AC proyecta según algunas encuestas 30 escaños en las próximas elecciones autonómicas.

AC proyecta según algunas encuestas 30 escaños en las próximas elecciones autonómicas. Diseño: Arte / EE

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Viaje al fenómeno de Aliança Catalana, el partido que se jacta de forzar elecciones: Orriols no se presenta por "odio" a España

Su espectacular proyección en los sondeos contrasta con un proyecto endeble, la ausencia de estrategia y el "hiperpersonalismo" de su líder.

Detrás de las intervenciones virales en TikTok, la realidad es la de un partido sin apoyos de peso, desairado por las élites catalanas y abocado al aislamiento.

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En enero de 2026, el prestigioso abogado Emilio Cuatrecasas, fundador del despacho homónimo, invitó a su club de golf en el Empordà a un personaje inusual para el establishment catalán: la alcaldesa de una capital comarcal.

Poco tiempo después, se produjo una reunión similar en el icónico restaurante Els Quatre Gats de Barcelona.

La expectación ante ambos encuentros estaba justificada: Sílvia Orriols, alcaldesa de Ripoll y líder de Aliança Catalana (AC), era –y es– la política de la que todo el mundo habla.

La cita estaba diseñada para ser su gran rito de paso institucional. Era la oportunidad dorada de AC para demostrar que, detrás de los discursos incendiarios, latía un proyecto homologable capaz de gestionar los intereses económicos y políticos de una Cataluña atravesada por múltiples crisis.

Orriols acudió a la llamada de las élites con promesas de manual conservador: rebajar la presión fiscal y fulminar el impuesto de sucesiones.

Sin embargo, tras finalizar los encuentros, las sensaciones de los asistentes distaron de la expectación inicial. "Quedaron bastante sorprendidos por la falta de profundidad", revelan fuentes del empresariado catalán consultadas para este reportaje.

Los prohombres de la burguesía esperaban encontrar a una lideresa dispuesta a restaurar el orden, pero lo que hallaron fue una notable carencia organizativa.

Ni borradores fiscales, ni modelo de gobernabilidad, ni un equipo técnico solvente. "No había ninguna propuesta económica real", añaden las mismas fuentes, precisando que los propios empresarios calificaron internamente el discurso de "nivel de bar de pueblo".

Sílvia Orriols en el último debate en el Parlament.

Sílvia Orriols en el último debate en el Parlament. EFE

Si en los foros económicos se afea a Orriols su falta de modelo autonómico, el balance de su gestión en el Ayuntamiento de Ripoll tampoco ofrece el perfil de una gran gestora.

Más allá de la retórica y de prometer rebajas fiscales, su mandato se ha caracterizado por los golpes de efecto simbólicos: vetó el uso del burkini en la piscina municipal, censuró el cartel de una exposición estudiantil porque aparecía una joven con velo y se jactó públicamente de endurecer y dilatar el empadronamiento de inmigrantes rozando el incumplimiento de la legislación.

En lo puramente económico la alcaldesa logró en abril de este mismo año salvar 'in extremis' los presupuestos municipales de la localidad (14 millones de euros) y evitar la parálisis gracias, paradójicamente, a su propio voto de calidad tras forzar un empate posibilitado por la inesperada abstención del PSC.

Oportunismo y encuestas

Al contrario de lo que pudiera parecer, Orriols no tiene a ningún grupo empresarial detrás. "No es que estén los de Bonpreu detrás, no", confirman las fuentes empresariales. Tampoco cuenta con el apoyo explícito o velado de potencias extranjeras con el objetivo de convertirla en su activo político.

Y esto, a pesar de que figuras del trumpismo como el congresista republicano Carlos A. Gimenez se deshacen en elogios hacia la diputada cada vez que se viraliza alguna de sus intervenciones, o a pesar de que defiende a ultranza a Israel desde la tribuna del Parlament.

Pese a su orfandad de apoyos económicos y a contar con sólo dos diputados en la cámara autonómica, Orriols ha construido un relato en el que se ha autoerigido como la titiritera que mueve los hilos de la política nacional.

En un tuit reciente, aseguraba ser el catalizador de la próxima convocatoria electoral del 29 de noviembre: "He hecho caer el gobierno español sin salir de Cataluña", afirmaba.

Para ella —y así lo sostienen también algunos analistas—, si Junts votó en contra de los decretos de Vivienda del Gobierno en el Congreso, no fue por convicción ideológica, sino por temor a que AC les siga comiendo la tostada por el flanco derecho y nacionalista.

Los datos demoscópicos parecen darle la razón. Un reciente sondeo de Ipsos para La Vanguardia (octubre de 2026) sitúa a AC en un empate técnico en cabeza con el PSC, proyectando hasta 30 escaños frente a los dos actuales, con una victoria apabullante en las demarcaciones de Girona y Lleida.

