Marc Vidal, analista económico.

Marc Vidal, analista económico. E.E.

Sociedad

Marc Vidal, economista: "El problema de España no es ser funcionario, es que opositar es la salida fácil"

España bate récords de empleo, pero crece el desequilibrio: ya hay más funcionarios que autónomos y los economistas alertan.

Más información: Marc Vidal, economista: "El problema de España no es cuántos funcionarios hay, sino para qué sirven"

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Las claves

Marc Vidal advierte sobre el crecimiento sostenido del empleo público en España frente al retroceso del trabajo autónomo.

El economista señala que opositar se ha convertido en la opción racional para protegerse del sistema económico, debido a la falta de incentivos para emprender.

España ya cuenta con más empleados públicos que trabajadores autónomos, una situación inédita que refleja un cambio profundo en la estructura laboral.

Vidal resalta que menos autónomos supone menor innovación y competitividad, y que la economía española se vuelve más rígida y vulnerable.

España vuelve a presumir de cifras de empleo. Los titulares hablan de récords históricos y de un mercado laboral que resiste mejor que el de otros países europeos. Sin embargo, bajo esa foto optimista se esconde un desequilibrio que preocupa cada vez más a los analistas económicos.

Uno de ellos es Marc Vidal. El economista ha puesto el foco en una tendencia que, a su juicio, revela un problema estructural profundo: el crecimiento sostenido del empleo público frente al retroceso del trabajo autónomo en España.

Vidal no cuestiona la existencia del funcionariado ni su papel en el funcionamiento del Estado. Su advertencia va por otro camino. El problema, insiste, aparece cuando opositar deja de ser una vocación de servicio y se convierte en la opción racional para protegerse del sistema económico.

España crea empleo, pero no todo el empleo tiene el mismo impacto. Y no todo el empleo empuja al país en la misma dirección. Esa es la idea central que el economista ha defendido en distintas intervenciones públicas y análisis recientes.

En la última década, el número de empleados públicos no ha dejado de crecer, mientras que el colectivo de autónomos se ha ido reduciendo de forma constante. Una tendencia que no es casual ni coyuntural, sino consecuencia directa de los incentivos del sistema.

Para Vidal, cuando una economía empuja a sus ciudadanos a buscar refugio en la estabilidad del sector público, algo esencial está fallando en el diseño del modelo productivo.

Un refugio frente al riesgo

Convertirse en autónomo en España es, para muchos, una carrera de obstáculos. Cuotas elevadas, ingresos irregulares, presión fiscal, inseguridad normativa y una burocracia que penaliza el error hacen que emprender resulte cada vez menos atractivo.

A ese escenario se suma una percepción social muy clara: el fracaso empresarial se castiga, mientras que la estabilidad laboral se premia. El resultado es un cambio de mentalidad que no responde a una cuestión cultural, sino económica.

Marc Vidal subraya que cuando la opción más lógica para miles de jóvenes cualificados es preparar una oposición, el problema no está en ellos. Está en el sistema que convierte el riesgo en una amenaza permanente.

El empleo público ofrece estabilidad, ingresos previsibles y una protección frente a los ciclos económicos que el sector privado no siempre puede garantizar. En un entorno incierto, esa seguridad pesa más que la posibilidad de crecer o innovar.

España, explica el economista, ha ido construyendo un marco en el que el coste de emprender es demasiado alto y la recompensa demasiado incierta. Frente a eso, el empleo público actúa como salvavidas.

El resultado es una economía cada vez menos dinámica, menos competitiva y con menor capacidad para generar valor añadido. No porque falten funcionarios, sino porque faltan incentivos para crear actividad privada.

Vidal insiste en que no se trata de demonizar al funcionario. Se trata de preguntarse por qué el sistema empuja a tantos ciudadanos a elegir esa vía como única salida razonable.

El desequilibrio que preocupa

Los datos respaldan esa percepción. España cuenta ya con más empleados públicos que trabajadores por cuenta propia, una situación inédita en décadas anteriores y que marca un cambio profundo en la estructura laboral del país.

Según las cifras más recientes, la brecha entre ambos colectivos supera los 300.000 trabajadores. Un contraste significativo si se compara con el escenario previo a la crisis financiera de 2008.

En aquel momento, el número de autónomos superaba con claridad al de funcionarios. El emprendimiento era visto como una oportunidad real de progreso y movilidad social, pese a los riesgos que implicaba.

La crisis lo cambió todo. Miles de pequeños negocios desaparecieron y el trabajo por cuenta propia quedó asociado a precariedad, incertidumbre y desgaste personal. Desde entonces, la recuperación no ha logrado revertir esa percepción.

Marc Vidal señala que en otros países europeos con un sector público amplio, como los nórdicos, existe un equilibrio distinto. El empleo público complementa al tejido productivo privado, no lo sustituye.

En España, sin embargo, el crecimiento del empleo público coincide con un debilitamiento del emprendimiento. No porque el Estado sea más eficiente, sino porque el sector privado se enfrenta a demasiadas barreras.

El economista advierte de que esta dinámica tiene consecuencias a medio y largo plazo. Menos autónomos significa menos innovación, menos competencia y menos capacidad para adaptarse a un entorno global cada vez más exigente.

Cuando el sistema premia la estabilidad por encima del riesgo, la economía se vuelve más rígida. Y una economía rígida es más vulnerable ante cualquier shock externo.

Vidal resume el problema con claridad: si opositar se convierte en la salida fácil, la economía deja de cumplir su función principal, que es generar oportunidades reales de progreso.

El debate, por tanto, no debería centrarse en cuántos funcionarios hay, sino en por qué cada vez hay menos personas dispuestas a emprender en España.

Porque ahí, insiste el economista, es donde está la verdadera señal de alarma.