TENIS

El idiota de Cartman, una historia de amor y lo impensable en Wimbledon

El británico Marcus Willis, que aparcó la idea de retirarse e irse a trabajar como entrenador a Estados Unidos después de conocer a su novia, se cita con Roger Federer tras ganar por primera vez un partido en el circuito profesional.

Marcus Willis celebra su victoria con sus familiares y amigos en Wimbledon.

Marcus Willis celebra su victoria con sus familiares y amigos en Wimbledon. Reuters

  1. Wimbledon
  2. Tenistas

De plantearse seriamente la retirada a citarse con Roger Federer en Wimbledon. De no ganar un partido a superar siete seguidos, incluyendo el debut en un Grand Slam. De dar clases a niños a enfrentarse a uno de los mejores jugadores de la historia en el escenario más prestigioso del tenis mundial. De ser apodado Cartman por su parecido físico con el personaje de South Park (con varios kilos de más) a ganarse el respeto y el aprecio de Gran Bretaña. De estar retirado a tocar el cielo. Tras el triunfo de Marcus Willis en la primera ronda de Wimbledon (6-3, 6-3 y 6-4 a Ricardas Berankis), una historia increíble, casi un cuento escrito por alguien con mucha imaginación.

La vida puede cambiar en un minuto y de forma inesperada. Dando un paseo por las calles de Londres antes de subirse en un taxi tras una cita romántica, Willis (ahora mismo el 772 en la clasificación ATP) mantuvo una conversación con Jennifer Bate, una dentista madre de dos hijos (soltera) que acababa de conocer. Aquella noche marcó el futuro personal y profesional del jugador británico: de allí salió con novia (su actual pareja) y también con el impulso necesario para aparcar una idea que tenía casi tomada.

Willis, de 25 años, llevaba tiempo dando clases de tenis en el Warwick Boat Club porque su carrera estaba en punto muerto: sin victorias ATP, y con un solo torneo disputado en 2016 (un ITF en Túnez), el británico tenía decidido irse a Philadelphia a trabajar como entrenador tras recibir un interesante oferta, cerrando así su discreta etapa profesional (llegó a estar entre los 300 mejores y ganó algún título menor). Las oportunidades en Estados Unidos, claro, son mejores que en Europa y no había forma más digna que esa para retirarse oficialmente, algo que ya había hecho tras acumular varios períodos de inactividad.

—Posiblemente, me tendré que ir a América muy pronto —le dijo Willis esa noche a su actual pareja, en palabras que recoge el New York times.

—Nos acabamos de conocer, no puedes irte así sin más —respondió ella, sorprendida por el intento de espantada.

—Soy jugador de tenis. Tengo que irme allí a dar clases —confesó él, desvelando una faceta de su vida que había mantenido oculta hasta ese momento.

“Y yo”, reconoció luego Bate, “pensé: ‘sí, claro, jugador de tenis”, añadió, señalando como una excusa el argumento de Willis para no volver a quedar con ella, imaginando una cortina de humo tras esas palabras. “Básicamente, ella me dijo que yo era un idiota, que debía seguir adelante”, confesó Willis, que encontró un pilar fundamental en su pareja para no sacar bandera blanca. “Le estoy muy agradecido por ello”.

SIETE TRIUNFOS SEGUIDOS Y UNA RECOMPENSA

En Londres, Willis recorrió un largo camino hasta ganarse la recompensa de jugar con Federer el próximo miércoles. El británico recibió una invitación para jugar la fase previa de Wimbledon al ganar tres partidos en una liguilla para jugadores británicos (conocida como pre-previa). Después, y con el único objetivo de disfrutar del escenario sin hacer el ridículo, como luego reconoció, remontó su partido de primera ronda ante el japonés Sugita (1-6, 6-4 y 6-1), superó a Andrey Rublev en el segundo encuentro (7-5 y 6-4) y logró lo impensable: batir al ruso Medvedev (3-6, 7-5, 6-3 y 6-4) para cerrar su plaza en el cuadro final de Wimbledon a lomos de una racha de seis victorias consecutivas.

“Sabía que podía jugar un buen tenis”, aseguró el británico las horas antes de debutar en un grande. “Siempre he creído en mí mismo, aunque nunca pensé que podría clasificarme para la fase final aquí”, prosiguió Willis, al que Andy Murray felicitó a través de las redes sociales. “Es el mejor resultado de mi carrera hasta ahora, pero estoy seguro de que puedo ir más lejos. Si no es este año, será en los años siguientes”, añadió. “Por ahora, quiero ir partido a partido”.

Esa mentalidad, posiblemente, fue la que le ayudó a competir sin fisuras en su estreno en Londres, la misma cabeza fuerte que demostró para salir de sus peores días. “Era un poco perdedor”, dijo Willis . “Estaba con sobrepeso y era un perdedor”, repitió, haciendo autocrítica sin inmutarse. “Me miré al espejo y dije: ‘eres mejor que esto”.

ADIÓS ERIC CARTMAN, HOLA MARCUS WILLIS

El británico, tiempo atrás apodado Cartman (el peculiar personaje de South Park), perdió esos kilos que le sobraban trabajando en el gimnasio y cuando el lunes apareció en la pista 17 de Wimbledon había borrado cualquier rastro de ese lastre físico. Con las gradas abarrotadas de aficionados locales que corearon su nombre, el 772 mundial vivió una fiesta mientras se abría paso hacia su primera victoria en Wimbledon: se dedicó a mover los brazos, sacó la lengua y buscó el contacto permanente con los suyos (con toda su familia presente) en una tarde que cerró corriendo por la pista para besar a Bate. Allí, en uno de los laterales de la tribuna, estaba sentada su novia, que canceló todas las consultas que tenía por atender para ver el estreno de su pareja en Wimbledon.

Así, exhibiendo un juego en vías de exhibición, de ataque a tumba abierta (salvando 19 de 20 bolas de rotura gracias a su decisión), Willis derrotó a Berankis sin ceder un set y pidió paso hacia la segunda ronda, donde le espera Federer (7-6, 7-6 y 6-3 al argentino Pella). Lo increíble también es posible.

Marcus Willis, tras su victoria.

Marcus Willis, tras su victoria. Reuters

“¿Y qué nombre le pondrías a tu historia?”, le preguntaron luego los periodistas. “Decente”, respondió sonriendo el británico, que se convirtió en el primer jugador en llegar a la segunda ronda de un grande desde la previa con ránking tan bajo desde Jared Palmer (923 del mundo) en el Abierto de los Estados Unidos de 1988. “Es todo un poco surrealista”, prosiguió, antes de analizar su cruce ante el campeón de 17 grandes. “Es un sueño hecho realidad. Es lo que deseaba desde que era joven”, reveló.

No es la única recompensa que se llevará de un torneo inolvidable. Hasta hoy, Willis había ganado 292 dólares este año y 95.000 en toda su carrera (sumando individuales y dobles). Llegar a la segunda ronda de Wimbledon también cambió el estado de su cuenta corriente: pase lo que pase ante Federer, y lo normal es una derrota, ya tiene asegurados 65.000 dólares para seguir dando forma al sueño de relanzar una carrera que estaba muerta y casi enterrada.

Eso sí, el británico tiene algo claro: no dejará de dar clases como profesor y seguirá cobrando las 30 libras de siempre. Todavía queda algo de Cartman en el nuevo Willis, aunque ahora firme autógrafos y los mejores jugadores del mundo le choquen la mano en el vestuario.