El electorado, según el estudio, sitúa la vivienda (32%) y la inmigración (20%) como los problemas más acuciantes, marginando el debate independentista.

Silvia Orriols con la vara de alcaldesa de Ripoll.

Silvia Orriols con la vara de alcaldesa de Ripoll. EFE

"Orriols surfea sobre esta ola de descontento social alimentado por el deterioro de los servicios públicos, el caos en Rodalies y la crisis educativa tras los informes PISA", asegura Pablo Planas, exdelegado de Abc en Cataluña y analista político.

Aplausos en Madrid

Este fenómeno demoscópico ha generado un efecto colateral insólito: la fascinación de un amplio sector de la derecha en Madrid.

Desde los micrófonos de la capital, figuras como Federico Jiménez Losantos no escatiman en elogios hacia la figura de Orriols.

El locutor ha llegado a calificar sus discursos como "verdaderamente impecables", asegurando que la líder separatista catalana "tiene más nivel que el 90 % de los diputados".

No es el único. Perfiles mediáticos vinculados al PP, gente del ecosistema de Vox, el ya mencionado congresista republicano Carlos A. Gimenez y sectores que orbitan alrededor del Instituto Juan de Mariana, observan con devoción a Orriols, aplaudiendo, por ejemplo, su desacomplejada defensa del Estado de Israel y su discurso contra el Islam.

"Quienes la alaban desde Madrid lo hacen pasando por alto —o subestimando deliberadamente— su independentismo identitario radical", dice Planas.

Por su parte fuentes cercanas al partido, coinciden en el diagnóstico: "En Madrid no la ven como una amenaza en términos de restitución del Estado catalán, sino como alguien profundamente islamófobo. Ahí está el punto de unión con el nacionalismo español".

Sin embargo, la esencia de Orriols arraiga en un nacionalismo excluyente, un factor que convierte estos aplausos en un espejismo de incomprensión mutua.

El trauma de Ripoll

Para comprender la verdadera naturaleza del fenómeno Aliança, es imprescindible viajar a sus raíces. Planas recuerda que los orígenes de Orriols no brotan del liberalismo conservador, sino de las juventudes de Esquerra Republicana (JERC) y, posteriormente, del Front Nacional de Catalunya (FNC).

Esta matriz ideológica hereda el discurso hiperidentitario del Estat Català de los años 30. En palabras de Planas, en los orígenes de AC "hay una inoculación brutal del supremacismo, del identitarismo y del racismo, basado en un guerracivilismo entre españoles y catalanes".

Lo que terminó por catapultarla fue la localización en Ripoll, en agosto de 2017, de la célula yihadista que perpetró el atentado terrorista de La Rambla.

Aquello "hizo saltar por los aires" la premisa pujolista de que "es catalán quien vive y trabaja en Cataluña", analiza Planas.

Orriols capitalizó el descontento de una población que vio cómo jóvenes plenamente escolarizados y bilingües en catalán se radicalizaban. En 2023, tras "patear el terreno" e "ir a todos los bares", logró la alcaldía.

Cargas policiales en la Diada de Cataluña cuando la izquierda independentista quiso boicotear un acto de AC.

Cargas policiales en la Diada de Cataluña cuando la izquierda independentista quiso boicotear un acto de AC. EFE

A partir de ahí, su discurso mutó. Del separatismo identitario fundacional que aseguraba que Cataluña estaba "ocupada por los castellanos", pasó a centrar su argumentario en la inmigración y la inseguridad ciudadana.

"Ya no hablan de la DUI, ni de la independencia, ni de la República Catalana; consideran, con razón, que los partidos tradicionales les han engañado", prosigue el periodista.

Este viraje táctico es el que ha atraído a votantes constitucionalistas desencantados, aquellos que repiten el mantra de preferir "una Cataluña independiente de España antes que una Cataluña musulmana", en palabras de Planas.

Caos ideológico

Bajo la fachada de los datos demoscópicos y los discursos virales en TikTok, la arquitectura de AC es un solar. "No tiene programa en ámbitos clave, de momento", dicen fuentes internas críticas, coincidiendo con el diagnóstico del mundo empresarial catalanas.

Cualquier intento de dotar a la formación de un ideario sólido colisiona con su amalgama interna. "La militancia viene de partidos que no son de derechas. Hay temas en los que el partido no se ha podido mojar", subrayan las mismas fuentes.

Por otro lado, la cúpula directiva carece de poder real. Según coinciden los analistas y las fuentes cercanas a la dirección, el ideólogo formal del partido es Jordi Aragonès, primo del expresident republicano Pere Aragonès.

Quienes conocen las dinámicas internas apuntan que el ideólogo de AC "sabe sumar y restar, pero carece de la talla de un Miguel Ángel Rodríguez".

