Efectivos del Regimiento de Tierra de la UME organizando un dispositivo de evacuación.

Efectivos del Regimiento de Tierra de la UME organizando un dispositivo de evacuación. E.E.

Reportajes

La UME, un pulmón en el corazón del fuego: así desalojan los pueblos en mitad de la "tormenta perfecta"

EL ESPAÑOL recorre junto con la Unidad Terrestre de la UME los pueblos del epicentro del incendio mientras son desalojados.

Más información: El Gobierno ya ha desplegado 3.501 efectivos para luchar contra los incendios de Ávila, Madrid y Toledo

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Cada pocos minutos va saltando una alerta de que un nuevo pueblo debe ser evacuado. Así ocurre con casi todos los pueblos de la sierra oeste afectados por el devastador incendio forestal.

La UME -Unidad Militar de Emergencias- no tarda ni un segundo en organizar su dispositivo y EL ESPAÑOL empieza su recorrido junto a cuatro autobuses con un único propósito: salvar la vida y proteger a las personas que necesitan ser desalojadas de sus casas.

La primera parada es Escalona después de pasar controles de la Guardia Civil que cortan la carretera para impedir que haya circulación de civiles en los pueblos más próximos a la cabecera del incendio.

Uno de los pueblos desalojados durante el paso de la UME.

Uno de los pueblos desalojados durante el paso de la UME. E.E.

En mitad de una nube de humo anaranjada la UME se abre paso hasta llegar entre una densa masa forestal -todavía no afectada por el fuego- a los pueblos de la sierra.

Hace apenas unos instantes el puesto de mando de Cenicientos ha tenido que ser evacuado. Nada más entrar al pueblo, la Guardia Civil impide que entren "los civiles", porque la zona puede correr peligro en las próximas horas.

Las horas parecen no pasar en el reloj porque la atmósfera está completamente inundada por el humo. Así, con el color anaranjado la sensación es de estar en un continuo amanecer con la luna roja de fondo.

Una vez dentro de la localidad, la gente ya ha sido evacuada y parece un pueblo fantasma.

Absolutamente todo está cerrado y empañado por una gran nube de humo.

"No quiero irme por mis animales"

Apenas pasan en Cenicientos varios coches de Protección Civil y Guardia Civil para asegurarse de que nadie se quede atrapado en ningún lugar.

Pero, en mitad de la calma aparece un coche negro que conduce Cristina Herrero Jauregui.

Cristina junto con sus animales y la UME en Cenicientos.

Cristina junto con sus animales y la UME en Cenicientos. E.E:

Esta madre de tres hijos ha sacado a sus pequeños del pueblo para ponerles a salvo en Madrid, pero ella todavía no se ha atrevido a irse y "abandonar a los animales".

Herrero es amante de los animales y tiene un chalé a tan solo unos 3 kilómetros de Cenicientos donde cuida a "caballos, un pony, un burro, ovejas y colmenas de abejas". Pero junto a ella van sus tres gatos y dos perros, Arco y Orca.

Aunque conoce bien la zona, la inquietud de la escena empantanada por el humo, el silencio y la incertidumbre hacen dudar sobre si es buena idea quedarse.

"Si ves el fuego a lo lejos, a nada que veas aunque sea al otro lado de la montaña, por favor, sal de aquí", le pide encarecidamente un miembro de la UME.

Una recomendación que esta vecina de Cenicientos toma en consideración, al tiempo que se aleja con su coche y sus animales que lleva dentro.

Poco más queda en esta localidad, tan solo un hombre en moto que también se dispone a abandonar el municipio.

Así esta dotación con cuatro autobuses continúa su marcha en busca de personas que necesiten su ayuda al próximo pueblo: Sotillo de la Adrada.

Necesidad de ayuda

Al llegar la UME el panorama de Sotillo de la Adrada es desolador. Tan solo pueden verse pavesas en el suelo y un grupo de chicos que ha vuelto a la localidad a coger medicamentos.

Son Iván, Jaime y Adrián, tres amigos que están desolados al ver los atisbos de fuego que se pueden intuir al otro lado de la montaña y que dejan ver grandes columnas de humo.

Iván, Jaime y Adrián en Sotillo la Adrada, unos de los últimos en irse.

Iván, Jaime y Adrián en Sotillo la Adrada, unos de los últimos en irse. E.E.

"Es una pena", lamentan mientras caminan por las calles del pueblo esquivando las pavesas.

