Javier Cámara, uno de los actores más reconocidos del panorama audiovisual español, compagina una intensa carrera entre el cine, el teatro y la televisión. Tras participar en grandes éxitos como 7 vidas o Rapa, aprovecha cualquier descanso para refugiarse en un tranquilo municipio de 31.000 habitantes.
El actor riojano ha encontrado en Jávea, en la provincia de Alicante, el lugar perfecto para desconectar del ritmo de trabajo. Lejos de optar por un destino masificado, eligió esta localidad de la Marina Alta, una de las más cotizadas de la Costa Blanca.
Allí posee un chalet de dos plantas situado en el entorno del Cabo de la Nao, una de las zonas más exclusivas del municipio. La vivienda disfruta de vistas al macizo del Montgó y se encuentra rodeada de naturaleza y algunas de las calas más espectaculares del litoral alicantino.
Siempre muy discreto con su vida privada, Javier Cámara apenas comparte detalles de su ámbito personal. Sin embargo, sí es conocido que Jávea se ha convertido desde hace años en uno de sus destinos favoritos para descansar.
Una casa con esencia mediterránea
La vivienda del actor mantiene una marcada estética mediterránea. Fue reformada con materiales naturales y una decoración en la que predominan la madera, la luz natural y los espacios abiertos.
El proyecto fue obra de la interiorista Jessica Bataille, estrechamente vinculada a Jávea. Su propuesta apostó por tonos suaves, líneas sencillas y una distribución pensada para integrar el interior de la casa con el paisaje.
Gracias a esta reforma, Javier Cámara disfruta de una vivienda con piscina y amplias zonas exteriores desde las que contemplar el Montgó y disfrutar de la tranquilidad del entorno.
Un rincón para desconectar
No es casualidad que el actor haya elegido Jávea como refugio. El municipio combina privacidad, naturaleza y una amplia oferta de ocio sin perder su carácter sosegado.
A su atractivo casco histórico se suma un puerto con gran ambiente, restaurantes especializados en gastronomía mediterránea y algunas de las calas más conocidas de Alicante, como la Granadella, el Portitxol o las situadas en el entorno del Cap de la Nau.
El Cap de la Nau, uno de los enclaves más emblemáticos de la Costa Blanca.
Todo ello ha convertido a la localidad en uno de los destinos preferidos de actores, empresarios y otras personalidades que buscan pasar desapercibidos. Además de estar bien comunicada, conserva un ambiente mucho más tranquilo que otros enclaves turísticos del Mediterráneo.
Entre sus grandes iconos destaca el Montgó, la montaña que domina el paisaje entre Dénia y Jávea. Con más de 750 metros de altitud, es uno de los símbolos naturales de la comarca y puede contemplarse desde numerosos puntos del municipio.
Qué ver en Jávea
Situada en la comarca de la Marina Alta, Jávea reúne un importante patrimonio histórico que ha conquistado tanto a Javier Cámara como a miles de visitantes cada año.
Recorrer sus calles empedradas, flanqueadas por casas tradicionales y antiguos palacios de fachadas blancas, permite descubrir la huella de las distintas civilizaciones que pasaron por la localidad. El paseo conduce hasta la Plaza de la Iglesia, auténtico corazón del casco antiguo.
En este entorno se encuentran algunos de los restaurantes más conocidos del municipio. También se alza la Iglesia Fortaleza de San Bartolomé, declarada Bien de Interés Cultural, un templo fortificado cuyos orígenes se remontan al siglo XIV y cuya estructura actual, de estilo gótico isabelino, corresponde al siglo XVI.
Muy cerca se sitúa el Ayuntamiento de Jávea, levantado en el siglo XVII sobre el lugar que ocupó la antigua Ermita de San Cristóbal (siglo XVII). El edificio conserva su fachada neoclásica y permite observar restos arqueológicos gracias a un suelo acristalado. En su interior también se encuentra la Oficina de Turismo.
Otra visita recomendable es el Mercado Municipal de Abastos, abierto de lunes a viernes de 8:00 a 14:00 horas y de 17:00 a 20:00 horas, y los sábados de 8:00 a 15:00 horas.
Ubicado donde antiguamente se encontraba el Convento de las Agustinas Descalzas (siglo XVII), destaca por su arquitectura con arcos de piedra tosca y por sus puestos de productos locales, donde es posible comprar carnes, pescados, quesos, verduras o hacer una parada para tomar un aperitivo.