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Sociedad

Emilio, agricultor en España: "Cada vez es más difícil continuar, no se puede vender productos a precios ridículos"

Muchos agricultores pagan más por producir, cobran menos por vender, pero el consumidor sigue pagando más por los productos agrícolas y ganaderos.

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Las claves

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El sector agrícola en España enfrenta dificultades por el aumento de costes y la falta de relevo generacional, con solo el 8,9% de titulares de explotaciones menores de 41 años.

Los agricultores como Emilio Barbero denuncian que los precios de venta no cubren los costes de producción, lo que dificulta la viabilidad del trabajo en el campo.

El margen entre el precio que recibe el agricultor y lo que paga el consumidor es grande, beneficiando principalmente a los intermediarios como supermercados y empresas logísticas.

Productos como el cerdo, cordero, cebolla y aceitunas reflejan esta brecha, donde el productor cobra cada vez menos mientras el consumidor paga más.

El sector de la agricultura es complejo y cambiante. En un momento dado, un temporal puede arruinar en una noche meses y meses de trabajo en el campo. A ello se suman problemas como el envejecimiento de los agricultores y la falta de relevo.

Según datos del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA), tan solo el 8,9 % de los titulares de explotaciones agrarias en España tiene menos de 41 años. Los mayores de 65 años representan el 41,3 % del censo agrario, cuando la media de la Unión Europea es del 33,2 %.

En esta coyuntura, Emilio Barbero es un agricultor de Cordovilla, en Salamanca, que ama su profesión pese a la inestabilidad que atraviesa. "Este oficio me ha dado muchas alegrías y al final eres libre en un trabajo que te gusta", expresa para Castilla y León TV.

"La circunstancia que estamos viviendo en estos momentos no es nada agradable y personalmente creo que le quitan a uno la ilusión y las ganas de seguir", admite con resignación.

Barbero explica que los costes de producción se disparan sin que los precios de venta suban de manera proporcional: "No se puede permitir que se cobren unos productos a precios ridículos que no cubren costes".

Las cifras del Índice de Precios en Origen y Destino(IPOD) respaldan su versión: En mayo de 2026, el valor del producto agrícola que recibió el agricultor se multiplicó casi por cuatro -3,84 concretamente- respecto al precio de venta al consumidor.

La tendencia se confirma en casos como el del cerdo. En abril de 2024, un ganadero recibía 1,83 € por cada kilo de carne, mientras que el consumidor pagaba 6,45 € por kilo. En abril de 2026, el ganadero pasó a cobrar 1,30 €/kg cuando el consumidor llegó a pagar 6,90 €/kg.

¿Dónde se queda esa diferencia de dinero?

La situación se aplica a otros productos como el cordero, la cebolla o las aceitunas. En conclusión, muchos agricultores pagan más por producir, cobran menos por vender, pero el consumidor sigue pagando más.

Ese margen es el que ganan los intermediarios: empresas logísticas, supermercados, etc. En contraposición, la Asociación Española de Distribuidores, Autoservicios y Supermercados apunta que esa diferencia también cubre costes como envasados, alquileres de puntos de venta o personal.