La haltera leonesa Lydia Valentín, medalla de bronce en los pasados JJOO de Río.

La haltera leonesa Lydia Valentín, medalla de bronce en los pasados JJOO de Río.

Entrevistas EN PRIMERA PERSONA

Lydia Valentín: "¿Un hombre propasarse conmigo? Hostias, eso no es viable"

"No existen deportes macho ni deportes hembra" / "Que las niñas hagan menos deporte que los niños puede ser nefasto para su desarrollo" / "Soy más coqueta y presumida no ya que otras deportistas, sino que casi todas mis amigas".

Anna Grau

Lydia o Lidia Valentín (Ponferrada, León, 1985), según se quiera atender más a su carisma o a su pila bautismal, es lo que podríamos llamar un bellezón de peso. Tan berciana y recia como rubia y coqueta, compite en halterofilia, que ahí es ná para una mujer en estos lares por mucho hierro que le quiera quitar ella al asunto. Hierro que no oro, ni plata, ni bronce. Atesoró este último metal en los Juegos Olímpicos de Río de este año y en el Mundial de 2013. En Pekín 2008 y en Londres 2012 pareció que se iba de vacío pero el súbito descubrimiento de que las mejor clasificadas que ella eran todas unas tramposas dopadas hasta la médula la encaramó a lo más alto del podio de la fuerza y del honor. El de una chica que sólo entiende el deporte y la vida entera ganando, pero en buena lid.

¿Otra vez? Me temo que esa frase que dije en no sé qué entrevista, ya no sé ni con quién, me va a perseguir hasta el fin de mis días, o de mi vida deportiva al menos. Sí, la famosa frase de que cuando lo deje, cuando deje de competir, quiero volver a verme más fina, más flaquita. Déjeme decirle que esa frase se ha sacado mucho, pero mucho, de contexto. Y en absoluto significa que yo ahora me vea mal. Mal andaríamos si no me gustara mi cuerpo dada la intensidad con que lo uso y lo vivo. Yo siempre he sido una chica atlética, una chica fuerte, con estructura de deportista. Querer verme más flaquita puede querer decir que me pueda permitir relajarme, bajar un poco la guardia, no aspirar a sacar y mostrar la fuerza a tope. No significa querer cambiar, querer ser diferente o querer ser otra. Para nada. Todo son fases.

De todos modos, la entiendo, señorita Grau, entiendo ese morbo suyo por el tema, más cuando usted misma me confiesa que en su época (¿de qué época estaremos hablando?) las niñas y las chicas a duras penas pasaban de jugar al tenis, y eso las que se planteaban practicar deporte un poco en serio, que no eran ni mucho menos ni necesariamente todas. Pues ya ve, los tiempos y las cosas cambian. En mi opinión no existen deportes macho ni deportes hembra, se ven licencias femeninas en deportes aparentemente considerados muy masculinos, que la gente tiende a ver como más decantados de género. Lo cual no deja de ser un prejuicio, ¿estamos de acuerdo?

Lo de que me gustaría verme más flaquita cuando deje la competición se ha sacado de contexto: soy y me gusta ser una chica atlética, una chica fuerte

¿Ve cómo también estamos de acuerdo en que el déficit de formación deportiva de las niñas durante generaciones ha podido ser nefasto para su desarrollo? Me cuenta usted, señorita Grau, que estudió toda la primaria en colegios de monjas donde a duras penas les daban una o dos clases a la semana de gimnasia, de gimnasia bastante anémica, además, a juzgar por lo que usted misma dice. Parece ser que no hace tanto, una niña tenía que estar verdaderamente chiflada, verdaderamente obsesionada por el deporte para que se le dieran facilidades para practicarlo.

Hasta me explica usted la alucinante historia de una compañera de su clase que destacaba en atletismo, era una corredora muy rápida, entonces alguna vez ocurrió que un sábado o domingo competía y si por lo que sea el lunes se encontraba mal y faltaba al colegio, las profesoras llamaban a los padres y les montaban un pollo, les acusaban de poner en peligro el rendimiento académico de su hija por “una tontería como correr”. Con lo importante que es intentar conciliar seriamente una cosa con la otra, Dios mío. Requiere disciplina de la persona y comprensión de su entorno, claro, sobre todo si es el entorno de un niño.

Pues qué quiere que le diga yo, qué quiere que piense yo de todo esto. Yo siempre digo que yo no hago deporte, que el deporte me ha hecho a mí. Para mí es fundamental no sólo por la práctica deportiva en sí misma, no sólo por la experiencia física incomparable que para mí supone, sino por todo lo que el deporte obliga a desarrollar en paralelo. Todos los valores del aprendizaje duro, de la disciplina, de tener unos objetivos y cumplirlos, de mantener unos niveles de exigencia y no dejar nunca que decaigan. Yo soy muy, muy partidaria de fomentar el deporte base, sea con miras a picar más alto en la competición o no; y, por supuesto, sin hacer ninguna distinción entre chicos y chicas. Sin orientar a unos a una cosa y a otras a la otra, dando verdadera libertad de elegir.

