Montaje de Xavi con los enseres de unos okupas desalojados (Europa Press).

Montaje de Xavi con los enseres de unos okupas desalojados (Europa Press).

Sociedad

Los okupas cambian su forma de actuar: venden casas ajenas sin el consentimiento expreso de sus propietarios

Te contamos de la mano de Xavi Cots, procurador, cómo se hacen pasar por agentes de la propiedad inmobiliaria y el beneficio que obtienen.

Más información: Confirmado por ley: se penalizará a los propietarios que tarden más de un mes en devolver la fianza en 2026

Publicada

Las claves

Los okupas han evolucionado su modus operandi y ahora venden viviendas ajenas sin el consentimiento del propietario.

Suelen ocupar pisos, cambiar la cerradura y vender las llaves por precios que oscilan entre 3.000 y 10.000 euros.

Los compradores de estas viviendas saben que no son los legítimos propietarios, lo que dificulta que se considere estafa en muchos casos.

En casos donde un antiguo propietario alquila un piso que ya no le pertenece, sí puede configurarse un delito de estafa.

La okupación se está convirtiendo en uno de los principales problemas para los españoles. Ante la falta de seguridad jurídica, muchos propietarios lo que están haciendo es vender sus viviendas en vez de ponerlas en alquiler, por ejemplo.

Hasta ahora, y en su modus operandi, utilizaban recibos de pedidos a pizzerías, por ejemplo, para demostrar que viven en esa casa. También suelen llenar la nevera o ponen fotos familiares para corroborar que la utilizan, a la par que demoran el desalojo.

Sin embargo, hay nuevas “profesiones” en la okupación, tal y como lo define Xavi Cots. En la red social LinkedIn, el procurador de los tribunales en Cataluña analiza su forma de actuar y los beneficios que obtienen.

Módico precio

Estos nuevos okupas se pueden definir como Agentes de la Propiedad Inmobiliaria (API). Pero su característica es que “venden casas ajenas sin el consentimiento del propietario”. ¿Cómo lo hacen?

Para empezar, en su cartera tienen una amplia gama de pisos “generalmente propiedad de bancos o fondos, aunque en ocasiones también de particulares”. Y su forma de ‘trabajar’ es habitual: patada a la puerta y cambio de cerradura.

“Con eso, el inmueble queda listo para ser ‘vendido’ por el módico precio de entre 3.000 y 10.000 euros aproximadamente. ¿Qué puede salir mal para este ‘empresario’?”, se pregunta irónicamente Xavi Cots.

En su experiencia como procurador, no deja de sorprenderle cuando acude a realizar un acto de comunicación para notificar el emplazamiento de una demanda en un inmueble okupado.

“Cuando pregunto a los ocupantes quiénes son y en base a qué título están ocupando la finca, en numerosísimas ocasiones me responden que lo hacen en calidad de propietarios”, prosigue.

¿Qué sucede entonces? Que, cuando se identifica como procurador y les explica que va a emplazarles para un juicio, actualizan esa primera versión. ¿Cuál es la nueva? Le reconocen que compraron las llaves a alguien.

“Eso sí, curiosamente, nunca recuerdan a quién. Así, nos encontramos con una situación peculiar: por un lado, un ‘API’ que vende pisos ajenos sin consentimiento y se queda con el precio; y, por otro, unos supuestos ‘propietarios’ que conocen la situación pero que, por necesidad u otras circunstancias, acceden a participar en este negocio”, prosigue Cots.

Y añade: “Lo curioso del caso es que podría parecer que estamos ante una estafa. Sin embargo, como el ‘comprador’ conoce perfectamente la situación, no existe engaño ni error, elementos esenciales de este delito”.

Llegados a este punto, Xavi Cots hace una matización: “Algo distinto ocurre, por ejemplo, cuando un antiguo propietario que ha perdido el inmueble en un procedimiento judicial sigue teniendo la posesión del mismo y lo alquila a un tercero haciéndose pasar por propietario”.

¿Qué sucede en este caso? Pues que sí se produce un engaño “que puede configurar claramente una estafa”.