Aznar en el balcón de Génova tras ganar las elecciones en 1996.

Aznar en el balcón de Génova tras ganar las elecciones en 1996.

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Del 'pucherazo' de Rato al 'pucherito' de Errejón: 7 momentazos de las noches electorales

En la Jungla. El momento inmediatamente posterior a conocer los resultados son los más delicados para un político. Repasamos los más destacados.

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Dice el tópico que en las noches electorales, cuando los candidatos salen a valorar los resultados, todo el mundo gana. No importa que tu rival haya sacado más votos que tú, siempre hay algún tipo de lectura rebuscada para que la valoración sea de alguna forma favorable a tus intereses.

Y es cierto que suele ser así, si bien no son poco los casos en los que la bofetada ha sido tan espectacular que al protagonista no le ha quedado otra que aceptar el desastre y admitirlo con las orejas gachas. Hagamos un repaso de la historia democrática reciente de España:

1993: González pierde la mayoría absoluta

Felipe González ganó en 1993 sus cuartas elecciones generales cuando ya había quien esperaba que las perdiese. Se quedó sin mayoría absoluta, pero su alegría por mantenerse en la Moncloa era más que evidente:

El Partido Popular de un juvenil José María Aznar logró un salto espectacular tanto en votos como en diputados, y se celebró el final de la mayoría absoluta del PSOE tras tres legislaturas consecutivas. Con todo, ciertas irregularidades en el censo y el hecho de que algunos colegios cerrasen más tarde de lo debido llevaron al PP a divulgar sospechas de 'pucherazo' y cuestionar los resultados hasta el último momento.

El portavoz del PP y candidato número dos al Congreso por Madrid, Rodrigo Rato, calificó la actuación del Ministerio del Interior en el recuento de "nada fiable" y auguró que iba a ser "una noche muy larga". Rato añadió que se trataba de una situación "inusual" en un país democrático "propio de un Gobierno que no ofrece datos fiables".

Según el hoy malogrado dirigente popular, las elecciones "no empezaron bien por errores en el censo" y han tenido "una prolongación por la situación creada en algunas provincias andaluzas que no han cerrado sus colegios a la hora prevista", declaraba al diario ABC al día siguiente.

1996 y 2000: las victorias de Aznar

El fin del felipismo llegó el 3 de marzo de 1996, cuando el PP logró imponerse en las elecciones. Es verdad, sin embargo,  que los sondeos indicaban que su mayoría sería mucho más amplia. Pero Aznar no se cortó al salir al balcón de Génova donde los militantes le recibieron al grito de "torero, torero" y gritó “¡El Partido Popular ha ganado las elecciones!”. Después aseguró “comprender, compartir y agradecer” el apoyo recibido.

Pero no fue el único lugar en el que se celebró el resultado esa noche. Rosa Paz describía en La Vanguardia el ambiente que se vivía en la sede de los socialistas. "Eran las once y cuarto de la noche cuando Felipe González se presentó ante sus seguidores en la sede del PSOE de la calle Ferraz. Apareció con claros síntomas de alegría y se encontró con un ambiente de euforia".

Continuaba la crónica: "Con ese estado de ánimo, el todavía presidente reconoció el triunfo del PP y anunció que, no obstante, el buen resultado obtenido por los socialistas, a tan sólo punto y medio de los ganadores, les va a permitir "hacer una oposición rigurosa, pero al mismo tiempo responsable'".

Pero el gran momento de Aznar fue en el año 2000, en el que esta vez sí logró una mayoría absoluta gracias al gran crecimiento económico de los años anteriores. Los gritos de "torero, torero" se repitieron:

2004: Una noche marcada por el 11-M

Todo indicaba que el PP, esta vez bajo el liderazgo de Mariano Rajoy, volvería a ganar las elecciones, y parecía que la única duda era si lo haría con mayoría absoluta. Sin embargo, los atentados del 11-M que causaron 193 muertos lo cambiarían todo a cuatro días de las elecciones.