No existen deportes macho ni deportes hembra

Yo personalmente elegí la halterofilia por casualidad. Al principio practicaba atletismo y baloncesto. Con 11 años destaqué lo suficiente como para que el entrenador de halterofilia se fijara en mí. Es verdad que los entrenadores de casi todo me querían, todos decían que tenía aptitud y actitud, que ya se sabe que la una sin la otra... Pero al fin se llevó el gato al agua el entrenador de halterofilia, dijo, la quiero para mí, y lo consiguió.

¿Que cuáles son las cualidades que me dotan especialmente para la halterofilia? En primer lugar, he tenido la suerte de contar con una genética muy potente. Muchísima coordinacion, flexibilidad, elasticidad, articular y de todo. No es todo fuerza y ya está en este deporte. Para hacer los gestos que hacemos cargando con tanto peso hace falta muchísima movilidad. La fuerza en bruto, no coordinada, no te sirve de nada. Yo era una bomba en ese sentido, al parecer, así me veían los entrenadores, y por eso me reclamaron.

Que las niñas hagan menos deporte que los niños puede ser nefasto para su desarrollo

Me pregunta usted si a mí no me impresionó tirar precisamente por este camino, hacer precisamente esto. Pues no, mire. Me acerqué a verlo, a ver cómo era, y no me asusté. Era una actividad extraescolar más que se practicaba en un centro de tecnificación de mi pueblo, en el Bierzo.

¿Pero de verdad usted y otras personas lo ven tan raro, tan poco normal? Bueno, yo entiendo que hasta cierto punto llame un poco la atención. Pero fíjese en que en el centro de alto rendimiento en que yo estoy somos 15, y hay más chicas que chicos. Las apariencias y sobre todo los prejuicios, insisto, engañan.

¿Que qué tal con los chicos, que cómo nos aceptan y cómo se lo toman? Pues de ninguna manera en particular. Aquí no hay consideraciones de género ni de sexo. Todos entrenamos igual y el único matiz son las categorías de peso, por razones obvias. Lo que puede hacer un chico lo puede hacer igual una chica, simplemente ajustando el peso.

Ah, pero resulta que usted no me preguntaba tanto eso como si la práctica de la halterofilia condiciona mis relaciones con los chicos a otro nivel más... personal. Pues vaya. No sabría decirle, yo nunca he sido consciente de que esto suponga ningún tipo de condicionamiento. Bien es verdad que casi todos los chicos con los que yo me relaciono son también deportistas, todos me han conocido siempre así y todos lo ven normal. Y si no son deportistas son médicos o enfermeros, en fin, gente familiarizada con esta dimensión física. Sí debo decir que una cosa divertida que me pasa es que cuando salgo por ahí de marcha, si la gente me identifica y me reconoce, pues a veces flipan, a veces me dicen ¡ay, pero de verdad eres tú!, pues parece ser que se esperaban o que se imaginaban cualquier otra cosa, como que yo iba a ir por ahí marcando músculos y ceño, cuando yo voy por el mundo de lo más normal.

No me imagino con un hombre que no sea deportista o no esté vinculado al deporte. ¿Piques con un novio por dedicarnos los dos a lo mismo? Le habrá pasado eso a usted, a mí no...

Respondiendo a su siguiente pregunta, no me importa reconocer que para mí la belleza, la estética, es un asunto importante y que me gusta cuidarme mucho. Me gusta sentirme bien dentro de mi piel, soy una chica joven que sigue las tendencias. A lo mejor en una persona que practica justo este deporte puede chocar un poco más, pero mire a su alrededor y fíjese en que no soy ni mucho menos la única. Si a otras deportistas no les gusta cuidarse y arreglarse pues es su problema. Yo no oculto que soy más coqueta y más presumida, no ya que otras deportistas, sino que casi todas mis amigas. Éramos en casa tres hermanas, a cual más fashionistas, muy pendientes siempre de la ropa, del maquillaje y demás.

Me pregunta usted cómo reacciono yo si un hombre se propasa conmigo, si trata de ponerme la mano encima sin mi consentimiento. Hostias, yo es que doy por hecho que eso no va a ocurrir, que no es viable... Quizá sea verdad que una mujer deportista impone más por su físico más desarrollado, pero eso da igual. Yo parto de la base de que eso no debería ocurrirle nunca a nadie, deportista o no.

Soy más coqueta y presumida no ya que otras deportistas, sino que casi todas mis amigas

Definitivamente yo no tolero ningún tipo de coacción ni de juego sucio. De ningún tipo. Me pregunta usted por las medallas olímpicas que conseguí tardíamente, cuando se destapó que las mejor clasificadas que yo habían hecho trampa, se habían dopado, es decir, que la verdadera campeona era yo. Desde luego estas cosas a mí nunca me han entrado en la cabeza, vamos, es que creo que son incompatibles con los valores y con la esencia misma de todo lo que significa el deporte. Me da pena que eso haya podido ocurrir, pero al fin estoy feliz porque me hayan acabado reconociendo mis méritos, por poder estar en lo más alto.

