Adrián (33), apicultor en las montañas asturianas, en un montaje de El Español

Adrián (33), apicultor en las montañas asturianas, en un montaje de El Español

Sociedad

Adrián (33), apicultor en las montañas asturianas: “Los osos son mis vecinos, esto es un entorno salvaje”

El joven asturiano ha recuperado la tradición familiar en el bosque de Muniellos para hacer una miel cargada de historia en medio de la naturaleza.

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Las claves

Adrián, un joven apicultor, ha regresado a Valdebois, en las montañas asturianas, para continuar la tradición familiar de producir miel en plena Reserva Natural de Muniellos.

Protege sus colmenas del oso pardo mediante el uso de cortines, construcciones circulares de piedra típicas de la zona, restauradas de forma manual y diseñadas para evitar ataques a las abejas.

La marca de miel Floreziendo recoge la esencia del bosque de Muniellos, con una producción basada en el respeto al entorno y a los ritmos naturales, y puede adquirirse en la aldea en distintos formatos.

Adrián considera la apicultura una misión vital vinculada a su identidad y felicidad, y ofrece experiencias para conocer el proceso y degustar la miel artesanal en Valdebois.

¿Te imaginas regresar a una remota aldea en mitad de un bosque de las montañas asturianas para fabricar la misma miel que hacía tu abuelo? Pues esta es la historia de Adrián, un joven que decidió volver a sus orígenes en la aldea de Valdebois y reconectar con la naturaleza más salvaje.

La familia Flórez está ligada a la Reserva Natural de Muniellos desde tiempos inmemoriales, dedicándose a la ganadería y a la apicultura. Generación tras generación, han preservado el oficio tradicional de la apicultura y el patrimonio cultural y etnográfico único de esta tierra.

La miel de Adrián se llama Floreziendo y capta la esencia del profundo Bosque de Muniellos, donde sus abejas trabajan protegidas por un cortín. Esta curiosa construcción impide que los osos pardos de las montañas de Asturias se coman los panales de abejas que producen este elixir ámbar.

Proteger sus colmenas en un entorno salvaje

El cortín es una construcción circular de piedra típica del suroccidente de Asturias diseñada para proteger las abejas de los osos. Adrián restauró manualmente un muro de mampostería de más de dos metros de altura que pertenecía a su familia para volver a fabricar la miel.

En la parte superior coloca "beiras", planchas de pizarra totalmente lisas. "Es el último elemento de protección frente al oso. Si el oso consigue trepar, las losas están sueltas, entonces cuando echa la zarpa arriba se le caen encima. Al hacer ruido se asusta y se va", explica Adrián.

Adrián define su trabajo como 'apicultura heroica': "Estamos en un entorno muy salvaje, muy difícil de producir y forma parte del juego. El oso está en su sitio y nosotros también, somos vecinos y tenemos que intentar entendernos de la mejor manera posible".

Tras un periodo de estrés por intentar aumentar la producción, decidió volver a un ritmo más natural. Para él, que un oso destruyera algunas colmenas fue un mensaje de la naturaleza para no saltarse etapas y recordar que su objetivo principal es disfrutar del proceso y del entorno.

Adrián, el apicultor salvaje

Para Adrián, perpetuar el legado familiar no es solo una elección laboral, sino una misión vital ligada a su identidad, a su felicidad y al respeto por sus raíces. "Para mí, Muniellos es el sitio donde más a gusto estoy, más feliz soy y más puedo ser yo mismo", asegura el apicultor.

El joven asturiano ha cumplido el sueño de su padre, quien siempre tuvo en mente comercializar la miel bajo una marca, pero no pudo hacerlo. Ahora Adrián asume ese oficio que su padre y su abuelo defendieron durante décadas con el logo del cortín que lleva Floreziendo.

En su página web floreziendo.com ofrecen una experiencia completa para introducirse en el corazón del Bosque de Muniellos. Permite conocer Valdebois, visitar el cortín familiar donde se hace la miel, acercarse a las abejas y catar la preciada miel artesanal.

La miel de Muniellos nace del brezo, el castaño y el roble. Su sabor es intenso y equilibrado, con notas amaderadas y aroma floral, silvestre y con una textura sedosa y persistencia en boca.
Se puede comprar en formatos de 1.000, 500 o 100 gramos, a la venta en Valdebois.