Talavante. en plena corrida.

Talavante. en plena corrida. EFE

Toros Toros

A Talavante no le frena el vendaval

El extremeño fue capaz de sobreponerse al levante que coincidionó la tarde y corta una oreja que pudieron ser dos si no falla con la espada. Borja Jiménez pierde también el triunfo por los aceros.

6 agosto, 2016 22:48

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El levante magreaba la ristra de banderas que adornan la 'nueva' plaza de toros de El Puerto. Lo anticipó la mar picada. Un jaleo para los capotes y la ilusión. La tarde eran de las que huelen a canela y clavo, que diría Paula, en las que hay que estar. Se repetían las caras de otros días señalados. Toreros retirados, empresarios y periodistas se camuflan entre el público ocasional y el aficionado, esa rara avis, nuestro lince al que echar millones en su conservación y no al revés. Fuera, 21 antitaurinos, cuatro pitos y una pancarta daban la verdadera dimensión de las calvas en los tendidos con la que los tres toreros se encontraron al asomarse al mítico ruedo: al fin y al cabo somos infinitamente más.

A Talavante se le distrajo el levante un segundo. Los lances ordoñistas, rodilla en tierra, anticiparon tres verónicas asentado y una profunda, muy despacio. Salió picado 'Tubarro', permitiendo la cadencia, acapachado y negro. Otra media, más desgarrada, lo ajustó en el peto. El toro hacía hilo, persiguiendo el bulto desarmado, y al salir Trujillo de un par se quedó con él: apareció Morante y a una mano, con una revolera, se lo quitó de encima torerísimo. Luego trastabilló el malagueño de nuevo en la cara rodando por la arena y Julio López, eficaz, colocado y profesional, le salvó la vida echando los vuelos al toro.

Flameaba la muleta, qué difícil es manejar los chismes así, y se salió Talavante a los medios como si toreara en un pabellón. Cogió la mano izquierda, y dos naturales lo templaron todo, relajado, natural y muy despacio. Otra tanda más por encima del remolino. Qué capacidad. Un pase de pecho relajado evolucionó a las cotas altas. Se desentendía el toro, buscando la huida. La derecha más encajada obligó en la media arrancada. Un cambio de mano lanzó al bicho a las tablas. Allí no se pudieron redondear los naturales a pies juntos por la desidia del toro, con transmisión cuando lo sujetaban. Había intensidad de trofeo pero pinchó dos veces. A la primera sintió el gañafón Talavante en el pecho. Cuando entró la espada, la muerte empujó un aluvión contra él, repitiendo el toro su querencia por el hombre sin avíos. Escurriéndose en el mismo lugar que Trujillo y antes Morante, quedó debajo de los pitones. Se miraron a los ojos antes de que un banderillero lo quitara.

La tarde se deslizaba ya azotada por la ventolera en una caída sostenida. Sobrevolaba en el ambiente el final y salió 'Cotillo', berrendo en albahío, con expresión de noble. Con el sexto, el único que no se cayó. Los papelillos hacía tiempo que habían escalado la plaza y los paquetes de pipas vacíos volaban de un tendido a otro. Las verónicas fueron leves, intentado arrancar los ánimos.

Al menos 'Cotillo' puso de su parte. Tuvo más celo que el resto. No se salía de los engaños. Se embarulló todo un poco al natural, lanzada la muleta por el viento, desnudo el torero, sin seguridad; imposible el tempo. Montó la espada y le pudo Talavante alargando la embestida. Gigante el extremeño sobre el aire, sin importarle el guiño de la muleta. El toro lo agradeció. Muy buenos dos cambios de mano con los que resolvió las series, emborronados en el final, levantado el vuelo por el pitón y la brisa, afligido un poco 'Cotillo'. Se descubrió AT una vez soltándose del trance con un molinete. Repitió desarme. Acosado en su terreno respondió en el alambre el toro una vez más. Los últimos naturales se convirtieron en una oreja después del efectivo espadazo. Talavante dio la vuelta al ruedo soltando el lastre con el que puso pie a tierra en el vendaval.

La inercia la aprovechó inteligentísimo Borja Jiménez con el sexto. La gente había entrado. Rozó el triunfo el de Espartinas. Voluntad y desparpajo desde las chicuelinas ajustadas y con cierto garbo. Cuidó al toro que embistió con clase. La fijeza la mantuvo, la fuerza no.

Jiménez cambió varias veces la embestida por la espalda desde los medios, colocándose de frente para engarzar el primer redondo. No tocó la muleta el toro. Ligazón y limpieza como armas. Basó la faena en la mano derecha. Dio sitio en la primera tanda. Acudió con alegría el toro y él corrió la mano eficaz y seguro, desmayado en los dos últimos muletazos.