Pero me dice usted que le parece un poco ingenuo pretender vivir totalmente de espaldas al fenómeno del dopaje en la alta competición. Me pregunta con evidente escepticismo si es posible que nunca nadie me haya por lo menos sugerido que me dope, yo o alguien a quien yo conozca... Pues mire, yo no sé nada de eso ni quiero saber. Si le interesa el tema pregunte a los que dan positivo en los controles. Váyase a Rusia o a Kazajstán. España desde luego no es el país donde se han dado más casos.

Pero insisto, yo es que ni sé ni quiero saber, a mí me han inculcado otra visión, me han enseñado a hacer las cosas de otra manera... ¿Que si en halterofilia hay menos tentaciones que en otros deportes? No lo sé. ¿Que si se pueden establecer paralelismos entre esto y la corrupción política? Pues tampoco lo sé. Desde el momento en que todos integramos una sociedad, supongo que al final todo lo que hacen unos repercute en otros. Pero de verdad que este tema no me interesa, no va conmigo.

No sé ni quiero saber nada de ningún tipo de juego sucio, sea dopaje, sea corrupción política. Todo eso no va con el deporte ni conmigo

Se aviene usted por fin a pasar página y me pregunta cómo es un día normal en mi vida. Bueno, pues depende del momento, en plena temporada todo gira en torno a la competición, en cualquier caso le dedico siempre muchas horas. A las 9.30 estoy en el gimnasio, entreno durante tres horas, una sesión de fisio, comer, una siesta de hora, hora y cuarto, a las 17.00 empieza otro superentrenamiento que dura hasta las 20.00, a las 20.30 me voy al spa a recuperar, luego dedico un tiempo al estudio y a la vida social y a las 23.30 ya estoy en la cama. Y así todos los días menos los sábados por la tarde y los domingos que no entreno.

Cuando puedes descansar, descansas... Algún fin de semana me encanta escaparme a Ponferrada, estar en familia, ir al cine o ver pelis en casa, charlar en una cafetería con una amiga, todo tranquilo y que no canse. En cine y en series, todo me vale. Me chupo la cartelera entera menos las películas de terror. Esas no, no, que me cago toda.

¿Cómo me imagino el futuro? A largo plazo quiero culminar con los Juegos Olímpicos y con los Mundiales. Después de Tokio se abre una etapa muy larga. Yo me he formado muchísimo para emprender una vida laboral. Quiero montar mi propio negocio, un gimnasio que lleve mi nombre y donde ofrecer entrenamientos personalizados. Deseo enseñar todo lo que he aprendido, no quedármelo sólo para mí. Pero haga lo que haga siempre girará alrededor del deporte. Por ejemplo, mi propia línea de ropa deportiva, el año que viene ya la sacaré...

Con el tiempo abriré mi propio gimnasio, ofreciendo entrenamiento personalizado: quiero enseñar todo lo que he aprendido, no guardármelo para mí

¿Y más allá del deporte, hay vida?, me pregunta usted, noto que con cierto retintín. Pues claro que sí, mujer. Yo tengo amigas de toda la vida en Ponferrada, tengo dos hermanas... Allí yo soy Lydia, no la campeona sino la persona, eso está muy bien. Igual el primer día hablamos de la última medalla que he ganado pero enseguida pasamos a otra cosa, allí puedo relajarme y desconectarme.

La noto decepcionada porque le hable tanto de mi familia y de mis amigas y tan poco de chicos. Qué se le va a hacer. Me pregunta usted si me imagino ennoviada con un chico que no tenga nada que ver, pero nada, con el deporte, y ya le he dicho antes que lo veo complicado, que quizá por eso yo he estado siempre con deportistas. ¿Sin miedo a la competencia mutua, al pique? ¿Eso es lo que le ha pasado a usted? Pues a mí no, fíjese, yo creo que haciendo lo mismo es como mejor te compenetras y mejor empatizas, otro deportista entiende la dinámica, la concentración, la dedicación. Sin ser de este mundillo es mucho entender, es más complicado.

Acabamos, me promete usted (¡al fin!) haciendo inventario de manías, si es que las tengo. Pues sí, tengo muchas, casi todas relacionadas con cosas que creo que me dan energía. Me gusta repetir la misma ropa con la que he ganado una competición. Tengo sobre todo mis piedras de energía, sobre todo una que me regalaron que está cargada, cargada, no la puede tocar nadie más que yo, es blanca, transparente... ¿Un cuarzo, dice? No, no es un cuarzo para nada, es otra cosa, es la piedra de Lydia. Yo, en definitiva, me apunto a todo lo que son energías y vibraciones, que igual no sirven para nada, pero a mí me funcionan. Llevo la cartera llena, menos de monedas, de todo. De cruces, por ejemplo. 

Lydia Valentín en Río 2016.

Lydia Valentín en Río 2016. Getty Images