Imagen de archivo de un perro.

Imagen de archivo de un perro. iStock

Sociedad

Ya ha entrado en vigor: la Ley de Bienestar Animal prohíbe tener a perros y gatos viviendo en terrazas o balcones

La normativa busca garantizar el bienestar de las mascotas ante el riesgo de maltrato y aislamiento social, así como defensa de su seguridad física.

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Las claves

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La Ley de Bienestar Animal prohíbe que perros y gatos vivan de forma habitual en terrazas, balcones, azoteas y espacios similares.

La normativa considera infracción grave dejar a animales en estos lugares sin supervisión, especialmente bajo condiciones climáticas extremas.

Las sanciones por incumplir la ley pueden ir de 10.001 a 50.000 euros, y hasta 200.000 euros si se pone en peligro la vida del animal.

El objetivo es evitar el aislamiento, estrés y riesgos físicos, así como accidentes frecuentes como caídas en el caso de los gatos.

Desde la entrada en vigor de la Ley de Bienestar Animal en 2023, mantener a perros y gatos viviendo de forma habitual en terrazas, balcones o azoteas puede acarrear importantes sanciones económicas en España.

La normativa introdujo una de las medidas más comentadas entre los propietarios de mascotas y marcó un cambio profundo en la forma en la que la legislación entiende el bienestar animal.

Como contexto, la Ley 7/2023, de protección de los derechos y el bienestar de los animales, establece que los animales de compañía dejan de ser considerados simples bienes materiales para pasar a ser reconocidos legalmente como 'seres sintientes'.

Ese cambio jurídico implica nuevas obligaciones para los dueños y un endurecimiento de las sanciones frente a situaciones consideradas perjudiciales para perros y gatos.

La norma no impide que las mascotas salgan al balcón o a la terraza durante determinados momentos del día. Lo que prohíbe expresamente es convertir estos espacios en su lugar de residencia permanente o habitual.

El artículo 27 de la ley recoge de forma específica la prohibición de mantener animales "de forma permanente en terrazas, balcones, azoteas, traseras, sótanos, patios y similares o vehículos".

También se considera incumplimiento dejar al animal sin supervisión en estos lugares durante largos periodos, especialmente bajo temperaturas extremas, lluvia o condiciones climáticas adversas.

Además, la normativa presta especial atención a los casos en los que los animales permanecen atados o sin acceso al interior de la vivienda, una situación que puede derivar en estrés, ansiedad y problemas físicos.

La prohibición responde a criterios veterinarios y etológicos. Los expertos llevan años advirtiendo de que el aislamiento prolongado afecta seriamente al comportamiento de perros y gatos.

En muchos casos aparecen conductas compulsivas, agresividad, miedo o apatía derivados de la falta de interacción social y estimulación.

A ello se suma el riesgo climático. Durante el verano, balcones y terrazas pueden alcanzar temperaturas extremas capaces de provocar golpes de calor potencialmente mortales en pocos minutos.

En invierno, la exposición continuada al frío y la humedad puede causar hipotermia y otros problemas de salud.

En el caso de los gatos, la ley también busca prevenir accidentes frecuentes como las caídas desde ventanas o balcones. Este tipo de lesiones, conocidas como el 'síndrome del gato paracaidista', representan una de las urgencias más comunes en clínicas veterinarias durante los meses de calor.

El incumplimiento de esta normativa puede tener consecuencias severas.

Mantener a un animal en condiciones que le provoquen sufrimiento o estrés injustificado suele considerarse una infracción grave, castigada con multas que van desde los 10.001 hasta los 50.000 euros.

Si la situación llega a poner en peligro la vida del animal o provoca su muerte, las sanciones pueden ascender hasta los 200.000 euros al calificarse como infracción muy grave.

En los casos más extremos, incluso puede derivar en responsabilidades penales por maltrato animal.

Más allá de las multas económicas, las autoridades pueden ordenar la retirada de la mascota y prohibir al propietario tener animales bajo su cuidado durante un período de entre uno y cinco años.