Investigación judicial

La viuda coraje: 30 años buscando la verdad de los GAL

Laura Martín presenta testimonios clave para reabrir el caso del asesinato de Juan Carlos García Goena.

Laura Martín, viuda de Juan Carlos García Goena, última víctima mortal de los GAL.

Laura Martín, viuda de Juan Carlos García Goena, última víctima mortal de los GAL. Efe

"La Justicia se ríe de mí y de mis hijas, a la puta cara. Y pisotea la memoria de Juan Carlos, que es lo que más me duele". La resignación elevaba las palabras de Laura Martín, la última viuda de los GAL, pocos días antes de enterarse de la reapertura de la causa del asesinato de su marido, García Goena. La investigación que la propia Martín ha realizado en los últimos meses ha sido clave para que la Audiencia Nacional retomase la causa: ha localizado a las personas que las estructuras judiciales daban por "ilocalizables" y que podrían aportar algo de luz al caso.

"Llego hasta ellos porque tengo voluntad –apunta la mujer–. Quiero saber los entresijos del crimen, quién da la orden y por qué. Pero siempre pienso que alguien o algo no quiere que lo sepa, y que hace lo posible por obstruir el caso". No hay odio en su tono de voz, pero sí extenuación; agotamiento por intentar abrirse paso durante décadas entre las cloacas de un Estado malherido por los zarpazos de ETA, que trató de devolver los golpes a los terroristas con la misma moneda.

Aquel monstruo se llevó la vida de una treintena de personas. Entre ellas, la de Juan Carlos García Goena, que nada tenía que ver con la banda terrorista. Vivía en Hendaya con su mujer –embarazada, aunque sin saberlo– y sus dos hijas. El 24 de julio de 1987, estalló la bomba lapa adherida a los bajos de su coche que acabó con su vida. "Todavía escucho sus gritos, llamándome…". Laura Martín traga antes de reconocer la sensación de culpa que la persigue desde entonces. "Un vecino me paró y nunca llegué a estar con él. Todavía me lo reprocho".

Pero, para la viuda, hay una serie de nombres que deben dar respuesta a aquellos acontecimientos: "El señor [Felipe] González, el señor [José] Barrionuevo, el señor [Julián] San Cristóbal, el señor [Rafael] Vera…", recita del tirón. "Llevo años pidiendo un reconocimiento público de lo que pasó", apunta Martín. Pero, ante la falta de ese reconocimiento, la mujer lucha por saber la verdad; al menos, de su caso.

Una fotografía en manos de los GAL

Junio de 2012. El juez Pablo Ruz reabre el caso por el asesinato de Juan Carlos García Goena, que llevaba cerrado desde 2001, tras la publicación de una serie de informaciones en el diario El Mundo. En ellas se revelaba que los GAL tenían en su posesión una fotografía de la familia Goena Martín tomada en un estudio de Hendaya, Foto Patxi. "Recuerdo perfectamente el nombre del sitio y el momento en el que la hicimos", señala la mujer. Lo que ella no sabía era que una de esas instantáneas fue a parar a manos de los Grupos Antiterroristas de Liberación; un dato que propició la reapertura del sumario.

¿Por qué reaparece la foto 25 años después? Pues no lo sé. Es que estoy siempre igual, nadie me aclara nada.

"¿Por qué reaparece la foto 25 años después? Pues no lo sé. Es que estoy siempre igual, nadie me aclara nada", lamenta Laura Martín. "Es increíble, pero, a este Patxi, la Justicia no era capaz de localizarlo –relata–. Tuve que hacerlo yo, en Bayona: Llamé a mi abogado para decirle que lo había visto a tal hora y en tal sitio, con un coche con tal matrícula. A partir de ahí se le pudo encausar como imputado".

Aquella situación derivó en el careo que, el 17 de octubre de 2014, mantuvieron el fotógrafo y la viuda en una sala de la Audiencia Nacional. "Cuando le vi, me preguntaron: '¿Usted reconoce a este señor?'. 'Pues su físico me es familiar', respondí. Qué iba a decir 25 años después. Él me decía que le estaba acusando, pero no es así; yo le dije que sólo quería que me ayudase a esclarecer el caso".

El sumario quedó sobreseído en octubre de 2015 tras no obtener pruebas concluyentes. Pero Laura Martín encontró algunos cabos sueltos: Patxi A. mencionó a dos personas en su declaración -Serge M- y Michelle L.-, que se hacían cargo de la tienda cuando él no estaba presente. Un camarero de la zona y otro fotógrafo. "¿Quién sabe? –se pregunta la mujer– Quizá fueron ellos los que pasaron la foto". Sin embargo, como ocurrió en su día con Patxi A., la Justicia apuntó la dificultad de dar con su paradero. "Pero yo he encontrado a uno de ellos. Tengo hasta una foto suya".

Por eso, poco después del cierre del caso en octubre de 2015, Martín remitió las pruebas y solicitó una nueva reapertura. Ya desesperanzada, este jueves recibió un correo de su abogado, Javier Gómez de Liaño, en el que le anunciaba la noticia. "Estoy como loca de contenta", comentaba entonces, como contó en exclusiva EL ESPAÑOL. Esto es importante, asegura, "no solo para mí, sino también para mis tres hijas y mis nietos".

Laura Martín y Juan Carlos García Goena celebran con su hija el primer cumpleaños de esta.

Laura Martín y Juan Carlos García Goena celebran con su hija el primer cumpleaños de esta.

El asesinato de Juan Carlos, ¿un error?