Les cuesta abandonar el pueblo: "Son nuestras casas, el pueblo, tenemos aquí todo, ¿Qué harías tú si te pasase como a nosotros?", preguntan de forma retórica que parece tener solo una respuesta lógica: "Aguantar y quedarte a defender tu casa".

Y, aunque bromean con quedarse "toda la noche jugando a la 'play' en alguna casa y no irse del pueblo", pronto se encuentran con Miguel Ángel Reviejo que les hace entrar en razón y les pide que "obedezcan porque si han pedido desalojar es porque hay peligro".

Así que cogen el coche y se van del pueblo para dirigirse a uno de los polideportivos habilitados para las personas evacuadas.

Al otro lado del pueblo, frente a la estación de autobuses todavía quedan personas desconsoladas que no pueden evitar el llanto al mirar al frente y ver "el incendio y las llamas tan cerca del pueblo".

Algo que aseguran "no se había visto así nunca antes en la vida".

Precisamente ahí para la UME para recoger a las personas mayores que necesiten trasladarse a Arenas de San Pedro.

Miembros de la UME ayudando a María Pascual, una vecina de Sotillo de la Adrada, a subir al autobús para llevarle a Arenas de San Pedro.

Miembros de la UME ayudando a María Pascual, una vecina de Sotillo de la Adrada, a subir al autobús para llevarle a Arenas de San Pedro. E.E.

Una de ellas es María Pascual que se agarra al brazo de un efectivo hasta subir bien al autobús, lo mismo hace otro vecino que viaja con su mascota.

"Estoy de vacaciones y ya ves qué elección", trata de bromear al tiempo que se siente relajada tras ver la actuación de la UME -a la que se agarra del brazo para no caerse- y el trato hacia ella en esta situación.

Sin embargo, para desgracia de los vecinos de Sotillo de la Adrada al caer la noche los pronósticos y la suerte han ido en su contra y el incendio ha empezado a entrar en las piscinas y a arrasar con todas las inmediaciones del pueblo.

Imágenes que difunde Reviejo quien ya había advertido por la tarde de que eran "los propios vecinos de pueblo: los ganaderos y agricultores, los que estaban subiendo desde hacía dos días al monte como podían para tratar de evitar que el fuego llegase hasta ahí".

En ese momento, se quejaba de la "falta de efectivos que ayudasen", pero una vez caída la noche y con la virulencia adoptada por el fuego la petición se ha transformado en un grito desgarrador de socorro.

Con las llamas encima

Precisamente en Sotillo de la Adrada dan una sugerencia al sargento y es que si pueden "vayan al pueblo, a Casavieja, que está muy cerca del incendio alrededor y no pueden irse".

Así a cinco kilómetros de este otro pueblo, se encuentra Casavieja a donde se accede subiendo por una carretera -un pequeño puerto de montaña- que da acceso a la localidad.

Columnas de humo por el incendio en la subida por carretera a Casavieja.

Columnas de humo por el incendio en la subida por carretera a Casavieja. E.E.

Un lugar donde los vecinos lo tienen claro: "No vamos a irnos, alguien tendrá que quedarse", sentencia la alcaldesa.

Mientras tanto los miembros que han sido evacuados por la UME permanecen a la espera en la carretera de abajo para poder salir a Arenas de San Pedro y poner a salvo a todos y cada uno de los vecinos.

Así, tras ver que no había nadie a quien desalojar, los miembros del Regimiento Terrestre continúan su camino hasta el destino final: dejar a todas las personas en el polideportivo del pueblo donde les reciben para poder descansar y atenderles hasta que puedan volver a sus casas.

Toda la noche

El teléfono del sargento no para de sonar para poder coordinarse bien con los dispositivos de todos los lugares.

Tras dejar a un grupo de personas desalojadas, no pierden tiempo y vuelven hacia otros pueblos en coordinación con Guardia Civil y Emergencias para "ir a recoger y traer a todas las personas que necesiten nuestra ayuda en cualquier sitio".

Y en ese ir y venir la UME va pasando la noche para tratar de poner a salvo a todas las personas posibles.

Pero el incendio empieza a tomar virulencia por la noche y el fuego empieza a complicarse.

Aunque la UME no deja de realizar esos viajes de pueblo en pueblo para estar con la gente además de contribuir con las labores de extinción de los incendios.

Por eso, no dudan en volver y van a recoger a 100 personas mayores de Pedro Bernardo para llevarlos a Pantoja y mantenerles a salvo.

Una labor fundamental para tratar de salvar a todas las personas y no dejar a nadie asediado por el fuego.