Miriam, dueña de un taller de coches: Nunca me sentí discriminada por ser mujer

Miriam, dueña de un taller de coches: "Nunca me sentí discriminada por ser mujer" Treintayseis

Ofrecido por:

Vigo

Miriam fue una de las primeras dueñas de un taller mecánico en España: "A los hombres les costaba al principio"

Abrió con su marido Electromotor, en García Barbón 114, en el año 94, pero la enfermedad y posterior fallecimiento de él le obligó a "coger las riendas" del negocio, del que reconoce que lo más complicado es "la diagnosis de la avería"

Te puede interesar: Vigo celebra el 8M bajo el lema "Democracia son derechos. Feminismo y civilización"

Publicada

A María Concepción Ruido Quiroga pocos la conocen por este nombre; tampoco por Conchi. Sí por Miriam. Desde 1994 es la propietaria del taller de coches Electromotor, situado en García Barbón 114. Su marido era empleado del taller hasta que su anterior dueño cerró y ambos decidieron abrirlo.

Aquel mes de agosto de hace ahora 32 años comenzó una aventura conjunta en la que ella llevaría la oficina mientras que su marido se encargaría de la parte técnica del taller. Pero diez años después, la vida les dio un giro: a él le dio un infarto, por lo que su presencia ya no era diaria. "Tuve que coger yo las riendas del taller, atender a los clientes y llevar la gerencia", explica Miriam a Treintayseis.

Lo cierto es que ella "nunca había trabajado en nada de mecánica, ni de coches ni nada", pero su marido le enseñó "todo lo que sabía". "A él le gustaba enseñar, y me enseñó muchísimo", reconoce. De alguna manera, Miriam se preparaba sin saberlo para lo que ocurriría 7 años más tarde, cuando a su marido le dio un ictus y se retiró definitivamente de la profesión.

"Tienes que hablar con la jefa"

Que una mujer estuviese al frente del taller en los años 90 y a principios de siglo no era lo normal; tampoco lo es ahora, y ella misma reconoce que sólo conocía a una chapista, ya jubilada. "Al principio a los hombres les costaba mucho", afirma de cómo reaccionaban los clientes al tener que dirigirse a ella, pero su marido siempre la puso por delante, como queriendo decir "tienes que aceptarla".

También Alejandro, que trabaja con ella en el taller desde hace 30 años, la señala a ella ante el que entra por la puerta: "Tienes que hablar con la jefa". "La gente se fue adaptando y ahora llevo tantos años que nadie se extraña y se dirigen directamente a mí, ya no le preocupa a nadie", asiente.

A pesar de no trabajar de mecánica, Miriam se ha formado, y lo sigue haciendo, en esta parte. "Voy a cursos de mecánica, pero no para reparar, sino para enfrentarme al cliente y saber qué tengo que explicarle, tener idea y que no piense que soy una ignorante", dice con una sonrisa perenne en la boca.

La diagnosis

Su labor es más la de diagnosis, que es "lo peor". "Reparar realmente es cambiar cosas, pero cuando tienes una avería que no sabes lo que es, es lo que más tiempo lleva", asegura. Ante la creencia de que sólo es "meter la máquina" para que haga el trabajo, Miriam puntualiza que no te dice nada, sólo "te ayuda, te encamina".

"La avería viene de aquí, viene de allí... pero, claro, ¿qué la causa realmente?", desarrolla. "Pasa como un paciente que le dice al médico que le duele el estómago, pero ¿por qué le duele? Ahí está la clave", sentencia. Un trabajo el del taller que ha evolucionado mucho desde que abrió Electromotor.

Se hizo un nombre gracias a que su marido era experto en temas de electrónica. Hoy, los coches son algo más que bujías y motores. "Primero fueron los encendidos electrónicos, ahora están las centralitas, todo ha cambiado muchísimo y nos vamos adaptando a las circunstancias para estar siempre ahí", dice Miriam, que pone el foco en esas "centralitas": "Hay muchísimas en los vehículos, dependen unas de las otras, y como falle una...".

"Nunca tuve problemas graves"

Ella es la "cara" del taller, la que atiende al cliente y se relaciona con él, y es esa relación lo que más le gusta de su trabajo. "Al cliente que llega nuevo y dice que quiere hablar con el mecánico le digo 'no puedes, está trabajando, tienes que hablar conmigo; yo te explico y si hay algo que no te pueda explicar yo, ya hablamos con él'", relata sobre una situación que cada vez le ocurre menos.

"Realmente nunca tuve problemas graves", reconoce, al igual que ser mujer no ha sido un problema a lo largo de su vida. "Te juro que nunca me sentí discriminada como mujer, ni en mi casa con mi padre o mis abuelos, siempre se respetó mucho a las mujeres. Nunca me sentí menos que ningún hombre de mi casa, y fuera tampoco", reivindica.

Para ella "todos somos iguales". "Pensamos diferente, es lógico, pero mientras haya un respeto no es algo que le dé importancia", añade. "Creo que vivimos en un entorno machista, pero yo creo en la igualdad entre el hombre y la mujer. ¿Qué pasa? Que hay cosas que tú puedes hacer y yo no, entonces ahí hay que separarlo. La sociedad, en general, tiende a respetarse", confiesa.

Madre de dos hijas, no ve el relevo generacional en ellas, dedicadas a otras profesiones. Desde el punto de la maternidad, reconoce que la "libertad de horario" le ha facilitado combinar las dos cosas. "Realmente en eso no tuve problema, no es lo mismo que trabajar en una empresa con un horario", incide.

La entrevista remata al tiempo que Miriam se cuela entre coches elevados y capós y sube las escaleras que dan acceso a su pequeña oficina. Entra un cliente que se dirige a Alejandro. "Tienes que hablar con la jefa", responde.