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Las mafias se adueñan de las playas de Ceuta: 'alquilan' a los migrantes tiendas, venden droga y artículos robados

Una noche en una de las tiendas de campaña ofertadas por la mafia en la playa del Trampolín puede costar hasta 25 euros.

Los migrantes realizaron un mercadillo, en el que se pueden encontrar todo tipo de objetos: desde zapatillas nuevas hasta porros y cocaína.

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En la playa del Trampolín hay un camino de comercios de al menos un kilómetro de largo. No hay toldos que protejan a los vendedores del sol ni una vitrina para exhibir sus productos. Estos están al aire libre, ya sean quesos, embutidos, pollo, los trajes de neopreno con los que cruzaron o las estaciones para cargar el móvil.

Los comerciantes son los mismos migrantes que llegaron hace 51 días a Ceuta y se niegan a abandonar esta zona. "Todos somos iguales. Hay algunos que vienen a hacer daño, pero no somos todos. La humanidad no debería tener fronteras", asegura uno de ellos.

Su 'tienda' vende artículos que ha encontrado en los basureros de la ciudad. Hay una olla usada, cadenas, un reloj y ropa deteriorada por el paso del tiempo.

"Esto es lo que hemos hecho para sobrevivir. Montamos un mercadillo para nosotros mismos. Cada uno busca durante el día lo que va a vender y vuelve para ponerlo en cualquier espacio que haya libre", agrega.

Así luce la tienda del comerciante en la playa del Trampolín.

Así luce la tienda del comerciante en la playa del Trampolín. Gustavo Molina

A unos pasos de él hay una alfombra sobre la arena en la que se exhiben zapatillas de todo tipo: hay unas que están rotas, algunas son para un pie y otras están nuevas.

"Adidas, a 10 euros", dice el comerciante mientras se agacha para recoger el calzado. El interesado lo revisa, incluso lo huele como si quisiera comprobar su uso, y saca de su bolsillo un billete de 5 euros para soltarle al vendedor que esa es la cantidad que está dispuesto a pagar.

El comerciante acepta sin pronunciar una palabra ni mirarle a los ojos. Los negocios, ahora, funcionan así en la playa del Trampolín. Hay más de 70 espacios en los que, prácticamente, a cada segundo se cierra una nueva venta.

El mercadillo de zapatillas de uno de los comerciantes.

El mercadillo de zapatillas de uno de los comerciantes. Gustavo Molina Ceuta

Y es que durante los 51 días desde que entraron más de 80.000 inmigrantes en Ceuta, uno de los lugares más afectados ha sido la playa del Trampolín. Actualmente, en este lugar, puede haber al menos 3.000 personas en las chabolas.

Hay tiendas de campaña de plástico, que han sido compradas o rescatadas de algún basurero. En esas, que son pequeñas, pueden caber hasta dos personas, mientras que hay otras construcciones con madera y hojas que han encontrado, en las que viven como máximo cuatro personas.

Los aseos no existen. Quienes quieren, buscan alguno en la ciudad, pero otros hacen sus necesidades en el mar. Algunos recurren a los contenedores de basura, que destilan un olor profundo a orina. También hay excrementos enterrados bajo la arena.

Sin embargo, no todos los que viven en esta zona padecen dificultades económicas. Hay algunos casos en los que, por la falta de vivienda, lo único que les queda es dormir en una calle o acampar en la playa.

La playa del Trampolín acoge a más de 2.000 inmigrantes que se instalaron en chabolas.

La playa del Trampolín acoge a más de 2.000 inmigrantes que se instalaron en chabolas. Gustavo Molina

"No todos los que están aquí son pobres. Al contrario, hay algunos con móviles de alta gama y que tienen dinero, pero están a la espera de poder ir a la Península", asegura un policía que custodia la entrega de alimentos por parte de la Cruz Roja a los inmigrantes.

Mafias

El corredor de la playa se asemeja a una ciudad sin ley. El único espacio libre que han dejado sin chabolas es donde la Policía suele aparcar sus furgonetas cada tarde para organizarlos y darles de comer.

En ocasiones esos productos son revendidos en la misma playa a quienes no llegaron a tiempo.

Otro comercio con diferentes tipos de calzado.

Otro comercio con diferentes tipos de calzado. Gustavo Molina

Pero no se comercia únicamente con comida, ropa, cortes de pelo o cosméticos: también hay una mafia que estaría 'alquilando' carpas para quienes no tienen dónde pasar la noche.

No hay letreros ni anuncios. Pero algunos de los comerciantes se encargan de "promocionarlas".

"Una noche puede costar 25 euros. Si en la noche no hay clientes, se rebaja el precio hasta los 15 o 10 euros", comenta uno de los inmigrantes.

La situación es confirmada por Javier Otero, portavoz de Jupol. "Allí hay venta de cosas de todo tipo. Desde alimentos hasta alojamiento en las tiendas de campaña. Y también han tenido problemas entre ellos que han derivado en agresiones físicas por ese motivo".

Muchos de estos comercios también venden tabaco y licor. Un cigarrillo puede llegar a costar hasta 1,50 euros y una cerveza sale a 2 euros.

A su vez, un vecino del Trampolín comenta que es una situación que se está volviendo insostenible, dado que no solo tienen que lidiar con los invasores, sino que su ciudad ya no es segura.

Uno de los sitios que vende tabaco en la playa del Trampolín.

Uno de los sitios que vende tabaco en la playa del Trampolín. Gustavo Molina

"Ahora también vemos que hay fiestas. Van drogados, borrachos y terminan peleando entre ellos. Esta semana uno salió con el rostro totalmente roto y lo trasladaron al hospital. No nos merecemos esto los ceutíes", expresa.

Venta de droga

La misma mafia que controla algunas de las tiendas de campaña también se encarga de distribuir droga.

Lo hace con comerciantes específicos. Algunos de los que venden tabaco también tienen una mezcla extraña de hachís.

"Un porro cuesta 5 euros", asegura el comerciante a uno de los compradores.

No es el único comerciante que vende hachís. Tampoco les preocupa que los agentes de la Policía lleguen de vez en cuando, ya que, dicen, no van a revisar uno por uno los comercios.

"Allí dentro no venden únicamente porros. Nosotros conocemos que hay venta de una cocaína mezclada con polvo de ladrillo, pero es que por operativo nos mandan a 15 personas. Aquí hay más de dos mil. ¿Qué vamos a hacer contra todos ellos?", asegura uno de los agentes sobre el terreno.

La cocaína es más escasa y tiene una pureza reducida. El precio varía mucho según la disponibilidad del producto, pero uno de los vendedores asegura que el gramo puede llegar a costar más de 100 euros.

"Hay muchas cosas detrás que desconocemos, pero quienes están aquí es porque quieren. La gente piensa que muchos de ellos no tienen nada, pero la verdad es diferente. Algunos vienen a drogarse y son los que después hacen robos en la ciudad porque son adictos", concluye el agente.