Moisés, dueño de una churrería.

Moisés, dueño de una churrería. E.E.

Sociedad

Moisés, dueño de una churrería: "Me cuesta hacer un churro dos céntimos y lo vendo por 30"

Detrás de cada churro hay números, horarios duros y tradición familiar: así funciona una churrería por dentro.

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Las claves

Moisés dirige una churrería familiar en Granollers, negocio iniciado por sus abuelos en 1981 y que ha crecido hasta contar con nueve establecimientos, incluyendo food trucks y un obrador.

El margen de beneficio por churro es muy elevado: el coste de producción ronda los 2 céntimos y se vende a 30, aunque la facturación anual por local varía entre 40.000 y 60.000 euros.

El éxito del negocio se apoya en la tradición familiar y la conexión con el barrio, aunque Moisés advierte que la rentabilidad no lo es todo: la vocación y el trato con el cliente son fundamentales.

Uno de los principales retos del sector es la falta de personal, debido a las exigentes jornadas y horarios, lo que dificulta encontrar empleados dispuestos a trabajar en churrerías.

Muchos españoles se preguntan por la rentabilidad real de las churrerías, un negocio muy extendido por España y que hace que muchas personas lo vean como una opción interesante para emprender.

En este sentido, el emprendedor y creador de contenido Eric Ponce (@Eric_Ponce en YouTube), ha visitado Churros Peñacorada en Granollers, donde ha hablado con Moisés, su propietario y quien le ha explicado los entresijos del negocio.

Las churrerías son uno de los negocios más típicos del país, especialmente populares durante los meses de invierno, cuando se forman largas colas para poder disfrutar de los tradicionales churros con chocolate.

Habitualmente estos locales pertenecen a familias que han mantenido el negocio durante varias generaciones, manteniendo viva la tradición familiar, como es el caso del mencionado Moisés, nieto de los primeros propietarios.

El negocio familiar más allá de los beneficios

El catalán explica que sus abuelos abrieron la churrería en el año 1981, cuando quisieron "dar una mejor vida a su familia", y por ello emprendieron con este modelo de negocio que creció cuando su madre decidió ampliar el negocio y abrir un segundo establecimiento años más tarde.

A medida que fue pasando el tiempo y con el éxito cosechado, sumado a una "visión un poco más modernizada", han crecido hasta llegar a alcanzar un total de nueve churrerías, de las cuales la mayoría son food trucks, aunque "también tenemos camiones con los que vamos a eventos y un obrador", explica Moisés.

Aunque en su caso se ha convertido en un negocio de éxito, el joven emprendedor no recomienda invertir en este sector, y lo justifica con una sencilla razón, que tiene que ver no con los beneficios, sino con la vocación.

"La churrería es algo que debes sentir, una tradición que tiene que ir arraigada dentro de ti", explica un Moisés que considera fundamental que exista tradición familiar en el negocio. Además, otra de las claves de su éxito se encuentra en su obrador central, donde elaboran algunos de los productos que venden en sus churrerías.

"Nuestros churros son artesanales y hechos al momento en cada churrería, pero otros productos sí que los hacemos en el obrador", comenta al respecto.

Un negocio rentable

A la hora de hablar de la rentabilidad del negocio, Moisés destaca que la facturación de cada una de sus churrerías depende de varios factores como la localización o los horarios de apertura, pero aún así estima que la media anual se puede situar entre los 40.000 y los 60.000 euros por churrería.

La clave financiera reside en el margen del churro, el producto estrella de estos negocios. Con un coste de materia prima (harina, sal, agua y aceite) casi insignificante, puede disfrutar de un beneficio altísimo por unidad, compensando de esta forma el bajo ticket medio.

"Un churro me puede salir un céntimo o dos céntimos… lo puedes vender a unos 30 céntimos. Es una fantasía", confiesa Moisés, que muestra un margen de beneficio muy interesante para el que es su producto más vendido, aunque su catálogo es mucho mayor.

Sin embargo, al mismo tiempo también advierte que se trata de un negocio en el que el éxito no solo depende de números, sino de la estacionalidad, pues el negocio tiene su punto álgido entre los meses de octubre y abril, en los más fríos del año, y que cae durante el verano.

Asimismo, destaca la importancia de que exista una conexión emocional con el barrio, algo que solo pueden conseguir aquellas churrerías que tienen tradición y que saben cómo tratar a los clientes para fidelizarlos, todo ello con una buena atención y un buen producto.

Falta de personal

Durante su encuentro con Eric Ponce, Moisés comparte el que es uno de los problemas más habituales en el terreno de la hostelería actualmente, y es la falta de personal, al haberse convertido en un sector que causa cada vez más rechazo entre los jóvenes.

Las largas jornadas de trabajo, que en la mayoría de los casos no se acompañan con buenos sueldos, hacen que resulte realmente complicado para los negocios de este tipo poder encontrar personas que quieran trabajar en él por las exigencias que ello supone.

El catalán destaca que encontrar empleados dispuestos a trabajar en una churrería es una tarea compleja, especialmente por los horarios. Ser un profesional de este tipo de negocios implica darse grandes madrugones para comenzar la jornada laboral a las 6 de la mañana, además de tener que trabajar en la calle, pasando frío durante los meses de invierno.

"Puedo enseñar a hacer churros a cualquier persona, así que a la hora de contratar, en lo que me fijo es en que sea una buena persona con buenos valores", destaca Moisés, que pese a todo asegura que, en comparación con otro tipo de negocios, la inversión inicial es bastante menor.

En su opinión, el cariño del barrio y la nostalgia que se asocia con los churros es clave para crear una base de clientes muy fiel, con una estabilidad que proviene de una reputación que en su caso han conseguido acumular durante décadas de un buen trabajo.

"Nos vienen a comprar los nietos de los abuelos que empezaron con nosotros", destaca Moisés, que tiene claro que para él la churrería es mucho más que un negocio en el que trabajar, sino que "es nuestra vida, es nuestra familia".