Javier, hostelero y dueño de un bar.

Javier, hostelero y dueño de un bar.

Sociedad

Javier es autónomo y dueño de un bar en España: "Invertí 35.000 euros y ahora estoy en la ruina total"

Javier representa a muchos hosteleros en España que afrontan grandes sacrificios personales y económicos para mantener abierto un bar.

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Las claves

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Javier invirtió 35.000 euros para abrir su bar 'El Pou Café Tapes' en España, pero ahora enfrenta una ruina económica.

La falta de experiencia y los altos costos han hecho que el negocio apenas sobreviva, obligando a Javier y su familia a trabajar largas jornadas sin poder contratar empleados.

A pesar de las dificultades, Javier mantiene precios asequibles para sus clientes y advierte que abrir un bar sin experiencia puede ser muy arriesgado.

Javier destaca la dureza del sector hostelero y su compromiso de ofrecer un trato justo y cercano a quienes visitan su bar.

Abrir un bar en España continúa siendo la aspiración de muchas personas, aunque para otros termina convirtiéndose en un verdadero problema económico.

Eso es precisamente lo que refleja la experiencia de Javier, propietario de 'El Pou Café Tapes', que relató su situación en un vídeo publicado en el canal de Eric Ponce acerca de la dura realidad que vive el sector hostelero en el país.

"Mis hijos decidieron montar este bar porque no estaba haciendo nada estando en casa. Me gustaba cocinar, pero tampoco me imaginé que esto iba a ser como es", cuenta Javier, quien inició esta aventura lleno de entusiasmo.

Un principio y un final distintos

Este nuevo proyecto, nuevo para Javier, comenzó con una inversión modesta. "Me salió bien de precio, invertí 35.000 euros", cuenta.

Sin embargo, esa inversión se ha transformado en una carga constante, marcada por la complejidad del sector y los obstáculos que implica.

Con todo esto, el negocio familiar apenas sobrevive. "Mi esposa viene a ayudarme y, a veces, mi nuera también, porque tampoco puedo pagar a un empleado", confiesa.

La falta de personal y la carga de trabajo hacen que las jornadas sean interminables. "Trabajo de siete de la mañana a once de la noche todos los días", relata.

Y, aun así, el esfuerzo no basta. "Muchas veces me dan las tres o las cuatro de la mañana sin poder dormir pensando: 'Mañana tengo que pagar esto, de dónde voy a sacar el dinero para pagarlo, Dios mío'", lamenta.

La falta de experiencia también ha pasado factura. "Yo tenía a los ayuntamientos y a los bancos que venían a desayunar, pero claro, al no tener experiencia como hostelero... ellos vienen con un tiempo medido, con su media hora para comer, y eso creo que me minó el trabajo también", recuerda.

A pesar de su trabajo y esfuerzo diario, la situación es insostenible. "No tenemos tampoco recursos; yo, por ejemplo, no tengo cómo para decir: 'voy a seguir con el bar'".

Según comenta, la hostelería en España atraviesa un momento complicado: "Un bar no es para hacerse rico".

Por eso, no duda en advertir a quien se plantee abrir uno: "Yo a una persona que no sepa de bares no le aconsejo abrir uno".

Al hablar de su propia experiencia, refleja la dureza del sector: "No sé cómo se sostienen los otros bares, no lo sé, pero yo estoy en la ruina total".

A pesar de las dificultades, Javier se esfuerza por mantener precios asequibles para sus clientes. "Lo que me descuentan las empresas con las que compro lo reflejo en el cliente", afirma.

Desde que abrió, asegura que el café mantiene el mismo precio, y que lo mismo ocurre con la cerveza: "Lo mismo que vale el café o la cerveza en la terraza, vale en la barra".

Su filosofía es sencilla y cercana: "El precio es el mismo porque también entiendo a la gente, no todo el mundo está para pagar precios que no son".

A pesar de la precariedad del sector, Javier sigue fiel a su compromiso con los clientes. Su esfuerzo diario no solo busca mantener un negocio a flote, sino también ofrecer un lugar justo y cercano para quienes lo visitan.