En la no-estructura de AC le acompañan perfiles que internamente despiertan poco entusiasmo: Lluís Areny, encargado de comunicación; o Franc Massaneda, responsable del área internacional cuyo gran éxito fue "cruzarse con un eurodiputado de AfD para hacerse una foto", según las fuentes próximas a la cúpula.

Otros perfiles relevantes en el partido son Oriol Gès, secretario de Organización y Finanzas, o Aurora Fornos, responsable de relaciones institucionales en Tarragona, y señalada internamente como una de las pocas dirigentes "con solvencia técnica", pero sin influencia real en el partido.

"El único dogma irrefutable es la voluntad de Sílvia Orriols. Lo que diga la Sílvia es como el Tribunal Constitucional. No hay recurso de absolutamente nada", confiesan las fuentes.

Quien verdaderamente ejerce de fontanero del poder en el seno de AC, según detallan estas fuentes, es Jordi Coma, un abogado con más de dos décadas de militancia en ERC, asesor en el Parlament, y chófer personal de la diputada en sus trayectos semanales de Ripoll a Barcelona. "Tiene mucho rato para charlar con ella, lo que minimiza la influencia de los órganos de gobierno", añaden.

"Putaespanyisme"

Esta falta de madurez estructural –el partido cuenta con menos de 3.000 afiliados– arroja decisiones que parte de las bases no comprenden, como la reciente negativa de Orriols a presentar listas a las elecciones generales.

"Aunque se vendió la decisión como un ejercicio de purismo para no cobrar subvenciones de Madrid, la verdad es que Sílvia Orriols no quiere ir por un tema personal de odio en contra del Estado español", dicen las fuentes internas críticas, que enmarcan a la líder dentro del sector "putaespanyista" de la formación.

La decisión obedece, además, a una carencia de visión estratégica. "El partido está recibiendo subvenciones en el Parlament catalán", recuerdan las fuentes.

"Desde una perspectiva táctica, al renunciar a presentarse al Senado —un cargo perfectamente compatible con el escaño autonómico—, Aliança ha regalado a sus adversarios una influencia territorial enorme en provincias como Lleida y Tarragona", prosiguen.

El boicot interno de Orriols llegó al extremo de aplicar un "chantaje emocional", amenazando con dimitir y volver a trabajar de administrativa si la forzaban a cruzar la frontera administrativa hacia Madrid, relatan las fuentes.

De izquierda a derecha, Jordi Aragonès, Jordi Coma, Sílvia Orriols y Oriol Gès.

De izquierda a derecha, Jordi Aragonès, Jordi Coma, Sílvia Orriols y Oriol Gès. Instagram

Aislamiento

Planas equipara el momentum actual de AC con aquella fase dulce de los inicios de Vox, cuando la formación de Santiago Abascal crecía impulsada por las conversaciones de bar y el hartazgo generalizado.

Sin embargo, a diferencia de Vox, el fenómeno de Orriols se enfrenta a un muro insalvable: su invalidez institucional si algún día llegan a cumplirse los pronósticos de las encuestas.

"Por muchos diputados que proyecten, Orriols está condenada al ostracismo. Ella no querría pactar con PP o Vox, ni con Junts o Esquerra; y los demás tampoco querrían pactar con ella", dice Planas. "Le pasaría lo mismo que a Inés Arrimadas en su momento, que no le daban los números ni por un lado ni por otro".

Si hoy Orriols disfruta de un púlpito privilegiado en el hemiciclo catalán, no es gracias a una maniobra de sus estrategas, sino a un error de la izquierda anticapitalista.

Las fuentes internas recuerdan que AC goza de grupo propio en el Parlament por una "incompetencia" de la CUP, cuyos diputados se negaron a compartir Grupo Mixto con los de Ripoll.

Al forzar carambolas reglamentarias, terminaron regalando a Orriols un grupo propio, lo que se ha traducido en mayores subvenciones, más asesores y muchísimo más tiempo de intervención.

A este error se suma el cálculo frío de los socialistas. Las fuentes empresariales catalanas señalan que "la hiperventilación mediática de AC responde a una estrategia del PSC de agitar el fantasma de la extrema derecha" para dinamitar el voto de Junts en el interior de Cataluña.

Según coinciden los analistas, AC no es el resultado de un proyecto político meditado, sino la erupción de un descontento enquistado.

Orriols ha sabido leer el cansancio de una sociedad asfixiada, pero su partido es un cascarón vacío sostenido en el hiperpersonalismo, gobernado desde el asiento de un coche y huérfano de un programa sólido.

Quienes en Madrid y Miami la aplauden, ignoran su identitarismo. Quienes en Cataluña la votan como alternativa a Junts, están abocados a correr el riesgo de quedarse sin trascendencia institucional.

El fenómeno de AC se desvela no como una revolución en ciernes, sino como una gigantesca burbuja que carece de la madurez necesaria —de momento— para conquistar el poder real.