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Si algo hace única a España es la personalidad de sus pueblos. Basta con alejarse un poco de las grandes ciudades para descubrir rincones donde el tiempo parece avanzar a otro ritmo.

El encanto de las calles empedradas se mezcla con paisajes naturales de postal y una tradición que se respira en cada esquina.

Si a eso se le suma ese aire único de Galicia con la exquisitez de su gastronomía, se halla la pintoresca localidad de Arzúa, situada en la provincia de A Coruña.

Refugio de viajeros, legado del siglo XIV y plazas animadas

Con casi 6.000 habitantes, este lugar destaca por ser la última gran parada del Camino Francés antes de llegar a Santiago de Compostela, a tan solo 38 kilómetros para alcanzar la meta jacobea.

Con una gran cantidad de albergues y servicios, caminantes de todo el mundo aprovechan el trayecto para tomar un respiro entre naturaleza.

Por otro lado, su Capilla de la Magdalena, perteneciente a un antiguo convento del siglo XIV, es uno de los monumentos más representativos y hoy sirve como centro cultural.

El corazón social del pueblo, sin duda se encuentra en su casco histórico, perfecto para tomar algo en las terrazas y contemplar la vida local.

Salto de 30 metros y rutas al aire libre

En un entorno rodeado de robles y bosque autóctono se oculta Fervenza das Hortas, una impresionante cascada de más de 30 metros de caída digna de admiración.

Asimismo, el Embalse de Portodemouros, un gran espacio de agua y naturaleza que limita las provincias de A Coruña y Pontevedra, es ideal para practicar deportes como piragüismo, vela y kayak, dar paseos, montar en bici o cruzar en barca.

Especialidades artesanales y una parada sabrosa sobre el valle

Por supuesto, no se podía dejar a un lado su excepcional oferta culinaria. Y es que, hablar de Arzúa es hablar, inevitablemente, de su afamado queso con Denominación de Origen, un manjar de textura cremosa y sabor suave que constituye la verdadera seña de identidad del municipio.

Para comprender el valor de esta tradición ancestral, la villa cuenta con el Centro de Divulgación do Queixo e da Mel, un espacio imprescindible donde descubrir los secretos de su elaboración y la historia de sus productos más autóctonos.

Por otra parte, uno de los restaurantes favoritos por los visitantes es Fonte do Picho, un establecimiento del que destaca especialmente su terraza, con vistas al valle del Rendal.

Tal y como recoge Quincemil, este establecimiento combina el encanto de la arquitectura tradicional gallega con una propuesta gastronómica en la que el producto de proximidad es el mayor protagonista.

Entre sus platos exquisitos, se deben resaltar opciones como su auténtica ternera gallega junto con las verduras que llegan directamente de su huerta ecológica, los pescados y mariscos de las rías gallegas o su pan de origen artesanal.

Su espacio acogedor y su decoración costumbrista hacen de este sitio una parada obligatoria para disfrutar del buen comer.