O Pirata, en Vigo.
O Pirata ya no zarpa en aguas viguesas, pero deja las mejores travesías para el recuerdo: "Grazas"
La embarcación se ha amarrado a tierra, pero el alma corsaria seguirá buscando nuevas aventuras: "Es un halago que hayamos sido considerados un sitio de referencia en Vigo", han dicho desde el equipo
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O Pirata siempre aprovechaba el buen tiempo y las mejores puestas de sol para navegar con los vigueses a bordo. A estas alturas del año, entre abril y mayo, llegaba el esperado anuncio: "¡Piratas, zarpamos!"
Y es que, si en muchos lugares de Galicia San Xoán marca el inicio del verano, en la costa olívica era el corsario el que daba la orden de entrada al solsticio, prometiendo los mejores atardeceres del mundo. Lo anterior, con un marco incomparable reinado por las Islas Cíes y siempre de la mano de algún espectáculo que avivaba unos sentidos ya maravillados. También sumándose a alguna causa justa o solidaria.
Circunscribir O Pirata a un mero proyecto hostelero es dejarlo cojo. En este emblemático chiringuito del número 22 de la Avenida de Samil hubo baile, música en directo, espectáculos de fuego, eventos en favor de los animales o para promover adopciones, cursos formativos o mercadillos, entre otras muchas iniciativas.
Hace más de una década, concretamente, 14 años, promotores y equipo de este gran buque pirata abrieron, en Vigo, la senda de los eventos al aire libre y ligados a la playa, al igual que se hace en otros lugares más aclimatados a la cultura del chiringuito.
Como le gusta decir a Elena de Frutos, una de las responsables del local en estos últimos años, "siendo discretos y humildes creo que hicimos ruido. Además, siempre confiamos mucho en nuestro trabajo y en el boca a boca. No inventamos nada, trabajamos adaptándonos a lo que podía funcionar, pero fue un buen trabajo y es un halago que hayamos sido considerados un local de referencia en Vigo". Esta viguesa quiere dejar claro ante este reportaje que en él figurará su nombre, pero que solo es una integrante más de un equipo que trabajó "sin descanso" todo este tiempo. Todavía gestiona la emoción que supone amarrarse a tierra tras tantos años de dedicación al mar.
Una queimada en O Pirata, frente al mar de Vigo.
Un equipo para sentir orgullo
Y es que es de justicia reconocer que, para los camareros, piezas fundamentales, O Pirata requería un plus de dedicación, dada su disposición, superficie y la época en la que se desarrollaba el trabajo, el verano: "Teníamos un protocolo de trabajo. Se intentó siempre hacer todo lo mejor posible teniendo en cuenta las necesidades que, en cada momento, surgían en lo tocante al propio servicio", remarca Elena. "Era importante que todas las partes estuviésemos conectadas y complementadas para ofrecer una atención lo más perfecta posible. Esto creo que lo conseguimos. Estamos muy orgullosos del equipo que hemos tenido y que han dado lo mejor de sí mismos", añade.
Inicialmente O Pirata abría a mediodía, pero, con el paso del tiempo, se reorientó hacia el tardeo y los atardeceres. Además de cuidar su programación de actividades y espectáculos, la carta se eligió a conciencia: Sencilla, cuidada, resolutiva y apta para todos los bolsillos. Desde palitos de pollo, pasando por hamburguesas, ensaladas o croquetas, platos que siempre apetece probar, especialmente, tras una jornada playera, y en los que se encontraba la esencia del producto gallego. También se especializaron en este local en otro producto de lo más estival, la sangría. "Para mí era muy importante, aparte de todo esto, hacer sentir bien a las personas que pasaban por O Pirata. Nos equivocamos a veces, como todo el mundo, pero siempre tratamos de aprender de los errores y ofrecer nuestra mejor versión", remarca Elena, quien puntualiza que, de la mano de su compañero, ambos cabecillas del gran equipo, se abordaron diferentes viajes y estudios de mercado para seleccionar lo que pudiera ser interesante para su proyecto, también en el aspecto culinario.
Un atardecer desde O Pirata, en Vigo.
Música y espectáculos
Elena recuerda que O Pirata zarpó hace 14 años con un hilo musical basado en la disparidad de estilos y géneros musicales: Desde el rock alternativo, el indie y el pop, hasta el soul, el jazz y el funky, entre otros. "Teníamos una variedad de temazos, por qué no decirlo", reconoce Elena. "Era un hilo musical que trabajábamos mucho, pensando en estimular y en ofrecer la mejor 'vibra', sensación y bienestar", añade.
La programación de eventos tenía su origen en la noche de San Juan, que era "el punto de partida" de todo lo que pasaba, especialmente, todos los miércoles y los sábados del verano. También se celebraron fiestas temáticas, como la propia Pirata o el Festival de San Roque. "Gracias a nuestra familia de Unidance -escuela de baile viguesa de la que Elena es miembro- y a una serie de investigaciones también en este sentido, fuimos ampliando esas fiestas temáticas", cuenta.
A pesar de que O Pirata amarró el barco al puerto, lo cierto es que el alma aventurera de sus promotores no se detendrá: "En mi caso concreto me gustaría seguir vinculada al mar y a la organización de eventos en este marco incomparable que tenemos en Vigo y siempre apelando a los estímulos, a las sensaciones", anota Elena, todavía emocionada por esta etapa que ahora queda atrás. "Han sido muchos años de dedicación, de cuidar cada detalle, de dar importancia también al aspecto visual. Me quedo con que O Pirata ha sido un lugar diverso, inclusivo y tolerante. De calma, de fantasía, de diversión y de desconexión. Y esto ha sido gracias a todo el equipo, del primero al último, gracias a los artistas, bandas, a la familia, a los amigos y a todos los que pasaron en algún momento por este local tan emblemático de Vigo, ya fuera como clientes o como participantes de alguna de las actividades que hacíamos", anotó Elena antes de desear la mejor de las suertes a la nueva gerencia del Maui Los Olmos.