Un agricultor con patatas.

Un agricultor con patatas. IStock

Sociedad

Una empresa de agricultores familiar dona 150.000 kg de patatas: “Duele tener que destruir alimentos”

La familia de agricultores optó por donar su producto en vez de tirarlo después de que en la industria no se lo comprase.

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Las claves

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Una familia de agricultores belgas donó 150.000 kilos de patatas ante la negativa de la industria a comprar su excedente.

Bélgica enfrenta un récord de excedente de 860.000 toneladas de patatas debido a una cosecha abundante y contratos comerciales rígidos.

La familia Debaene-Vandelanotte prefirió regalar las patatas a la comunidad antes que destruirlas, recibiendo apoyo y donaciones de los vecinos.

La situación refleja los problemas de desperdicio alimentario y la falta de protección económica para los agricultores frente a las dinámicas del mercado.

Una familia de agricultores belgas ha decidido regalar 150.000 kilos de patatas ante la negativa de la industria a comprar su sobreproducción. En vista de que la otra opción era destruir el producto, la familia decidió distribuirla entre la población de Langemark.

Este gesto solidario, destapa una realidad alarmante: Bélgica afronta un excedente récord de 860.000 toneladas debido a una cosecha excepcionalmente abundante y a la rigidez de los contratos comerciales.

Este caso no solo evidencia el drama del desperdicio alimentario, sino también la enorme desprotección y asfixia económica que sufren los productores locales frente a las dinámicas del mercado actual.

Regalar antes que destruir

La granja actualmente es propiedad de Davy Debaene y Jasmien Vandelanotte y se encuentra en el municipio belga de Langemark. No obstante, data del año 1935, de la época de los padres de Debaene, y se dedicaron inicialmente a la cría de cerdos, pero hoy en día cultivan patatas y coliflor.

Sin embargo, este año tuvieron que tomar una decisión inusual de abrir su almacén al público al verse con un excedente de 150.000 kilos de patatas que no pudieron vender a la industria pesada porque los contratos solo cubren la producción acordada.

Así, los interesados en llevarse patatas de su cosecha de manera gratuita podían entrar y recoger cuantas quisieran. Con esto, miles de personas acudieron dejando regalos y donaciones a la familia de granjeros.

Lo cierto es que desechar este excedente para ellos era algo impensable: "Duele tener que destruir comida", dice Davy al medio holandés Nieuwsblad. Por otro lado, comentó que destruir su cosecha conlleva muchos costes y tiempo adicionales.

Esta situación no es única de la familia belga, sino que es algo a lo que deben enfrentarse miles de agricultores en Europa, ya que, al ser un sector volátil marcado por una importante competencia y una guerra de precios, los jornaleros deben asumir riesgos importantes.

Muchas veces cuando se presentan estos excedentes o hay productos con defectos visuales, aunque sean perfectamente comestibles, deben ser desechados, lo cual al final supone pérdidas para estos trabajadores.

En el caso de Bélgica se arrastra un excedente de 860.000 toneladas de patatas sin prospecto de ser vendidas. Esto ocurre porque entre el 70% y el 80% de la cosecha ya estaba pactada en un contrato para ser vendida, pero el resto de la producción quedó atrapado por la caída de la demanda.

La situación deja pocas opciones para maniobrar, se puede crear pienso animal o biogás, pero que genera escaso margen de beneficio, destruir el producto o idear alguna solución creativa, como la familia Debaene-Vandelanotte de regalar este alimento restante.