Marina García.

Marina García. Cedida.

Sociedad

Marina García cambia las reglas de la joyería: "La joya ya no representa solo un estatus, sino también la personalidad"

En conversación con EL ESPAÑOL, la diseñadora de joyas ha repasado los inicios de la marca, su crecimiento y el futuro de la firma.

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Las claves

Marina García combina la tradición artesanal heredada de su padre con un diseño contemporáneo en su firma de joyas.

La diseñadora apuesta por joyas versátiles que expresan personalidad, más allá del estatus, y que se adaptan a la vida cotidiana.

Toda la producción se mantiene en Zaragoza, lo que permite controlar la calidad y preservar la esencia artesanal de la marca.

García planea seguir creciendo, explorando nuevas colecciones y expandiendo su firma a nuevos mercados sin perder su identidad.

Entre bancos de trabajo, gemas y bocetos, Marina García pasó su infancia observando cómo cada idea de su padre se transformaba en auténticas joyas.

Aquel entorno marcó el inicio de una trayectoria que hoy se traduce en una firma propia, donde la tradición artesanal heredada convive con un diseño contemporáneo pensado para la vida diaria.

"Era un lugar entrañable, pero también de mucha concentración. Me fascinaba ver cómo un diseño se transformaba en una pieza real", apunta Marina en conversación con EL ESPAÑOL.

Marina García.

Marina García. Cedida.

Aquella curiosidad infantil, que la llevaba a experimentar en ocasiones con diferentes materiales o imaginar estilismos para las joyas, acabó convirtiéndose en una vocación firme, llegando así a crear su propia firma de joyas: Marina García.

No obstante, y aunque la firma actualmente lleve su propio nombre, la influencia de su padre, fundador del taller familiar en Zaragoza en 1959, sigue siendo central en su trabajo.

"Mi padre siempre buscó la excelencia en cada detalle y esa filosofía forma parte de nuestro ADN", explica la diseñadora.

Precisamente, es esa misma filosofía la que sigue siendo hoy en día uno de los pilares de la firma. García lo resume con claridad: trabajan cada creación "como si fuera única", manteniendo intacto el nivel de exigencia heredado.

Cuando presenté mis primeras colecciones, muchos profesionales del sector reconocían inmediatamente ese sello y esa tradición

Marina García, diseñadora de joyas

Sin embargo, su entrada en el diseño no fue inmediata ni calculada. Durante años, la joyería fue casi un juego: imaginar qué mujer llevaría una pieza, con qué estilo, en qué momento. Hasta que ese ejercicio espontáneo derivó en una necesidad creativa real.

"Cuando ese torrente creativo aparece, ya no se puede parar", afirma. De ese impulso nacieron sus primeras piezas y, poco después, una colección completa.

En 2004 presentó su primera línea, en un contexto dominado por la alta joyería más tradicional. Su propuesta introducía un matiz distinto: la joya como expresión personal. Frente a una concepción ligada al estatus, García apostó por piezas capaces de adaptarse a la vida cotidiana sin perder sofisticación.

Para ello, Marina defiende que una joya debe ser versátil, acompañar tanto un look informal —"unos jeans, camiseta y blazer"— como un estilismo de cóctel. Precisamente, en esa idea se condensa buena parte de su enfoque.

Marina García.

Marina García. Cedida.

En este sentido, tal y como corrobora Marina a este medio, más que una estrategia de mercado, esa evolución respondió a una intuición sobre el cambio generacional. "Creo que fue una necesidad. Veía que había una nueva generación de mujeres que buscaban joyas de calidad, pero con un diseño más renovado", señala.

Su trabajo consistió en trasladar la tradición artesanal a un lenguaje más actual, sin perder el rigor técnico. Esa transición, apoyada en la sólida base del taller familiar, permitió que la marca creciera de forma progresiva hasta consolidar una identidad reconocible.

De hecho, parte de esa visibilidad ha llegado también a través de las alfombras rojas, donde sus piezas han sido elegidas por cientos de actrices y artistas.

No obstante, y aunque reconoce el impacto mediático de estos momentos, su interés va más allá. "Lo que más me gusta es ver cómo cada mujer interpreta la joya y la integra en su propio estilo", añade.

Creo que sorprendería la cantidad de manos por las que pasa una joya y la cantidad de horas que hay detrás de cada pieza.

Marina García, diseñadora de joyas

Esa misma atención al detalle y al cuidado de cada pieza se refleja en su decisión de mantener toda la producción en Zaragoza, una elección que aúna criterios de calidad con una dimensión emocional: seguir cultivando la tradición artesanal que caracteriza a la marca.

Controlar todo el proceso en el propio taller permite preservar el nivel de exigencia, pero también continuar una tradición iniciada por su padre.

En este sentido, Marina insiste que todo esto es posible gracias a un equipo de artesanos que "cada día ponen alma, cabeza y corazón en este proyecto".

Ese proceso, a menudo invisible para el cliente final, es, según Marina, uno de los aspectos que más sorprenderían al público.

Marina García.

Marina García. Cedida.

Para concluir, le preguntamos a Marina García sobre los próximos pasos de su marca. De cara al futuro, apuesta por seguir creciendo sin perder la esencia que define la marca: diseño, artesanía y cercanía.

Asimismo, también quiere seguir explorando nuevas colecciones, manteniendo la conexión entre tradición y contemporaneidad que caracteriza su trabajo.

"Además, queremos continuar expandiendo la marca a nuevos mercados que permitan interpretar el bello arte de la joyería", concluye.

Porque, en su caso, la joyería no es solo un oficio heredado, sino una forma de mirar —y de construir— identidad.