Pase de pecho de Rubén Pinar al duro y orientado 'Botero'

Pase de pecho de Rubén Pinar al duro y orientado 'Botero' Plaza 1

Toros FERIA DE SAN ISIDRO

Temible y podrida Dolores Aguirre: al menos los toreros cenaron en casa

La corrida tuvo dos partes: una dura y orientada y otra rajada y mansa y mal presentada. Destacó la firmezade Rubén Pinar con el primero.

Mirar al primero daba un apuro. De verdad, desde el tendido los resoplidos sonaban como géiseres. Por delante, Botero era una pesadilla. Los pitones bizcos, la expresión enfadada y vieja, la monstruosidad de su pecho. Entró duro al caballo. En los capotes no dio un paso de más, ya no embestidas. La duda era punzante.

Los primeros encuentros con la muleta mantuvieron la incertidumbre. Botero buscaba al matador, media, hacía hilo. Se quería quitar los trastos de encima. Lo consiguió una vez. Por eso tuvo tanto mérito cuando Rubén Pinar consiguió grapar tres tandas; esa contudencia y tacto: la del costurón. Pinar, firme, se tiró al carretón, que esperó la muerte agazapado —cobarde al fin— y lo pinchó.

Botero dejó en los tendidos el gusto a cactus. Aquel toro de mala leche abrió la sección temible de la corrida de Dolores Aguirre, en la que el ruedo se convirtió en un western. A partir del cuarto cambió el decorado por un corredero de bichos andarines y vacíos. El circuito de Canal para toros runners. Perdonad el spoiler: los toreros cenaron en casa.

El segundo fue todo lo contrario, tan bien hecho y guapo, bajo. Las intenciones parecidas. El lomo quedó como un green de prácticas, con tantos hoyos repartidos por la superficie por los puyazos. En banderillas se hizo el amo. Elegía a las víctimas en plan sicario, y no quería nada cuando iban de frente: los palos quedaron como si los hubiera colocado una interiorista alcoholizada.

A la muleta llegó entero. Venegas navegaba su pequeño velero en un mar encrespado. Su particular Iliada sin puerto en el horizonte. Había que tragarle arreones. Por el izquierdo lanzó una dentellada. La gente se echaba las manos a la cabeza. Qué fiera; el joven Venegas hizo lo que pudo. Marcó la querencia a tablas y allí el nudo y la conjura. Llevaba un pésame por cada pitón Caracorta. El jienense apuntó a los blandos: lo vio el toro de reojo y quemando los dos últimos gramos de vida quiso llevárselo al infierno con él. El latigazo del Balrog no encontró a nadie y Caracorta murió estrujado por su propia codicia asesina.

Derechazo de Venegas al segundo, el toro mejor hecho

Derechazo de Venegas al segundo, el toro mejor hecho Plaza 1

No hubo manera de picar al tercero. Carafea sin embargo se picó solo dando vueltas al ruedo vestido de Decathlon. Corredor y canallita, pasó de un caballo a otro recibiendo picotazos. Hasta cuatro veces sintió el hierro sin darse por aludido. Antes le había hecho la cobra a Gómez del Pilar, que quedó postrado delante de los chiqueros en una porta gayola trágica por la cantidad de posibilidades que tuvo de salir mal. Padrós calentaba manos porque Carafea arreaba si veía posibilidades. Mientras, mantenía el trote de un dominguero.

Encauzado en la muleta tenía importancia. El matador le dio un muletazo por bajo que crujió la piedra. Arrancaba a chispazos, las llamas pasaban lamiendo las hombreras y daba igual que no hubiese muletazos limpios: los oles eran de pedernal. A Carafea había que dejarle llevar la iniciativa para que no se hundiera. Claro, ahí el matador tenía que tragar como si no hubiera más vida. Al natural tuvo una arrancada buena, por decir algo. Ya por la derecha era imposible. Después de cada bombardeo se iba de la zona devastada sin darse importancia. Carafea era humilde a su manera. Julia de Castro asistía a la guerra emocionada. Gómez del Pilar lo cazó con habilidad. En estos casos da menos igual la posición de la espada: a esta presa la descubrirán pintada en una pared seres del futuro cuando todo muera.

La ronda de moruchos la abrió el fantástico cuarto. Parece de ciencia ficción que se pueda criar algo así. Queda ya como el más feo que ha salido en esta plaza nunca: un frankenstein de la dehesa con todos los toros pegados a su cuerpo creando un collage horrendo de hechuras. Para protagonizar una novela mala de Pizzolatto. A Rubén Pinar le había llegado un anónimo al buzón en el que se le podía leer "es imposible que embista". Montado, tenía perfil de eral de talanquera. Cómo cuelan el desecho los toristas. ¿A quién defiende la autoridad? ¿Quién hizo este lote? ¿Por qué nadie protestó? Preguntas al aire. Callado, cortaba a los banderilleros, andurreaba con pereza. Con la muleta delante no quería pelea. La primera arrancada era hipócrita. Manso y punto. Lo llevaba escrito. La espada rebotó en la paletilla acorazada.

La cara chata de Cigarrero asomó por chiqueros husmeando el aire viciado a mansada. El también traía lo suyo. Lo agarraron por fin en las querencias: empujó el toro firme y recto y el picador apretó. Cuatro veces recibió la ducha sangrante, y aún así no se le notaba en el trote desprendido. Muy bien Adalid con los palos. Venegas se dobló tímidamente con él. El toro tenía eso, las dos o tres arrancadas difuminadas. Para ir de verdad era difícil. Embestía con los pechos, la masa de carne abrigaba al matador, se quedaba debajo. Los apoyos de bandolero con las manos los hacía en el sitio donde debía ir la cara. Venegas metió el brazo en la lava a la primera. El público se lo reconoció.

Gómez del Pilar volvió a toriles. El sexto desengrasó la tarde con su galope alegre. La gente aplaudió la treta. Luego, barbeó las tablas, mirando a la cara a los operarios. Otro perfil de matadero. Tampoco quiso caballos. Llevaba los andares de un toro suelto de encierro. Le oscilaba la cara como un pendulo afilado. La sangre desembocaba en la pezuña en una estampa bellísima. No tuvo ni uno. Fue a echarse a chiqueros, hundido. Nadie gritó eso de toro-toro. El descabello se celebró como el gol de Bale.

FICHA DEL FESTEJO

Monumental de las Ventas. Domingo, 27 de mayo de 2018. Vigésima de feria. 15.000 espectadores. Toros de Dolores Aguirre, 1º peligroso, incierto el 2º, 3º manso, 4º vacío, 5º orientado, 6º mansísimo.

Rubén Pinar, de azul cian y oro. Espadazo casi en entero y algo atrevesado (ovación). En el cuarto, pinchazo y espadazo en los blandos (ovación).

Venegas, de verde botella y oro. Espadazo en el rincón (palmas). En el quinto, espadazo contrario (ovación).

Gómez del Pilar, de verde botella y oro. Espadazo trasero y algo caída (ovación). En el sexto, pinchazo hondo que se expulsó (silencio).