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Nos vamos a Turquía. Pero, ¡ojo!, no a la típica Turquía. No a la Turquía del Gran Bazar, los vuelos en globo y las ruinas de Éfeso. Ni siquiera a la Turquía de los 'castillos de algodón' de Pamukkale.

La Turquía que vamos a conocer no aparece en los itinerarios turísticos más clásicos; es un destino que acostumbra a recibir visitas de viajeros procedentes de otras ciudades de dentro del propio país o del Golfo Pérsico.

Nos referimos a Trabzon y Rize, en la costa norte de Turquía, a orillas del mar Negro. Dos provincias y ciudades caracterizadas por un entorno profundamente verde, con picos montañosos cubiertos por una densa neblina que confiere una atmósfera melancólica y casi mística, bastante Twin Peaks. Debido a este increíble parecido con los paisajes alpinos de Europa Central, se la ha bautizado —con bastante acierto— como 'la Suiza turca'. ¡Volamos hacia allá!

Pero, antes de volar, paseíto por el business lounge de Turkish Airlines en el aeropuerto de Estambul: una enorme sala VIP de unos 6.000 metros cuadrados con capacidad para 1.000 viajeros. Y lo más importante: un área gourmet con bufé libre de comida turca tradicional como baklavas, dolmas (rollitos de arroz y carne envueltos en hojas de acelga o col) o gözelmes (una especie de empanadilla o crepe relleno de queso, patata u otros ingredientes).

Muchos de estos platos los preparan cocineros en directo y tú mismo puedes ver cómo los hacen y probarlos recién hechos, como ocurre con la pide (la tradicional pizza turca), que hornean al momento con diferentes alimentos. En definitiva, una forma excelente de ir introduciéndote a la cultura turca justo antes de despegar.

Una vez en el aire, la aventura culinaria continúa: los pasajeros de clase Business tienen derecho a un menú diseñado con el objetivo de dar a conocer "los sabores únicos de Anatolia, hogar uno de los patrimonios culinarios más ricos del mundo", tal y como puede leerse en la carta. Así, encontramos una selección de platos a elegir elaborados con productos como naranja procedente de Antalya, higo seco de Aydin, queso Enzine de Çanakkale, miel de Erzincan, patata de Nevşehir, mantequilla de Trabzon o té de Rize.

Una de las zonas 'gourmet' de la sala VIP de Turkish Airlines en el aeropuerto de Estambul, con dulces como baklavas.

Una de las zonas 'gourmet' de la sala VIP de Turkish Airlines en el aeropuerto de Estambul, con dulces como baklavas. Adriana Calvo

Y bebiendo té de Rize llegamos, precisamente, a Rize. En nuestro primer día allí visitamos Ayder Plateu, una meseta a unos 1.350 metros de altitud, rodeada de montañas, bosques tupidos y cascadas, además de esa niebla constante que comentábamos antes. Un paraje relajante para, simplemente, pasear, tomar fotos y desconectar.

La arquitectura está dominada por cabañitas de madera y en los restaurantes sirven mıhlama, una especie de queso fundido elástico a base de harina de maíz y mantequilla. No dudes en probarlo. (Por cierto, subiendo hacia Ayder Plateu verás numerosos sitios para hacer rafting en el río Fırtına Deresi: si eres un amante de los deportes de aventura, no dejes pasar la oportunidad).

Para continuar nuestro recorrido por las tierras altas de Rize, conocemos Zilkale, uno de los monumentos históricos más impresionantes y fotogénicos de la zona y casi de toda Turquía. Se trata de un castillo medieval construido en torno al siglo XIV o XV que está literalmente colgando al borde de un acantilado escarpado en mitad del Valle de Fırtına, rodeado por un denso y frondoso bosque verde. Si te gusta la estética de fantasía épica tipo Juego de Tronos, este lugar te va a encantar.

Ayder Plateau.

Ayder Plateau. Adriana Calvo

Cerca de Zilkale se encuentra Palovit Şelalesi, una de las cascadas más famosas, salvajes e impactantes de toda la región del Mar Negro en Turquía. Aunque no es la más alta de la zona (mide unos 15 metros de altura), sí es famosa por ser la que tiene el mayor caudal de agua de toda la provincia de Rize.

Termina el primer día con Huser Yaylası, un lugar increíble a 2.400 metros de altitud perfecto para ver la puesta de sol sobre un manto de nubes y desde uno de sus columpios gigantes.

Al día siguiente es momento de descubrir los famosísimos campos de té de Rize. A solo unos minutos del centro, las colinas comienzan a ondularse con terrazas perfectas de color verde brillante. Caminar entre los arbustos de té mientras observas a los vecinos y trabajadores recolectar con sus cestas tradicionales es una experiencia casi terapéutica.

Los campos de té de Rize.

Los campos de té de Rize. Adriana Calvo

Para la hora del almuerzo, subimos al Rize Kalesi. Esta fortaleza de origen bizantino vigila la ciudad desde las alturas. Hoy en día, sus murallas interiores albergan una pintoresca cafetería y jardín. Es el lugar idóneo para probar la gastronomía local con una panorámica de 360 grados de la ciudad y el puerto.

Terminamos el día conduciendo hacia el este, en dirección al distrito de Pazar, para visitar Kızkalesi (El Castillo de la Doncella). Esta pequeña pero fotogénica fortaleza del siglo XIII se alza solitaria sobre una roca que se adentra en el Mar Negro, quedando aislada cuando sube la marea. Ver el atardecer mientras las olas rompen contra sus muros de piedra es el cierre perfecto para el segundo día.

Si te sobra tiempo date una vuelta por alguna de las tiendas de alimentación del centro de Rize, donde encontrarás productos tan curiosos como un queso llamado Göğermiş peyniri, una especie de Roquefort turco que se presenta en forma de 'hilos' y está recubierto de moho.

Quesos de tiendas de alimentación de Rize.

Quesos de tiendas de alimentación de Rize. Adriana Calvo

Tras pasar la noche en Rize, conducimos una hora hacia el oeste para adentrarnos en Trabzon, la antigua Trebisonda, una ciudad con un legado imperial que rivaliza con el de la propia Bizancio.

Madrugamos para conducir hacia el Parque Nacional de Altındere. Allí, desafiando las leyes de la gravedad, aparece el Monasterio de Sümela. Fundado en el año 385 d.C., este complejo monástico ortodoxo griego está excavado directamente en la pared de un acantilado negro a 1.200 metros de altura. Caminar por sus capillas adornadas con frescos bíblicos medievales, mientras la niebla del valle entra por las ventanas, es una experiencia que roza lo místico.

Monasterio de Sumela.

Monasterio de Sumela. Adriana Calvo

De regreso a la ciudad de Trabzon, subimos a las faldas del monte Boztepe para visitar Kızlar Manastırı (Monasterio de las Chicas o de Panagia Theoskepastos). Construido en el siglo XIV por el emperador de Trebisonda, este monasterio de monjas estuvo cerrado y en ruinas durante décadas hasta su reciente y meticulosa restauración. Su iglesia excavada en la roca, su campanario neoclásico y sus terrazas ofrecen una de las mejores vistas de la ciudad.

Cerramos nuestra aventura explorando el Trabzon Kalesi (Castillo de Trabzon). Esta inmensa estructura defensiva se divide en tres partes (Castillo Alto, Medio y Bajo) y sus muros se extienden desde las colinas hasta el mar. Construido originalmente con piedras de la época romana y reforzado por bizantinos y otomanos, pasear por los barrios residenciales que hoy crecen entre sus antiguas murallas es como caminar sobre las páginas de un libro de historia viva.