Cristina Ybarra, descendiente del empresario de origen vasco José María Ybarra y Almudena Bonaplata, descendiente del empresario catalán José Bonaplata.

Cristina Ybarra, descendiente del empresario de origen vasco José María Ybarra y Almudena Bonaplata, descendiente del empresario catalán José Bonaplata. Fernando Ruso

Grandes Historias HACE 170 AÑOS

La Feria española de Abril la inventaron un vasco y un catalán: hablan sus descendientes

Los Ybarra y los Bonaplata llegaron a Sevilla a principios del siglo XIX. Lo que comenzó siendo un encuentro ganadero pronto derivó en fiesta, "lo cual indignó a mi tatarabuelo", dice Cristina Ybarra. En esta edición se amplía hasta los siete días.

Pepe Barahona Fernando Ruso

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La Feria de Abril es tan universal que ni siquiera la idearon los sevillanos. Los mantones, de Manila; los farolillos, casi de Gibraltar, de donde era su ideólogo, el pintor costumbrista Gustavo Bacarisas; o las casetas, una interpretación de un cortijo de los hermanos Álvarez Quintero, de Utrera. ¡Si hasta la propia idea salió de las mentes de un vasco y un catalán! Narciso Bonaplata y José María Ybarra. Ambos con un espíritu sevillano, a pesar de nacer lejos de la Giralda. 

La cainita ciudad de Sevilla acoge bien a quienes vienen de fuera. Los Bonaplata llegaron a la capital andaluza hablando con acento catalán; los Ybarra, del País Vasco. Ambos llegaron a principios del siglo XIX, topándose con una ciudad a industrializar. Y, claro, sus ideas fueron bien recibidas por los locales.

Antes de esbozar el germen de lo que es hoy una de las fiestas más emblemáticas de la ciudad, los Bonaplata y los Ybarra se caracterizaron por su buen olfato para los negocios. Herederos de familias de tradición industrial, tanto unos como otros, importaron en Sevilla negocios relacionados con la fundición y el comercio. 

Cristina Ybarra, en su estudio de pintura ubicado en el interior del palacio de Portocarrero, en Palma del Río (Córdoba).

Cristina Ybarra, en su estudio de pintura ubicado en el interior del palacio de Portocarrero, en Palma del Río (Córdoba). Fernando Ruso

José María Ybarra Gutiérrez de Caviedes nació en Bilbao en 1816. Hijo del fundador de Altos Hornos de Vizcaya y el Banco de Bilbao, fraguó su formación académica en Madrid, donde frecuentó círculos políticos de apoyo a la regente exiliada María Cristina de Borbón-Dos Sicilias. De vuelta al País Vasco, y con el ánimo de alejar al joven de los movimientos políticos, la familia decide mandarlo a Andalucía.

En Sevilla contrae matrimonio con Dolores González Álvarez y, gracias al pulmón financiero de los Ybarra, inicia una actividad comercial entre Andalucía y el País Vasco. Rápido, detecta el potencial agrícola de la zona, sobre todo del olivar, y funda la empresa de productos alimenticios Hijos de Ybarra, actual Grupo Ybarra. 

UN ORGULLO PARA LOS YBARRA ACTUALES 

“Era una persona muy emprendedora y con un acentuado sentido del servicio público”, detalla su tataranieta Cristina Ybarra, licenciada en Bellas Artes y artista multidisciplinar. “Y claro que para nosotros es todo un orgullo saber que existe ese vínculo entre la familia y una de las fiestas más emblemáticas de Sevilla”, concreta la sucesora de uno de los fundadores. 

Y no es ese el único motivo de orgullo para los Ybarra. Su tatarabuelo José María llegó a ser concejal del ayuntamiento hispalense, nombrado segundo teniente de alcalde y alcalde, además de vicepresidente de la Diputación. Y conde de Ybarra nombrado por el rey Alfonso XII.

Almudena Bonaplata, descendiente del empresario catalán José Bonaplata, cofundador de la feria del ganado que dio origen a la actual Feria de Sevilla.