Laura Martín busca respuestas, pero a medida que avanza en su investigación también crecen sus dudas. ¿Quién asesinó a su marido? ¿Quién dio la orden de hacerlo? Pero el interrogante en el que envuelve todas sus dudas se resume en dos palabras: ¿Por qué? Los primeros años tras el asesinato, Laura los pasó "en un agujero" marcado por "el odio": "Después aprendí que eso no es vivir ni es nada", señala. "Ahora, lo único que quiero es saber la verdad, descubrir el motivo por el que lo mataron", considera.

Algunos dicen que en realidad querían matar a este hombre y que, por error, mataron a mi marido.

Pero las diferentes versiones que ha escuchado desde 1987, año del atentado, la han confundido "todavía más": "No sé si querían ir a por él o no -apunta, resignada-. Muy cerca vivía un miembro de ETA, Juan Bautista Argote, que un mes antes había sido entregado a Francia. Algunos dicen que en realidad querían matar a este hombre y que, por error, mataron a mi marido".

Para Laura Martín, no obstante, hay datos que la inducen a pensar que el objetivo del crimen fue premeditado: "Los datos los podían obtener fácilmente, porque en la empresa en la que trabajaba, Transfesa, colgaba los horarios de los empleados el día anterior. Y eso era importante, porque la bomba se la tenían que colocar debajo del coche. La lista no daba lugar a dudas: ahí ponía el nombre de Juan Carlos García Goena", considera.

Además, hay otro nombre que para Laura supone una pieza del rompecabezas: Pierre, un policía francés que algunas personas del entorno de los GAL también citan con frecuencia. Según aseguran, este hombre estaba destinado en la oficina en la que todos los españoles que vivían en Francia debían renovar sus papeles. Pierre habría colaborado en la llamada guerra sucia contra ETA facilitando domicilios postales y otros datos.

"Entre esos documentos, había varios manuscritos con varias direcciones y entre ellas figuraba el de Juan Carlos García Goena. La matrícula de su coche y varias direcciones, no sólo en la que vivíamos entonces", asegura Laura Martín. ¿Dónde está ahora ese hombre? "He estado hablando con él, el 8 de enero, hace un par de semanas", desvela, antes de explicar como fue aquel encuentro. "Fui a Baiona. Le dije que quería hablar con él. Me dijo que no, que todo aquello había pasado… y yo insistí. Él lo negó con su mujer al lado. Le dije que tenía las copias y le dejé mi número de teléfono, para que me llamase si quería decir algo".

Contactos con otros miembros de los GAL

Juan Carlos y Laura se conocieron en la sala Sunday de Beasain. La misma en la que ETA asesinó, en julio de 1979, a un camarero, Jesús María Colomo Rodríguez. "Era súper amigo mío", lamenta la viuda. A las puertas del local también mataron a un guardia civil y su novia, Antonio Ramírez Gallardo y su novia, Hortensia González Ruiz. Aquello ocurrió seis meses antes del asesinato del camarero.

Esos recuerdos se le entremezclan a Laura con una melodía, Hotel California, de la banda estadounidense Eagles. La misma que sonaba cuando Juan Carlos -aquel "tío jatorra", como se les llama en el norte a las personas auténticas, buenas-, le pidió bailar por primera vez. Desde entonces, la vida de aquellos dos jóvenes de 17 años quedó unida para siempre.

¿Cómo no voy a luchar por saber lo que de verdad ocurrió? Llegaré donde tenga que llegar.

"¿Cómo no voy a luchar por saber lo que de verdad ocurrió?", pregunta la mujer. "Llegaré donde tenga que llegar", asegura. Y ese horizonte difuso pasa por algunos malos tragos, como los encuentros que ha mantenido con otros miembros de los Grupos Antiterroristas de Liberación.

Uno de ellos es Daniel Aceña, condenado por el asesinato del francés Jean Pierre Leiba, que trabajaba en la misma empresa en la que García Goena. "Conseguí su número de teléfono [el de Aceña] y le llamé un 24 de julio [fecha del aniversario del asesinato de Juan Carlos]. Creo que era en 2007. Le dije quién era y le pregunté si no había llegado ya el momento de contarme lo que pasó -detalla-. Durante muchos 24 de julio le llamaba y la preguntaba si sabía qué fecha era. '¿Ha llegado el momento de decirme la verdad?', le insistía. Él me respondía que no, que tenía una familia".

Aunque la relación más intensa que mantiene la viuda de García Goena con un antiguo miembro de los GAL es con José Amedo, ex policía que ya cumplió condena por su implicación con estas agrupaciones. Durante los primeros años, Laura Martín estaba convencida de su vinculación con el crimen, idea que abandonó hace tiempo por la colaboración que el ex agente ha mostrado en diferentes declaraciones judiciales. "Me ha prometido varias veces que haría lo posible por aclarar lo que ocurrió -reconoce-. Ha aportado muchos datos, quizá todos. Si ahora tiene algo que decir, tiene una oportunidad".

Laura recuerda un nombre detrás de otro: el del fotógrafo Patxi y el de sus compañeros Serge y Michelle; el de los ex miembros del GAL, Daniel Aceña y José Amedo; el de Pierre, el policía francés... "La reapertura del sumario es una gran noticia -celebra la viuda-. Quién sabe si alguno de todos ellos se pone nervioso y da algún detalle que todavía no conozco". Contenta por ello, pero también abatida, admite que no sabe si algún día sabrá la verdad. Y, mucho menos, si se hará justicia. Entonces respira, coge aliento y lanza su particular declaración de intenciones: "Pero nunca me cansaré. Me lo debo a mí, a mis hijas y a mis nietos".