro participaron alrededor de una treintena de personas del municipio.

En el homenaje a Castro participaron alrededor de una treintena de personas del municipio.

Era día para recordar las vivencias, los momentos compartidos con la familia de los Castro. Eladio rememoró sus múltiples visitas a Cuba, el buen trato y el cariño que Fidel profesaba hacia las gentes de su aldea natal. “Estuve muchas veces en Cuba. En el año 92 fuimos hasta allá antes de que él viniera. En el 2001 me recibió en el Palacio de la Revolución. Lo recuerdo como alguien muy humano y cariñoso”. 

Con él, tanto Eladio como Carlos López, cuya casa en Láncara es una especie de baúl de los recuerdos repleto de fotos con el líder cubano, recalcaron la cercanía que siempre mostró hacia ellos. “Nos trataba como si fuéramos de la familia. Nos recibía siempre como si fuéramos jefes de estado. Nos sentaba a cenar con él. Me sentía muy a gusto, muy arropado. Recuerdo el año 2004, cuando una fiesta que tuvimos con él se alargó hasta las nueve de la mañana”. 

La vida sigue en Láncara

Ahora Eladio tiene 77 años. A principios de los 90, cuando inició su amistad con el líder revolucionario, rondaba los cincuenta. “Éramos jóvenes los dos”, bromea. Ahora, 20 años después, todos los recuerdos salían de golpe. Como el orgullo de Fidel por el pueblo de su padre. “Él se sentía muy orgulloso de su casita”. 

Quince minutos duró un acto en el que estuvieron presentes, sobre todo, las personas de Láncara que más trato tuvieron con el mandatario de La Habana. Ante los muros del hogar de los Castro, el alcalde de la localidad y los presentes volvieron a renovar su promesa de convertir el lugar, ya transitado por curiosos que se acercan al pueblo, en un museo dedicado a Fidel. El resto del pueblo dormía, o proseguía con sus quehaceres cotidianos.O se olvidaron del dirigente cubano o no se habían enterado. La vida sigue en Láncara.