Almudena Bonaplata, descendiente del empresario catalán José Bonaplata, cofundador de la feria del ganado que dio origen a la actual Feria de Sevilla. Fernando Ruso

En el consistorio sevillano Ybarra coincide con Narciso Bonaplata, también concejal, un sevillano nacido en Barcelona siete años antes que él proveniente de una familia vinculada a la fundición de hierro y cobre. La empresa Bonaplata Hermanos, formada por Narciso junto con sus hermanos José y Ramón, lo llevó a afincarse en Sevilla, ciudad a la que llega en 1840 junto con su esposa, la francesa de París Palmira Miguel de Berquins, una prestigiosa contralto de la época.

La familia Bonaplata nunca vio con buenos ojos la relación entre la artista y el industrial. “Y digamos que se los quitó de en medio mandándolos a Sevilla”, explica a EL ESPAÑOL Almudena Bonaplata, descendiente, aunque no de forma directa, del empresario catalán. 

Nacida en Triana, aunque con marcado acento de Madrid, de donde es su madre, Almudena narra cómo sus pujantes antepasados dejaron su huella en la historia. Y no solo en la de la Feria de Abril. Suyas fueron las rejas donadas al parque del Retiro, y hechas cañones para la Guerra Civil, y también los terrenos en los que hoy se asienta parte del barrio de Salamanca de Madrid, en tiempos propiedad de los Bonaplata y regaladas a la ciudad por los antecesores de Almudena. 

DE BARCELONA A SEVILLA HUYENDO DE LA GUERRA CARLISTA

Además, la de los Bonaplata fue la primera industria textil y fundición de hierro movida por la fuerza del vapor en España. De ahí el sobrenombre Vapor Bonaplata. Sin embargo, esta modernización no fue bien vista en la época y en un Cataluña preindustrial fue percibida por los trabajadores como un enemigo de la clase obrera. En la noche del 5 de agosto de 1835, en el contexto de la Primera Guerra Carlista, la fábrica fue incendiada.

En ese escenario, la familia manda a Narciso a Sevilla y lo pone al frente de una fundición. De la factoría sevillana, que se instala en el desamortizado convento de San Antonio en 1840, salen los hierros del puente de Isabel II, popularmente conocido como el puente de Triana.

Pero pese a sus muchos méritos, a los concejales Narciso Bonaplata y José María Ybarra, catalán y vasco, se les recuerda como los ideólogos de la Feria de Abril. Aunque no como se conoce actualmente.

LA FERIA, 170 AÑOS DEL PRIVILEGIO DE ISABEL II

La feria que salió de la mente de los industriales era una cita agrícola y ganadera en la que comprar y vender reses. En realidad, la feria ganadera antecedía hasta la época de Alfonso X El Sabio. La propuesta dictaba celebrarla anualmente en los días 19, 20 y 21 de abril. Y eso gustó a las autoridades locales, que consiguieron que en marzo de 1847 la reina Isabel II concediese a la ciudad el privilegio de una feria.

La primera feria, de la que se cumplen 170 años en esta edición, tenía 19 casetas y se asentó en el Prado de San Sebastián, una zona baldía a las espaldas de la antigua Fábrica de Tabacos, actual Rectorado de la Universidad de Sevilla.

Caseta de los empleados de Ybarra en el Real de la Feria de Sevilla.

Caseta de los empleados de Ybarra en el Real de la Feria de Sevilla. Fernando Ruso

El éxito fue tal que los comerciantes reclamaron a las autoridades locales un incremento de presencia policial con el que ahuyentar el cante y el baile de los sevillanos, que dificultaban con su jolgorio el negocio. En 1859 las casetas destinadas a la diversión ya superaban en número a las de los comerciantes. Llegaron los puestos de comida y atracciones. Y en nada, el origen agrícola y ganadero quedó en una mera anécdota.

LOS FUNDADORES, INDIGNADOS POR LA DEGENERACIÓN

“De hecho, mi tatarabuelo, indignado por la degeneración que había tomado su idea, llegó a enviar un escrito en el que denunciaba que la feria poco tenía que ver con la que en origen se fundó”, explica con gracia Cristina Ybarra, contenta con la deriva que tomó la cita que se repite cada mes de abril. “Tuvo una evolución maravillosa”.