Fueron unas jornadas excepcionalmente convulsas, tras las que las elecciones serían ganadas, de forma inesperada, por el PSOE de José Luís Rodríguez Zapatero, quien en su discurso se acordó por nombre de algunas de las víctimas antes de un minuto de silencio:

Las caras de los dirigentes populares dejaban claro que no era un resultado esperado. Rajoy, flanqueado por Aznar y Rato, admitió la derrota no sin recordar que los atentados lo habían cambiado todo.

2008: Zapatero contraataca

Parecía difícil que Rajoy pudiese ganar a Zapatero en 2008. La devastadora crisis económica apenas comenzaba a mostrar los dientes y no impulsaba electoralmente al PP como lo haría después. Sin embargo, viendo el tono con el que el líder popular anunció el resultado desde el balcón de Génova, parece intuirse que esperaba algo más que mejorar levemente los números de cuatro años antes:

Y Zapatero, al contrario, parecía que se había quitado un peso de encima:

2011: El saltito de Rajoy

La historia cambió en 2011, cuando la recesión hizo volar por los aires la popularidad de Zapatero. Rajoy ganó por mayoría absoluta y la euforia fue máxima. Tanta, que dio un saltito en el balcón de Génova para contentar a sus seguidores que exigían "que bote Mariano". Pero solo uno:

El que no estaba tan alegre fue Alberto Pérez-Rubalcaba quien, en una misión suicida, había pilotado la candidatura socialista condenada a perder y solo quedaba saber por cuánto. Fue el peor resultado del PSOE en su historia y finiquitó la carrera del histórico político. Cabizbajo, admitía la abrumadora derrota:

2015: el fin del bipartidismo

Cuatro años después viviríamos unas elecciones históricas: las primeras en las que serían cuatro los partidos los que se repartirían un pastel que habitualmente era cosa de dos. Rajoy fue el más votado, y se le vio alegre pero no mucho, con un discurso muy standard. Admitía las decisiones difíciles -los recortes- que les habían hecho perder buena parte del apoyo:

El otro protagonista del bipartidismo salió peor parado de sus primeras elecciones, empeorando un resultado que ya de por sí había tocado fondo. Con todo, Pedro Sánchez lo achacó a "intereses que querían destruir su partido". Casi logró venderlo como un éxito.

Podemos, a quien aludía Sánchez, fue el más exultante aquella noche. En su primera participación en unas elecciones generales logró 71 diputados. La plana mayor lo celebró apareciendo frente a los suyos en la Plaza del Reina Sofía a ritmo de Los Cazafantasmas. Un ambiente festivo en el que incluso Monedero se animó a cantar:

No tan festivo pero igualmente exultante se mostró Rivera, recordando que solo un año antes eran un partido autonómico:

2016: los tres saltitos de Rajoy

Tras no lograr ponerse de acuerdo para investir a un Presidente, en junio volvimos a las urnas. El PP fue el único partido que mejoró sus resultados. Rajoy se mostró claramente aliviado, como si hubiera visto peligrar su presidencia. Tanto que en esta ocasión dio ¡tres saltitos!

Sánchez, por otro lado, siguió empeorando sus resultados, pero incluso así pudo encontrar algo positivo. El anunciado sorpasso de Podemos no se había producido. Quien no se consuela es porque no quiere, y más si tenemos en cuenta que, con 84 diputados y abandonando él mismo su escaño, conseguiría ser Presidente unos años después.

Ciudadanos también perdió diputados, aunque durante las primeras fases del recuento parecía que se iban a dar una galleta contundente. La remontada en el tramo final permite comprender el buen sabor de boca con el que salieron a analizar los resultados. Y para todo lo demás, basta con echar la culpa a la Ley Electoral:

Los que no podían estar contentos de ninguna de las maneras eran los dirigentes de la nueva coalición, Unidos Podemos. A pesar de la alianza con Izquierda Unida, repitieron exactamente el mismo resultado. Las caras de su comparecencia contrastan con la fiesta que habían celebrado unos meses antes:

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