El toro pedía Duracell o un Aquarius. Ahí vio el cielo abierto el chaval. La rueda de la siguiente serie tapó la embestida aburrida. Metió al toro y al público en el canasto, que recibió el pase de pecho entusiasmado. Enganchó el tiempo entre tandas, paseando por el ruedo el torero. Una trincherilla de spoiler destelló en el cierre. Arrimón al natural. De rodillas revolucionó los tendidos antes de irse por la espada. Se mascaba la puerta grande pero se 'jartó' de pinchar. Una gran ovación de despedida atronó el paseíllo a la inversa.

Los dos más jóvenes se encontraron en toriles antes. El tercero de Santiago Domecq tenía cara de niño y cuerpo de hombre. Igual que el de Espartinas. La bestia saltó sobre Borja Jiménez, cuerpo a tierra bajo la larga. La debilidad se le intuyó en el inicio, frenado y a la espera. Dos volatines y el puyazo acabaron con él. La protesta tuvo intensidad.

No ayudó el inicio de rodillas. Dónde está ese documento en el que pone que todos los chavales tienen que iniciar así las faenas, que hay que quemarlo. Cuando lo vio derrumbado sobre la arena, Jiménez se dio cuenta. Luego el trato fue mejor. Había que tirar lo justo y limpiar el muletazo. Lo logró la mayoría de veces. Descolgar la muleta levemente era un castigo para él: claudicaba y clavaba los pitones en el embroque. La media altura le sirvió, apretó Jiménez con la derecha y sacó la tanda más jaleada. La mejor fue con la izquierda. Tocó suave Jiménez. El toro no tuvo más remedio que ir detrás deshauciado de fuerzas e intención. Una trincherilla lo devolvió al piso. Metió la mano Borja con facilidad. Compartió saludo con los de la manguera, que no esperaron un 'attimo' al matador, salpicándose con la montera en la mano. Qué cosas.

'Canalla' se coló por la gatera que abrió el viento en los flecos del capote de Morante, tan lacio y caído, tan débil con Eolo. Centrado el torero estiró la mano, se meció lo justo y se estrenaron los partidarios. Un suplicio ponerlo al caballo, con la tela pegada a la espinilla, desagradable hasta para torear de salón. Se arrugó la cara de Morante, cristalina. 'Canalla' era un poco zambombo en sus 500 kilos y con un puyazo bastó para la fuerza contada. También el poder.

El inicio entre gañafones los situó a los dos en el tercio y en el callejón a Morante y a 'Canalla' en el carnicero. La muleta también a merced de la ventolera y el público enfadado. "¡Vente pacá!", como si no soplara allí. Morante negaba, tímido de dejarlo tan pronto. Subió un murmullo que lo intuyó. La mano izquierda tampoco fue. Ni un pase de pecho. Macheteó y perdió pie y casi lo encuentra 'Canalla'. No lo vio, no estaba cómodo. Metió la mano saliéndose y cayó el toro tras el descabello. Las mulillas avanzaron templadas como si el látigo que restallaba violento a su vera no fuera con ellas. Palmas guasonas para el toro y pitos resignados para José Antonio.

Un tornado se levantó desde chiqueros a la salida del cuarto, astifino de pitón blanco, serio y alto, envolviendo de polvo y miedo, la película de terror completa, la salida de 'Sardinero'. Ni en Lluvia de estrellas. No se podría decir que Morante se estiró, más bien se contuvo, echado sobre el pecho en el lance, apretando en el recorrido con el compás cerrado. Cuando se liberó antes, un pitonazo sacudió el capote, colgándolo de una mano. Mientras Morante intentaba apaciguar la oleada, Carretero lo colocó en suerte. Entró dos veces y el picador apretó. Condicionó después. Las indicaciones del matador eran de director de orquesta con el toro bajo el hierro desgarrador.

Se sintieron los puyazos cuando se agarró a al salvavidas de la segunda raya el toro, en plena zozobra. La cara arriba, muy parado. Morante probó. Pitos. Se colocó. Surgió una tanda redonda, la única de su tarde, por el lado derecho con pasajes bellos. No hubo ninguna más, un atisbo quizá, navegando entre la incertidumbre del viento y la tardanza del toro: cuarteó y enterró dos dedos de acero. Pasota el público, no cuajó el abucheo.


SANTIAGO DOMECQ/ Morante de la Puebla, Alejandro Talavante y Borja Jiménez.


Plaza de toros de El Puerto de Santa María. Sábado, 6 de agosto de 2016. Cuarta de abono. Tres cuartos de entrada. Toros de Santiago Domecq, 1º de contado poder, transmitió el rajado 2º, 3º derrumbado, no humilló el muy sangrado 4º, un 5º con celo, no duró nada el buen 6º.


Morante de la Puebla, de catafalco y oro. Media estocada agarrada y caída. Un descabello (pitos). En el cuarto, pinchazo hondo sin agarrar. Un descabello (pitos).

Alejandro Talavante, de azul noche y oro. Dos pinchazos tendidos y estocada entera (saludos). En el quinto, estocada algo trasera (oreja).

Borja Jiménez, de blanco y oro. Espadazo atravesado (saludos). En el sexto, dos pinchazos defectuosos, media tendidísima. Varios descabellos. Aviso (gran ovación de despedida).