“Yo soy ferianta”, reconoce la pintora. “Me divierte mucho, me gusta mantener vivas las tradiciones, me alegra solo el hecho de entrar en el recinto ferial; su estética, la alegría, la mujer tan guapa y engalanada, los coches de caballo, el flamenco… ¡Me gusta vivir! Y la feria de día, más que la de noche. Vestirme de flamenca, ponerme de mantilla...”. 

Cristina conserva un par de fotos de su tatarabuelo José María Ybarra. Las tiene colgadas juntas en el palacio renacentista de Portocarrero, situado en la localidad cordobesa de Palma del Río. Allí, en el alcázar almohade del siglo XI que sirvió para el rodaje de la película El reino de los cielos de Ridley Scott, recibe a EL ESPAÑOL. Y habla de la feria, de su feria. Y defiende su universalidad.

“Dicen que es cerrada, pero no es así; el sevillano lleva al Real su casa y ahí recibe, es lógico que haya que conocer a algún sevillano para poder entrar en su casa”, razona Ybarra, que durante años ha sido jurado en los premios de mantilla del concurso de enganche de la Maestranza. “A todas las aprobaba por el esfuerzo, la tradición y los tirones de pelo”, comenta con gracia.

Además de pintar, y de gestionar lo relacionado con el palacio de Portocarrero, Cristina Ybarra asesora en imagen y protocolo a quien quiera ir como mandan los cánones a la Feria de Abril. “El protocolo es orden y clarifica las ideas para ir cómoda y apropiada”, puntualiza esta elegante medio sevillana, medio madrileña por parte de madre.

SIN RASTRO DE LOS BONAPLATA EN EL REAL

En el Real todo está listo para quienes disfrutarán en la caseta Hijos de Ybarra, de la que son socios Cristina y otros tantos descendientes del fundador de la feria. Sin embargo, no hay rastro de los Bonaplata. Y es que hace mucho que los herederos del catalán no pisan el albero

“Debí ser más ferianta, por los antepasados que tengo”, confiesa Almudena Bonaplata entre risas. Pero hace tiempo que la familia no tiene caseta propia. “A bailar sevillanas aprendo el primer día y se me olvida el día de los fuegos”, admite esta trianera con acento madrileño y licenciada en Administración Internacional de Empresas en la Universidad de Lincoln (Reino Unido). 

Pese a su escasa simpatía por la feria que ideó su antepasado, está orgullosa de su apellido, tanto que se invirtió el orden para que no se perdiera en la familia. “Somos menos de 25 Bonaplata en España y, ya sea en Sevilla por lo de la feria o por el resto de hitos, me da mucha pena que se pierda”, sostiene Almudena, que no pisará el amarillo albero este año, en la edición más larga de la Feria de Abril por decisión popular.

El año pasado, el Ayuntamiento convocó a los sevillanos para decidir si la feria debía celebrarse de sábado a sábado, y no de lunes a domingo como se venía haciendo. Y así lo quisieron los 25.133 votantes, un 61,8 por ciento, que votaron que sí. 

María Luisa Rubio, presidenta de la Asociación Mujeres de los Remedios, ejerciendo en 2016 su derecho al voto durante la consulta sobre adelantar el comienzo de la Feria de Abril.

María Luisa Rubio, presidenta de la Asociación Mujeres de los Remedios, ejerciendo en 2016 su derecho al voto durante la consulta sobre adelantar el comienzo de la Feria de Abril. Fernando Ruso

Adelantando el Alumbrao, la feria ha ganado un día más. Para, como argumentaban los defensores del sí, adaptarse a una realidad que se venía imponiendo desde hace años atrás y evitar que el público tomara las calles del Real antes de que se encendieran oficialmente las bombillas. 

Siete días de fiesta esperan los sevillanos, uno más de los seis que se instauraron en 1952; tres más de los que se hacía antes de 1913 y cuatro más que los que idearon en 1847 José María Ybarra y Narciso Bonaplata, un vasco y un catalán: los fundadores de la Feria de Abril.