Un joven jugando una partida de ajedrez con un jubilado.

Un joven jugando una partida de ajedrez con un jubilado. istock

Sociedad

Países Bajos marca el camino a España para solucionar la vivienda a los jóvenes: gratis con sólo un requisito

Te contamos la iniciativa y los beneficios que supone su puesta en marcha. De hecho, ya se ha exportado a otros países.

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Las claves

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En Países Bajos, jóvenes universitarios pueden vivir gratis en el Centro Residencial Humanitas de Deventer si dedican 30 horas al mes a acompañar a personas mayores.

El programa fomenta la convivencia intergeneracional, donde los jóvenes aportan vitalidad y compañía, y los mayores comparten experiencias y reducen su soledad.

Este modelo ayuda a los jóvenes a aliviar el coste de la vivienda y beneficia emocionalmente a ambas generaciones.

Independizarse para los jóvenes en España cada vez se está poniendo más cuesta arriba. Un dato: de media, lo suelen hacer a los 30 años. En la media de la UE, esa cifra se queda en los 26,2 años.

Todo se debe a la suma de una serie de factores. Para empezar, el alto precio de la vivienda, tanto de compra como de alquiler. Sin olvidar los trabajos precarios (con sueldos bajos y temporalidad) que dificulta poder ahorrar para poder acceder a una vivienda.

Este problema no lo tienen algunos jóvenes en Países Bajos. De hecho, viven gratis de alquiler si cumplen un único requisito. A continuación, te lo contamos.

Vivir gratis

En el este de Países Bajos se sitúa la ciudad de Deventer. Allí, está ubicado el Centro Residencial Humanitas.

Se trata de un centro residencial para personas mayores pero en el que no faltan jóvenes estudiantes universitarios. Estos no tienen que pagar nada de alquiler. ¿Por qué?

Porque se han comprometido a dedicar parte de su tiempo (mínimo 30 horas al mes) a compartir su tiempo con los adultos mayores.

Es decir, que comen juntos, que ven partidos de fútbol, les enseñan a usar internet, comparten hobbys, o, simplemente, charlan de multitud de temas. Desde la propia experiencia que han tenido a lo largo de sus dilatadas vidas, a lo bien o mal que les van los estudios.

De esta manera, por ejemplo, reducen la soledad, uno de los problemas más acuciantes para las personas mayores. Y estos dejan de hablar de temas recurrentes como las citas con los médicos, por ejemplo.

Solidaridad intergeneracional, podría definirse el ‘invento’. Y es que los beneficios para unos y otros son mutuos.

Resumiendo: los jóvenes alivian el coste que supone vivir de alquiler (por ejemplo) mientras que aportan energía, vitalidad y compañía a los más mayores. Mientras que estos dejan a un lado la soledad y comparten sus interesantes experiencias de vida.

En definitiva, todos y cada uno de ellos ganan en este vínculo emocional localizado en un entorno único y exclusivo. Un modelo que se ha exportado a otros países.