Arsenio, 84 años, se ha quedado sin casa por un inquiokupa: He trabajado 16 horas diarias para poder vivir bien, esto está fatal

Arsenio, 84 años, se ha quedado sin casa por un inquiokupa: "He trabajado 16 horas diarias para poder vivir bien, esto está fatal"

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Arsenio, 84 años, se ha quedado sin casa por un inquiokupa: "He trabajado 16 horas diarias para poder vivir bien, esto está fatal"

El inquilino de Arsenio no se quiso marchar del piso cuando se lo pidió y desde entonces le debe 7.000€ además de perder todo derecho sobre la vivienda.

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Las claves

Arsenio, de 84 años, ha tenido que abandonar su vivienda en Getafe y alquilar una habitación tras un conflicto con su inquilino, que dejó de pagar el alquiler y se niega a marcharse.

El anciano asegura que el inquilino le debe 5.000 euros en alquiler y unos 2.000 euros en facturas de luz, y que ha recibido amenazas cuando intentó recuperar su casa.

El caso de Arsenio es un ejemplo de la inquiokupación, donde los inquilinos dejan de pagar y no abandonan la vivienda, obligando a los propietarios a iniciar largos procesos judiciales.

En España, siete de cada diez desahucios se deben al impago del alquiler y los procedimientos pueden prolongarse entre 12 y 14 meses.

A sus 84 años, Arsenio nunca imaginó que terminaría viviendo en una habitación alquilada mientras otra persona permanece en su vivienda y él no ve un euro a cambio.

El anciano, vecino de Getafe, asegura que ha tenido que abandonar su propia casa tras un conflicto con el inquilino al que había alquilado el piso y que, según relata a Madrid Directo, dejó de pagar el alquiler y se niega a marcharse.

Hoy, su realidad es muy distinta a la que esperaba a esta edad. "Estoy pagando 250 euros por una habitación con derecho a cocina. Y la ropa la bajo a lavar a una lavandería porque me da cosa usar la lavadora de la señora", explica.

Además, convive con la preocupación por la salud de su esposa: "No me puedo imaginar que una persona de 84 años que ha trabajado toda su vida tenga que estar en una habitación con mi mujer enferma".

El origen del problema se remonta a 2017, cuando decidió alquilar la vivienda a una pareja conocida de una vecina. Durante años todo funcionó con normalidad.

"Al principio todo bien y pagaban", recuerda. Sin embargo, la situación cambió en 2025. Según explica, dejaron de pagar y comenzaron los problemas. Actualmente asegura que le deben 5.000 euros de alquiler y unos 2.000 euros de facturas de luz.

El conflicto se agravó cuando intentó formalizar un documento para que abandonaran el piso. "Le di la carta, la estuvo leyendo y después me dijo que no la iba a firmar porque si lo hacía se tenía que marchar", relata.

Según su testimonio, el inquilino le dijo que no se iría hasta encontrar otro lugar. La tensión aumentó cuando mencionó que su yerno podría intervenir para ayudarle. "Me dijo que si venía alguien que no fuera yo, cogía una daga y le cortaba el cuello", afirma.

La situación ha provocado un fuerte impacto emocional en el jubilado. "No pensaba que me fuese a ver a mi edad así. Muchas veces estoy acostado y estoy llorando", reconoce.

Tras una vida dedicada al trabajo, asegura que no entiende cómo ha acabado en esta situación: "He trabajado 15 o 16 horas diarias para poder vivir al final bien, pero tener que estar así está fatal".

El problema de la inquiokupación

El caso de Arsenio refleja un fenómeno cada vez más frecuente: la inquiokupación. Se denomina así a los inquilinos que acceden a una vivienda con un contrato legal, pero posteriormente dejan de pagar la renta y se niegan a abandonar el inmueble.

A diferencia de la okupación clásica, estos casos se tramitan por la vía civil mediante un procedimiento de desahucio por impago, lo que obliga al propietario a esperar una resolución judicial.

Los datos muestran la dimensión del problema. Según el Observatorio del Alquiler, la deuda media por impago alcanzó 8.489 euros en 2025, el equivalente a unos siete meses de renta.

Además, los procedimientos judiciales pueden prolongarse entre 12 y 14 meses en muchos juzgados. De hecho, siete de cada diez desahucios en España se deben al impago del alquiler.

Mientras tanto, Arsenio sigue esperando una solución que le permita recuperar su casa.

Para él, la situación resulta difícil de asumir: "No me imaginaba esto. Esta gente no tiene vergüenza... No lo entiendo". Y, por ahora, su problema continúa sin resolverse.