Ricardo Gil, dueño del restaurante Epsilon, en Alcañiz (Teruel)

Ricardo Gil, dueño del restaurante Epsilon, en Alcañiz (Teruel) Cedida

Sociedad

Ricardo Gil, empresario, sobre los salarios precarios que ofrece la hostelería a los trabajadores: "Los convenios están ahogados"

Los últimos datos del Boletín Oficial del Estado (BOE) señalan unos salarios base que oscilan entre los 1.000 y los 1.500 euros mensuales.

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Las claves

Ricardo Gil, empresario hostelero de Teruel, denuncia los salarios bajos y la precariedad laboral en el sector, calificando los convenios como "ahogados".

Los salarios base en hostelería oscilan entre 1.000 y 1.500 euros, y el incumplimiento de derechos laborales como descansos y vacaciones agrava la situación.

Gil apuesta por mejorar las condiciones de sus empleados y critica la presión fiscal, que llega a absorber hasta el 40% de la facturación del negocio.

El empresario defiende que la hostelería debe ofrecer trabajo digno y jornadas razonables, alejándose de la explotación y la visión de que "el bar nunca puede cerrar".

Cualquiera que haya trabajado en el sector de la hostelería sabe que este es un oficio muy sacrificado. Largas horas sin descanso, horarios a turno partido, y jornadas en fin de semana y festivos.

Por si fuera poco, los salarios no ayudan. "Los convenios salariales de los camareros están bajo el nivel del agua, están ahogados", lamenta el hostelero de Teruel, Ricardo Gil, en conversación con EL ESPAÑOL.

Los últimos datos publicados por el Boletín Oficial del Estado (BOE), de la resolución del 14 de mayo de 2025, señalan unos salarios base que oscilan entre los 1.000 y los 1.500 euros en función de la provincia y el cargo del empleado.

Además, el incumplimiento por parte de muchos empresarios de la hostelería en los días de descanso, las cuantías económicas extras por nocturnidad y días no laborables, así como la omisión de vacaciones en numerosas ocasiones provoca que la situación sea insostenible.

A consecuencia de esto, la hostelería se ha convertido en "un trabajo de paso", perjudicando a la profesión. "El sector está tan precarizado que parece que si no vales para otra cosa te tienes que meter a camarero", lamenta Ricardo.

"Los derechos de los trabajadores no se cumplen, por eso hay tanta rotación en el sector hostelero", alega el empresario. "A los pocos años de dedicarse a esto, los jóvenes están quemados y se van. Y es normal", continúa.

Todo ello promueve al habla popular el muy escuchado "no se encuentran camareros, la gente ya no quiere trabajar". A este respecto, Ricardo Gil aclama: "Si la gente no quiere trabajar contigo tienes un problema muy grande, porque la gente sí quiere trabajar, por supuesto que quiere trabajar".

'Convenios ahogados'

Ricardo Gil es el dueño de tres establecimientos de la localidad de Alcañiz, en Teruel: una cafetería, un restaurante y un hotel. Todos ellos bajo la línea empresarial de Epsilon Alcañiz. El propietario asegura que la mayoría de su plantilla lleva trabajando junto a él más de una década. "Si tú cuidas de tus empleados, los empleados van a cuidar de ti", sostiene.

Y agrega: "Hay que conocer y escuchar activamente a la plantilla, y si se les puede ayudar personalmente mejor".

Por su parte, el hostelero es defensor de que "si la empresa tiene unos ingresos mayores, se debe compensar económicamente a los trabajadores", puesto que es resultado de una labor en equipo.

Además, mientras que para este 2026 se ha planteado un aumento del 1,5 % del salario mínimo interprofesional (SMI), Ricardo asegura que ha acordado con sus trabajadores "un incremento salarial del 6 %", puesto que denuncia que la subida propuesta "no es suficiente".

"El problema es que el convenio pacta un convenio a mínimos y con eso no se vive", manifiesta. Y añade: "Con los salarios mínimos que ofrece el convenio de la hostelería no se puede llegar a fin de mes".

Por ello, Ricardo hace un llamamiento a todos los hosteleros del país para "acometer contra el Gobierno". "Los empresarios estamos muy ahogados, la presión fiscal es muy alta, y buscamos una defensa", proclama.

"No somos esclavos"

Los empresarios de hostelería se enfrentan a una carga de seguridad social de hasta el 31,4 % del salario bruto de cada trabajador, según datos de la Tesorería General de la Seguridad Social. Además, deben hacer frente a unas cuotas mensuales de autónomos que oscilan entre los 200 y los 590 euros según ingresos.

Ante estos datos, Ricardo denuncia: "El 35-40 % del dinero que se hace de caja va a las instituciones públicas". Una realidad que, incide, "ahoga a los empresarios".

El hostelero lamenta que, a consecuencia de ello, "quienes dirigen el país obligan a los pequeños empresarios a generar 'dinero en B'". Una medida que, en cierto modo, "'beneficia' tanto al empresario para que no tenga que pagar tanto de seguridad social, como al empleado para que no se le retenga tanto de IRPF", según explica el empresario.

A pesar de ello, Ricardo asegura que, a sus casi 60 años, nunca ha puesto en marcha esta falsa solución. "A este ritmo, el 50 % del sector de la hostelería va a caer porque la presión fiscal es muy alta", deplora el empresario.

Por su parte, Ricardo Gil tiene claro que "si el negocio no funciona, lo mejor es cerrar". El hostelero defiende el trabajo con dignidad, y lamenta que, mientras quien antes trabajaba en la hostelería se podía permitir irse de vacaciones, comprarse una casa y "llevar una vida normal", eso "ahora ya no es posible".

"Se tiene que poder trabajar de una forma digna, y los empresarios debemos garantizar el bienestar de nuestros empleados, que no es cumplir con los convenios, porque eso son los mínimos, y nadie te va a sancionar por mejorar esos convenios", sentencia este propietario de Teruel.

Para Ricardo, que en su negocio se trabaja en jornadas de ocho horas sin turnos partidos, es necesario "dinamitar el pensamiento de que se tienen que cumplir jornadas maratonianas". De igual modo, el turolense defiende que "se deben romper los tópicos de que en la hostelería se sabe cuándo se entra y no cuándo se sale".

"No podemos seguir con la esclavitud de que un bar tiene que estar abierto los 365 días del año y trabajar 15 horas diarias. No podemos estar como esclavos, ni tener a los empleados como esclavos", concluye.